Perdí la cuenta de cuantas veces le pregunté si estaba seguro de acompañarme. Esto parecía romper con alguna cláusula o quizá de varias en nuestro contrato, pero me aseguró que era muy específico al decir que yo no podía suministrar información personal de forma intencional. No lo haría, ya que por voluntad propia sería espectador y entonces no incumpliría absolutamente nada. Lo que le había dicho a su familia tampoco había incurrido en una falta pues no fue directamente a él y no había mencionado al contrato que manteníamos. Busqué miles de excusas para no viajar a Michigan y todas esas veces dijo que era por mi trabajo que realizábamos este viaje. Si enfrentaríamos a Nell sería muy prudente que él supiera un poco más de la que había contratado como novia. QUID PRO QUO. Yo era la que no

