Fue cuestión de tiempo que la única voz masculina no fuera la de Adán, empatando con él la de mi padre. Al poco de él aparecer subió a buscarme, tocando la puerta con una fuerza poco discreta.
- Abre la puerta o la reviento Alexandra.
- No sería la primera vez.
Mi murmuro no llegó a sus oídos, por lo que insistió en su amenaza creyendo que no obtendría respuesta. Comenzó a dar golpes cada vez más fuertes hasta que cayó en lo sensato, desatornillando la puerta y retirándola de su marco, encontrándome sentada en el suelo, abrazada a mis piernas.
- Superó el reto señor Veigans, ¿Ya vuelve a sentirse un hombre?
- ¡Basta de vacilarme Alexandra! He tenido toda la paciencia del mundo contigo pero oficialmente me has hecho explotar. Puedes ser una mala persona conmigo, insultar y faltarme al respeto lo que tú quieras por que entiendo que como no estuve para ti no me tienes ningún aprecio, pero no te voy a permitir que la trates mal a ella, si quieres ensañarte con alguien que sea conmigo.
- ¡Claro como estás enamorado le tengo que rendir pleitesía! ¡Por mí nunca te has esforzado tanto!
- ¿Qué te crees? ¿Qué eres la única que sufre? ¿Has pensado aunque sea un segundo como me siento yo?
- ¿Cómo te sientes tú de qué?
- Eres una maldita fotocopia de tu madre, cada gesto, cada risa, la mala cara que pones cuando algo no te gusta, eres exactamente igual a ella. Hice lo que pude por dejar todo eso atrás, siento mucho Alexandra si no pude quererte antes, ¿Pero crees que es fácil para mí verte reflejada? Ver la cara de la hija de puta que me abandonó con una bebé teniendo yo solo dieciséis años creciendo en ti.
- Mis abuelos me dijeron que había muerto...
- Para mí está muerta. Pero tú no, eres mi hija y te quiero, pero en serio Alex, ha sido difícil, deja de pensar solo en tí.- Todo quedó un momento en silencio, mirándome fijamente, después de un suspiro decidió retirarse
- ¿Y mi puerta?
- Te la devolveré cuando te comportes con una persona y no como una niña malcriada.
- Y ni siquiera te puedo echar la culpa porque tú no me criaste.
- Te he oído, Alexandra. Tienes prohibido salir todo lo que queda de semana, y no hay puerta.
Al momento de comer no quise bajar, pero a lo largo de la tarde fui en busca de algo que calmara mi hambre, encontrándome a Dayanne en la cocina, escribiendo en su ordenador. Me disculpé con ella de manera sincera, aunque su reacción fue más bien hostil, lo comprendí y dejé pasar, volviendo a mi habitación.
Adán y Dayanne acabaron marchándose y mi padre no me habló más, sólo me dejó unas cajas en el marco, pidiéndome escuetamente que empezara a hacer las maletas para la mudanza.
Con el pasar de los días mi padre siguió con su resentimiento, no me hablaba prácticamente el poco tiempo que estaba en casa, lo único positivo, fue la falta de presencia de Adán y su madre, desde aquel día no volvieron a venir.
Al ir bajando algunas cajas al piso de abajo, mi padre apareció y preguntó a qué me dedicaba, la respuesta fue evidente y su pequeña risa innecesaria.
- Cómo no te hablaba se me había olvidado decirte que hemos hablado Dayanne y yo, y hemos decidido no movernos por el momento, por lo menos mientras os vais a la universidad, así podremos mudarnos a un ático con una sola habitación.
- Podrías haberme avisado, y ¿Dónde dormirán tus nietos en ese caso?
- ¿Planeas ser madre pronto?
- Hablaba más bien por Adán, parece ser de los que prefiere la marcha atrás.
Con la llegada de nuevo del fin de semana y la finalización de los exámenes, Zack me avisó nuevamente de que debía salir por trabajo. Aunque sospeché que era mentira ya que las dos semanas de vacaciones románticas con Dayanne se vieron truncadas por su trabajo creí que era su manera de compensarlo, pero no me quiso confesar nada.
A la vista de la falta de supervisión paternal, Adán volvió a la carga con su insistente necesidad de hablar conmigo, volviéndose a colar en mi casa por medio de la fuerza y con el soborno de un enorme ramo de flores donde la tarjeta repetía las disculpas que lleva repitiendo los últimos años.
Junto a las flores venía también una botella de Baileys, que insistió que debíamos abrir porque sino, según él, da mala suerte.
- Te quería pedir perdón por todo lo sucedido hace unas semanas.
- ¿Hablas de tu alboroto de niña pequeña? No te preocupes, me he tomado mi tiempo en reflexionar todo, he visto los puntos a favor, también los que están en contra y me he dado cuenta de que tienes razón en sentirte mal, pero hoy jovencita no te me vas a escapar…
Al poner las flores en agua y meter la botella en la nevera lo invité a cenar, compartiendo junto a él un sándwich de queso, para no comenzar con las lanzas de realidad con el estómago vacío, terminando de comer más rápido de lo esperado.
Decidí enfrentar mis sentimientos y hacerme un nudo en el corazón, accediendo a sentarme con él y dialogar todos los motivos que nos han llevado a, actualmente, no poder estar juntos en la misma habitación.
Decidimos mudarnos a la soledad de mi habitación, buscando intimidad en un espacio sin puerta, llevando la botella y el paquete de cigarrillos con nosotros.
- ¿Quieres empezar tú? - Preguntó.
- No, sorpréndeme.
- Siento mucho…
- No Adán.- Lo interrumpí.- Ya me sé ese discurso, quiero la verdad, de todo.
Al hacer esa pregunta me pude transportar a años atrás y la primera vez que entré en el edificio, en la casa, en mi habitación, en cómo lo primero que vi, además de la falta de cortinas, fue justamente al muchacho haciendo sus deberes. De tanto observar acabó levantando la vista y arqueando una ceja extrañado, se acercó al marco de la ventana y la abrió, por lo que lo imité.
- Hola, ¿Eres la hija de Zack?
- Sí, soy Alex, ¿Y tú?
- Me llamo Adán, es un placer. Mi madre me avisó que vendrías, estoy terminando los deberes para ir luego a tu casa.
- No te parece un poco raro que te avisen de que venía.
- No, nuestros padres son muy amigos. Tú padre es genial.
- No lo sé, no lo conozco.
- ¿Qué?
- Nada, te dejo que termines los deberes. Yo voy a poner una cortina aquí…
Al volver abajo me senté en las escaleras a observar como Zack hablaba por teléfono y como mis cosas iban entrando en cajas que se desperdigaban por el salón. Observé mi teléfono, con la intención de averiguar si mis abuelos habían visto mis llamadas perdidas y les interesaba saber cómo había ido el vuelo.
- ¿Zack?
- Dime, cariño.
- ¿Te ha llamado nana?
- ¿Quién es nana?
- Es mi abuela, ¿Te han llamado o no?
- No hablo con ellos desde que firmamos tu custodia, lo siento.
- Eso fue hace seis meses…
Al finalizar con todas mis cosas Adán apareció, presentándome a su madre. Dayanne se acercó a mi padre y lo tomó del brazo, bromeando con él sobre cosas que no comprendo, acabaron dejando el primer piso para esconderse en el despacho del segundo, dejándonos a solas a Adán y a mí en el salón.
Pude observar en la mirada de Adán como en su cabeza también pasa nuestra primera conversación y probablemente también lo que sucedió meses después. Ante todo pronóstico, en lugar de continuar en silencio, tomó la botella y tomó un largo sorbo, pasándomela a mí.
Empezamos a hacer un intercambio entre la botella, cigarrillos y reproches, llegando al cariñoso roce del desprecio en el preciso instante en el que me habló de los motivos que lo llevaron a simplemente tratarme mal en lugar de dar la cara y pedir perdón.
En algún momento llegamos a dejar de llevar la cuenta de cuanto habíamos bebido o cuánto habíamos fumado, llegando a acercarse a mí, hasta el punto de sentarse justo a mi lado, dejándome apoyar la cabeza en su hombro.
- ¿Por qué eres tan desagradable? - Preguntó con voz ronca, mirándome sin mantener la cabeza quieta.
- Qué dices tú ahora, eres insoportable.
- j***r, todo pasó el año pasado, maldita sea ¿Tanto te cuesta quererme? Coño
- ¿Y quién ha dicho que he dejado de quererte? Gilipollas.
- Tú maldita actitud.
- Mi maldita actitud es un mecanismo de defensa.
De nuevo otro largo sorbo que nos dejó a ambos riendo, acercándonos de nuevo. Desde mi punto de vista, observé con detalle su mandíbula y fui subiendo en dirección a sus ojos, observando como sus pestañas chocaban contra si cada que pestañea. Durante un momento me miró con sus ojos azules y alzó una ceja, cuestionando por qué lo miro desde tan cerca.
- Estoy más lejos de lo que parece.
- Mentira, te noto respirar.
- No puede ser, tu cara no está tan cerca.
- No es mi cara la que está cerca, es la tuya.
- Eso tiene sentido.
- Tiene tanto sentido que siento hasta la textura de tus labios.
- Pero si mi cara es la que está cerca, no la tuya. No tiene sentido.
Tenía intención de argumentar mi frase, o por lo menos intentarlo, pero me frenó al ver la luz rebotando en su amplia pupila y el movimiento poco lógico de su cabeza, acercándose cada vez más hasta que frenó justo antes de posar sus labios contra los míos, siendo yo la que completó el beso.
Sus manos corrieron en dirección a mi vientre, posándome lentamente en la cama con una breve calma, su lengua comenzó con la seducción en el momento en el comenzó a pasearse por mi cuello, mientras buscaba ir más allá de lo decente posando su mano más allá de mi sujetador
- Esto no es amor.- Murmuré.- Es instinto.