Capitulo 10

1720 Words
En el momento en que nuestro beso se tornó más intenso, más ansiado y más necesitado, deje a un lado la prohibición mental de querer hacer mía a Madelia y de inmediato salí con ella de la ducha y la lleve a cuesta dejándola así sobre la encimera del lavamanos, al borde de este. Me encargo de cerrar la ducha y al darle el frente observo a Madelia, y no puedo evitar sentir el bombeo rápido de mi corazón, porque incluso verla en ese modo tan vulnerable logra que un montón de cosas me pasen por la mente. Su cabello húmedo que se adhiere a su piel y en una tonalidad más oscura. Tiene sus pechos desnudos, tan perfectos, perfectamente redondos y sus pezones rosas en una forma un tanto puntiaguda. Me encargo de la correa de mi pantalón, el botón y el cierre de este, quito mi calzado y quedando solo en ropa interior noto incluso que verme de ese modo la hace estremecer en su lugar. A paso lento me voy acercando a ella, el sonido de mis pisadas en parte nos ensordece por el agua bajo mis pies. La veo abrir sus piernas y antes de que pueda encajar perfectamente en ella, con la yema de mis dedos comienzo acariciar desde sus tobillos, con una lentitud que lo único que causa es ansiedad en ella pero que en parte sé que disfruta, porque incluso el sonido de su respiración, desastrosa e incluso un poco acelerada me lo deja saber. Cuando paso por sus rodillas y avanzo por sus muslos y llego hasta su cintura, esta se impacienta buscando más mi apego y es entonces cuando la rodeo por la espalda y su torso desnudo se une al mío. –Madelia... –el sonido de mi voz ronca por las jodidas emociones que ella causa en mí. –Te quiero follar tan duro que no tienes una puta idea –se apoya a ambos lados de su cuerpo y termina inclinando su cabeza a un lado, dándome entrada a su hermoso cuello. –Quiero saber tu historia, quiero saber que es todo eso que llevas tan dentro de ti, pero... –nos miramos fijo. –En este momento, solo deseo que el Ridey carnal se adueñe completamente de mí, por favor... –Soy dueño de todo lo que eres tú, mi sol –la atraigo a mí y tomándola desde la parte de atrás de su cabeza la hago verme fijo por un instante y es entonces cuando le robo el aliento en un beso intenso y arrollador. La sola manera en como Madelia se desliza entre mis brazos me vuelve un animal y sin esperar tanto, me alejo solo un poco para así descender un poco y atajar con mi boca su pezón izquierdo y el jadeo que suelta me nubla los sentidos. Ella se alza más buscando que no deje de hacerlo y decido pasar a su otro pezón y en eso me entretengo por un momento que disfruto como un jodido desquiciado. Con premura llevo mis manos a ambos lados de su cintura y entonces tomando el borde de la última prenda que llevaba en su cuerpo, la comienzo a deslizar para terminar arrebatándola por completo y apartándome un poco de ella, al verla de lleno no puedo evitar tocar la jodida erección que me está volviendo impaciente. La observo asentir, entre cierro mis ojos y ella vuelve asentir eso quiere decir que quiere que me termine de desnudar y, su libertad s****l me está consumiendo por dentro. Quito mi bóxer y cuando ella nota mi pronunciada erección pasa abrir un poco sus piernas y con sus delicadas manos que se deslizan por su abdomen y seguido de su vientre llega hasta su intimidad y eso en parte me toma por sorpresa. –Madelia, tú... –al vernos por un instante vuelvo a sus movimientos y cuando sus dedos medio e índice comienzan a estimular su botón yo no puedo evitar tocarme y comenzar a masturbarme en conjunto con ella. –Joder, mujer, ¿Quién demonios eres? Sus gemidos se comienzan a escuchar a mi alrededor, yo no puedo apartar la mirada de sus dedos jugando en su intimidad, misma que esta humedad a borbotones y ahora es a mi quien la ansiedad le está pasando factura. Dejo de tocarme y me acerco, colocándome de rodillas ante ella, llevando mis labios a sus piernas tomando una de estas y alzándola para dejar besos desde sus pantorrillas hasta la parte interna de su muslos, allí, donde el olor de su intimidad me está atrayendo a ella y cuando la veo apartar su mano, alzo la mirada, y con sus mejillas ruborizadas, el ligero mordisco en su labio inferior, me da un leve asentimiento y es entonces cuando me permito llevar mi boca a su clítoris y hacer lo que deseaba hace un momento, lamerlo, succionarlo y morder ligeramente. – ¡Oh Dios, Ridey! –le miro desde mi lugar, estremeciéndose en su lugar, llevando sus manos a sus pechos desnudos. – ¡Si, por Dios, si! –termino por un momento y me incorporó, tomando así su rostro y robando el poco aliento que le quedaba en un beso. –Follame, quiero que lo hagas, follame. – ¿Aquí? –asiente. – ¿Ahora mismo? –Sí, sí, si... Busco con prisa un preservativo en una de las gavetas a mi costado y maldigo cuando no encuentro y me desesperó. –¡Carajo! Tengo tanto tiempo sin tener sexo que ni siquiera un puto condón encuentro –la escucho reír bajito, la veo bajar de la encimera y rodeándome por mis hombros nos miramos fijos. –Existen las píldoras del día después, olvida el condón, solo vamos a lo nuestro. –Me estas volviendo loco, te juro que lo estás haciendo. Y es entonces cuando decido alzarla en mis brazos y llevarnos a mi habitación. Dejándonos caer sobre el colchón de la cama, tomo sus manos y las llevo por encima de su cabeza, nos besamos, nos rozamos, nos anhelamos. Es entonces que la escucha soltar una risita y le miro. – ¿Un espejo en el techo? –nos observó a ambos. –Eso, ya estaba cuando compre este apartamento, entonces... –Me encanta –y al vernos una vez más nos atraemos el uno al otro y después de un beso largo, paso a posicionar entre sus piernas. Siento el temblor de su cuerpo que se asemeja al mío, tomo mi erección y comienzo a rozarla en su clítoris húmedo, observo como toma sus pechos, como juega con ellos, como se estremece y se arquea por el rozón de nuestras intimidades, y cuando menos lo espero me introduzco en ella y es entonces cuando su jadeo se mezcla con el mío y no tardo en comenzar a entrar y salir una y otra vez. En un movimiento rápido me arrodilló sobre el colchón, la tomo de sus muslos y comienzo a embestirla como un desquiciado, tanto que sus gemidos se vuelven escandalosos y me encanta. La observo, Madelia disfruta vernos desde el espejo que esta puesto en el techo y es entonces cuando decido girarnos y que ella quede a horcajadas sobre mí. Observo su hermosa silueta, sus senos que rebotan a medida que ella sube y baja y cuando comienza a jugar con su cabello, la tomó de la cintura y me presiono más a ella. –Mírate en el espejo, míranos... –alza su rostro y nos miramos. –Solo observa como nos follamos mutuamente, como me haces el amor y como te hago yo el amor a ti. –Me excita cuando me hablas, cuando me dices cosas, tu voz Ridey... –dice. –Tu voz me enciende completamente... –apartamos la mirada del espejo para así vernos fijo y acercándose a mí, deja un beso en mis labios. –No podría estar sin ti. –No lo hagas. –No te marches nunca de mí, mi misterioso hombre. –Jamás me marcharé, mi pedacito de sol. Y allí, justamente en ese momento, con movimientos rápidos, duros y arrebatadores, ambos llegamos al clímax, ella estremeciéndose en mis brazos y yo llenándola completamente de mí. … No tengo ni la más remota idea de que horas de la madrugada es, solo sé que no tengo ni la mínima intensión de dormir, porque solo quiero dedicarme a ver a Madelia dormir plácidamente sobre mi pecho. Su respiración calmada, su cabello ya seco y que no dejo de acariciar, la suavidad de la piel de su brazo desnudo, y la calidez de todo su cuerpo. –Ridey… –me toma por sorpresa escucharla. – ¿Tienen tus tatuajes una historia? –suspiro y al vernos asiento. –Este de aquí –tomo su mano y con el dedo medio e índice rozo el tigre de bengala en mi pectoral. –Ocultan unas cuantas quemaduras de cigarrillo… –me mira de inmediato con sorpresa, esbozo una corta sonrisa. –Este de aquí, a mi costado izquierdo, el tribal, ocultan varios rozones de navajas. –Oh Ridey… –le miro y niego restándole importancia. –Yo, lo siento tanto. –Nunca lamentes algo que no hiciste tu mi sol, estoy tatuado para ocultar todas las marcas que me causaron en mi niñez y adolescencia, pero ninguna ha servido –me encojo de hombros. –Las peores marcas las tengo en mi alma y esa no la puedo tatuar. –Yo me encargaré de tatuarme en tu alma para que todo eso que te lastima se desvanezca –le miro fijo. –Te quiero Ridey, yo de verdad lo hago, te quiero. Asiento, repetidas veces lo hago y me acerco a su rostro para así besar sus labios y comenzar a no sentir mi alma tan solitaria. –Nunca debí ignorar esto que me haces sentir, Madelia Thompson… –se impulsa a mí, logrando unir su frente a la mía. –Eres mi opuesto y joder, cómo me encanta. –Somos lo opuesto de cada uno, y eso es lo que nos hace únicos –besa mis labios. –Únicos Ridey, tú la noche oscura, yo la mañana clara… –Ven aquí. Y tomándola entre mis brazos nos ocultó bajo las sabanas y nos olvidamos de todo.
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