Creí que al acostarme con Adán, estaba dejando que mi corazón gobernara sobre mi mente, llegando a la conclusión de que si eso era lo que pedía, por qué no estrellarme de nuevo, pero al contrario, en lugar de veneno fue antídoto, mi cuerpo lo tomó como esa última calada. El amor se esfumó como el humo del cigarro. Con el pasar de los días, el tener que verlo constantemente, sólo me convenció más que mi corazón no lo necesita, sino que era mi propio orgullo queriendo demostrarle lo que soy y perdió. Por el contrario, él ha dejado de lado esa faceta de niño creído horrible que siempre he detestado, para convertirse en un ser distante que prácticamente no me dirige la palabra. - ¿Es estrictamente necesario que se muden? Digo, podrían venir todos los días, así no sería necesario

