Tomamos hasta quedar ambos completamente ebrios, por evidentes razones, Harrison tuvo que pasar la noche en mi casa, por suerte, tengo una habitación para él hace algún tiempo aquí. En la mañana ambos nos levantamos como un par de zombies, no tengo empleada doméstica porque odio que revisen mis cosas cuando no estoy, así que tuve que ocuparnos de ambos, lo que me pareció bastante molesto. — ¡Maldita sea Bianco!, ¡me duele la maldita cabeza!, ¡¿qué mierda me diste anoche?! — ¡no para de quejarse!. — Para de quejarte, bebí lo mismo que tú y sin embargo estoy preparando el desayuno, anda a tomar una ducha para que se te baje la resaca, después vienes a desayunar, yo tengo que irme a la oficina. — Ya voy — dice rodando los ojos como un chiquillo. Cordelia todavía no se ha comunicado conmi

