Un bache me obligó a despertarme, observando como el largo camino no tardaría en llegar a su fin. Al girar observé a Jake, siguiendo el coche de cerca. A mi lado estaba Adán, totalmente dormido, con una maleta interponiéndose entre nosotros. Al fijar la vista hacia delante, mi padre conectó su mirada conmigo y sonrió. - Buenos días, princesa, ¿has dormido bien? - Bastante mejor de lo que me esperaba. - Me imagino, te he metido un diazepam en el desayuno. - ¿Qué? Al pasar media hora, llegamos a nuestro destino, una casa rural alejada de todo, dentro a su vez de un barrio alejado de todo, en unas montañas alejadas de todo. Mi padre pidió que saliera y despertara a Adán, a lo que yo, con sumo cuidado le cogí el móvil y subí el volumen de la música por

