Preparo la cena, mientras Pablo toma una ducha. Cuando ya estoy por servir, unos brazos me rodean la cintura y un mentón se coloca en el espacio entre mi cuello y hombro. El contacto era bastante íntimo y cálido. Era justamente lo que necesitaba en este lugar solitario. Necesitaba calidez y por ello, ahora me sentía completa. Aquí tenía la calma que tanto me gustaba tener y estaba al lado de alguien que me generaba paz. — Es bueno estar así, novia — dice Pablo y yo niego — Deja de ser tan molesto con eso de novia o vas a desgastarme pronto. — digo y Pablo se queja. — Está bien, cariño. — dice Pablo besando mi mejilla y alejándose un poco de mí. — Ve a sentarte. Voy a servir. — Ya hiciste a comida, déjame atenderte, novia. No quiero que digas que soy un machista y te aburras de mí —

