Mientras tomo una taza de café con leche muy caliente, me mantengo con la mirada en el cielo nublado de Londres. Después de la llamada de Nuria, las flores que envió Ridey y mi momento indeciso, decidí terminar de ordenar mi espacio y luego de preparar algo de comer, decidí venir, tomar asiento en el sofá de mi sala, dejar un poco la puerta corrediza que da con el balcón abierta y disfrutar un poco del clima frio que hay el día de hoy.
En este momento donde disfruto mi día libre, decido no salir como siempre solía hacerlo, hoy opto por quedarme aquí en mi nuevo hogar y disfrutar de mi soledad. Tengo que llamar a mamá tengo días que no se de ella y me lamento por ello, pero es que el trabajo a veces me abarca tanto que, me olvido un poco de mi alrededor. En el grupo de mi trabajo están organizando una reunión por el cumpleaños de una de mis compañeras para el fin de semana, solo leo los mensajes por encima, ya luego les preguntare que debo llevar, hoy no quiero incluso enviar mensajes.
Ahora, en lo que me mantengo enfocada es, ¿Qué demonios ocurre con Ridey y su presencia en Londres? ¿Cómo es eso de que se ha venido de Austria por celos hacia Edward? ¿Desde cuando me tiene el ojo puesto? ¿Y cómo es que yo no me di cuenta de eso?
– ¡Carajo! Ridey uno, Madelia cero –mascullo y me arrullo más en el sofá.
De un momento a otro comienza a llover, algo típico de este país y en parte, me fascina, el frio, la lluvia y lo nostálgico que en ocasiones se torna el ambiente. Bostezo y dejando mi taza de café a un lado, llevo la manta que cubría mis piernas, hasta mis hombros y decido tomar una siesta por un rato.
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Me sobresalto cuando escucho el sonido de mi móvil muy lejano, pero que cada vez suena mas cerca, entre quejidos abro mis ojos, parpadeo para enfocar la mirada mejor y doy con mi móvil, noto que es un numero que no tengo registrado y contesto un tanto dudosa de esto, porque la verdad no me gusta responder llamadas de números que no tengo registrado en mi móvil,
– ¿Si?
–Madelia... –me espabilo en cuestión de segundos al escuchar su voz del otro lado del telefono.
–Ridey... Hola... –no sé porque me coloco de pie y comienzo a caminar por el espacio de la sala. – ¿Cómo estás?
–Bien ¿Tu? ¿Trabajando? –niego, como si el pudiera verme.
–No, no, me encuentro en casa, es mi día libre.
–Lo sé, entonces... ¿Puedes abrir la puerta? ¿No? –me paralizo y vuelvo a negar. – ¿Madelia? Mi mano se entumece por las cosas que traigo.
– ¿Qué? –camino de inmediato a la puerta y al abrir me quedo sin aliento al verlo de pie delante de mí, sonríe.
Va con un suéter azul oscuro, un jeans, deportivos y tiene algunos rastros de gotas de agua en su cabello. Sus cejas densas, sus ojos oscuros, su barba un tanto pronunciada, ¿Por qué es tan guapo? ¿Por qué mi corazón late de este modo al verlo delante de mí?
–Hola... –dice con el móvil en su oreja.
–Hola... –digo del mismo modo sin finalizar la llamada.
– ¿Puedo? –dice señalando dentro del apartamento.
– ¿Eh? ¡Si, si claro! Lo siento –terminamos la llamada, me coloco a un lado cediendo el paso.
Cierro la puerta y me quedo procesando el hecho de que Ridey está aquí, sin más allá y más acá, está aquí y no sé cómo demonios actuar después de lo intenso que paso ayer entre los dos. Me giro para darle el frente y lo encuentro colocando una bolsa sobre la mesita céntrica de la sala y luego pasa a observar el lugar.
–Me gusta –dice y camina hasta la puerta corrediza, la cierra porque la lluvia es más fuerte y está mojando un poco dentro del apartamento. –Es acogedor, muy acogedor.
–Sí, lo es... –digo y cuando voltea a verme, sonríe.
– ¿Comemos? –observo las cosas nuevamente y asiento.
–Sí, iré por platos en la cocina –Ridey asiente y yo me dirijo a la cocina.
Cuando entro a esta, procuro que no me vea y comienzo a saltar como loca y evitar soltar un chillido porque se encuentra aquí, pero cuando me detengo, procesando el hecho de que esta aquí, me paralizo al ver mi reflejo en el vidrio de la cocina y bajo la mirada al ver mi vestimenta. Llevo mi jodida pijama desde que me levante, un short corto, una blusa de tirantes y voy sin sostén, ¿Qué? Comienzo a caminar de un lado a otro y creo sentirme fallecer por esto, ¿Cómo carajo olvide como voy vestida?
– ¿Madelia?
– ¿Eh? –niego. –Un momento.
¿Ahora que demonios hago? Si cambio de ropa se dará cuenta, ¿No? Joder, a mi nada más me pasan estas cosas, y todo por no pensar antes de hacer las cosas, ¿Qué hago? ¿Qué? Comienzo a organizar los platos y cubiertos y un par de vasos de vidrio. Cierro mis ojos con fuerza y decido tomar camino a la sala nuevamente, de inmediato visualizo uno de mis abrigos y dejando las cosas sobre la mesita, lo tomo y de inmediato me lo coloco.
–Lamento mi vestimenta, la verdad no esperaba visita –digo mientras tomo asiento en el suelo, sintiendo el calorcito de la alfombra. –Me tomaste por sorpresa y olvide cambiarme, lo siento.
–Me gusta verte de ese modo –dice, mientras sirve nuestra comida, huele delicioso. – ¿Te habían dicho que tienes unas piernas hermosas? –dice y me sonrojo. –Además, los dedos de tus pies son preciosos, me encanta ese esmalte vino que llevas.
–Ridey...
–Además, el color de tu piel es precioso... –alza la mirada y me observa, sonríe de lado. –No pretendo callarme todo lo que debí decirte en tiempo atrás... –trago duro, tomo asiento a su lado. –Otra cosa… –le miro, asiento y se acerca tanto a mi rostro que me eriza la piel. –Soy tan intenso que, debo dejarte saber que me encanta todo tu cuerpo.
–Ridey... –se encoge de hombros y me entrega mi plato de comida. –Yo...
–Lo siento hermosa, pero debes comenzar acostumbrarte a mis halagos, dulces e intensos, así soy.
–Me detallaste completamente en cuestión de segundos –digo y me doy un bocado del estofado de pollo que ha traído.
–Te estoy detallando desde el primer día que te conocí, Madelia... –nos miramos por un instante fijamente. –Es inevitable no detallarte...
Él toma su plato y comienza a comer, yo por mi lado sirvo un poco de soda en nuestros vasos.
–Madelia, yo no seré el hombre dulce y colorido que tú esperas que sea –dice y nos miramos fijo. –Pero si seré el hombre que te proteja, que será un poco tosco en ocasiones, pero que te demostrara todo lo que siente y desea sentir más por ti –trago duro, tomo un sorbo de soda. –Me encantas, me gustas y lo ha sido desde el primer día en que mis ojos te vieron, intensa, juguetona, risueña y cálida, todo lo contrario, a mí, y eso me gusta.
–Yo... –pasa a rodearme por la cintura y yo apoyo mis manos en sus hombros. –No sé qué decirte por que, el Ridey de Boston, no era este que tengo delante de mí –esboza una media sonrisa, aparta un inoportuno mechón de mi cabello y une su frente a la mía.
–No espero que me abras la puerta de tu vida de un día a otro, sé que fui un idiota que no debió irse sin darte una explicación o por lo menos que debió despedirse de ti, pero es que Madelia, no quiero arrastrarte a mi oscuridad –dice y suspira. –Mi trabajo no es como el del resto, no estoy en una oficina y mucho menos tengo maravillosos compañeros de trabajo, mi trabajo es rudo y, eso ha hecho que sea como soy.
–Y a mí me gusta –digo, nos miramos fijo y paso luego a rozar su nariz. –A mí me ha gustado tu honestidad desde el primer día, misterioso, tosco y rudo, jamás vi en ti un hombre arcoíris –ríe bajito, sonreímos. –Sí, sé que fui algo exagerada con mi actitud, pero, que el hombre que me gusta aparezca sin más después de desaparecerse de un día a otro, es normal que reaccionara de ese modo, ¿No? –asiente.
–Intentémoslo –dice. –No quiero verte sonriendo y siendo coqueta con alguien más, quiero que lo seas solo conmigo –alzo mis cejas en sorpresa. –Quiero que seas dulce, risueña y coqueta conmigo, no con nadie más –toma mis manos. –Quiero que solo me toques a mí y solo tengas tus hermosos ojos claros puestos en mí.
–Yo...
–Soy un completo dependiente de tu presencia en mi vida, y lo que más quiero es vivir contigo todo lo que pasaba por mi mente, en Boston –asiento. –Siento que nuestra historia se comenzó a escribir desde que nos vimos por primera vez y quedo a medias y quiero que nuestra historia continúe y tenga un, final feliz, Madelia.
El solo roce de nuestras narices, su respiración que se mezcla con la mía, el tacto de sus manos en las mías y estas ansias de probar sus labios me están pasando factura.
–Todo será a tu modo ¿Ok? –nos miramos fijo, asiento. –Enséñame a demostrar lo que es el amor, ya que yo de verdad, carezco de ello.
– ¿No te iras sin decirme nada? ¿Verdad? –sonríe.
–No, no me iré nunca más sin decirte nada –acaricia su nariz con la mía. –Madelia, quiero todo contigo, absolutamente, todo, pero...
–Pero...
–No quiero estropearlo.
–No lo harás, yo te ayudare a que no sea de ese modo –tomo su rostro entre mis manos. –Me gustas mucho, Ridey.
–Y tú me encantas con locura, Madelia.
Ambos sonreímos y nos quedamos en silencio, observándonos el uno al otro y en este momento, decido arriesgarme y continuar sintiendo mucho más por Ridey Bernabéu.