A la mañana siguiente Byron ya estaba preparado para irse. Se había cambiado de ropa y tenía otra para Madison en la mesa. Ambos vestirían iguales con ropa oscura de los pies a la cabeza. Pero el solo llevaría una camisa. Su amada tendría chaleco y sombrero para diferenciarlos a ambos. Solo esperaba que ella se despertara. Extrañamente ella no se levantó. Estaba arropada con las sábanas blancas, y solo se veía su cabello rojo desarreglado. Se veía bastante cansada, por lo que el la tomo del brazo y la llamo. —Madi...Madi. Ella lentamente empezó a moverse. Byron le arregló el cabello un poco y la beso en la mejilla. —Ya tenemos que irnos... —¿Ya amaneció?—pregunto ella, algo cansada, como susurrando. —Eh, si, pero su quieres podemos quedarnos otro rato aquí —Ah...no...vamos...tenemos

