Madelia Thompson
Estremeciéndome en mi lugar de la cama, paso abrazar la almohada bajo mi cabeza y es entonces cuando caigo en cuenta de donde me encuentro.
Estoy en la habitación de Ridey, cubierta por sus sabanas, sintiendo la suavidad de su almohada y embriagándome por el olor varonil de sus sabanas. Abro de a pocos mis ojos y observo a detalle el espacio. Colores oscuros y crema es lo que predomina en esta habitación, me incorporo en mi lugar y entonces noto que me encuentro sola, ¿Qué hora es? ¿A caso ya es de mañana? En esta habitación ni siquiera hay una ventana que me deje saber eso.
Volteo y entonces el reloj en la mesita de noche me deja saber que son casi las nueve treinta de la mañana y al estirarme un poco y que las sabanas se deslicen, noto que aun voy desnuda y entonces me sonrojo tanto que suelto una risita baja por todo lo que ocurrió la noche de ayer y la madrugada de hoy. Ridey y yo tuvimos sexo, y ha sido el sexo más carnal, sucio y maravilloso que he tenido en toda mi vida.
– ¿Dónde estará mi ropa? –veo a mis lados. –El baño, claro.
Salgo de la cama, con la sabana a mi alrededor y entonces vislumbro en el borde de la cama, ropa. Me acerco y la detallo, es muy bonita y de mi talla, de seguro Ridey la dejo para mí porque de seguro y ahorita que lo pienso bien, la mía debe estar mojada por todo lo que paso en ese baño. Me coloco la ropa y decido ir al baño para orinar y por lo menos ver mi aspecto mañanero. Al entrar en este, me sonrojo una vez más, porque mi vestido, mi ropa interior y la de Ridey se encuentra en el suelo, las imágenes de todo lo ocurrido en este cuarto se me pasan por la mente y entonces colocándome delante del espejo, me observo.
Mejillas ruborizadas, cabello desastroso y mis labios un tanto inflamados por todos los besos y roces de dientes en ellos. Oculto mi rostro entre mis manos y comienzo a reír como una idiota, me vuelvo a ver al espejo y trato de ordenar un poco mi cabello para no verme tan desaliñada en este momento. Hago lo que hago en el baño y decido ya salir y así ver si encuentro a Ridey en este enorme lugar, porque si esta es la habitación, no me quiero ni imaginar lo que será el resto.
Me dirijo fuera de la habitación y por cierto descalza porque ni loca con esta vestimenta que llevo ahora, colocare mis sandalias altas. Comienzo a caminar por el pasillo y observo unas dos puertas más, continuo y entonces observo la barandilla que me deja saber que debo bajar unas escaleras, ¿Qué es esto? ¿Un pent-house? Continuo y entonces me detengo al escuchar voces y no solo la de Ridey, escucho las voces de otras dos personas más y hay otra que reconozco también.
Voy bajando sigilosamente las escaleras y entonces, toda la atención recae en mí. Ridey me observa desde su lugar, esboza una corta sonrisa, el otro quien me mira es Alan, me da un leve asentimiento mientras toma quizás café o té, y entonces la tercera persona, se gira en su lugar y cuando me observa, esboza una sonrisa amplia y un tanto apenada llego donde ellos y es Ridey quien de inmediato se acerca y me ofrece un par de pantuflas que si, efectivamente me quedan enormes pero que de igual modo acepto utilizar.
–Buenos días, mi sol –dice y esbozo una sonrisa.
–Buenos días... –toma mi mano y nos acercamos a los muebles donde se encuentra el resto. –Hola Alan...
–Madelia –me sonríe. –Buen día.
–Sí, buen día –asiento y observo a la otra persona. –Hola, un gusto, mi nombre es Madelia –estiro mi brazo, ignoro el hecho de que se encuentra en una silla de ruedas.
–Yo soy Rocko Bernabéu, el hermano de Ridey.
– ¿Tu hermano? –le pregunto directamente a Ridey, sonrió. –No tenía idea de que tenías un hermano.
–Pues ahora ya lo sabes y él deseaba mucho conocerte, ven acompáñanos.
Rocko es todo lo contrario a Ridey, su cabello no es azabache, no, es más rubio, de ojos claros, verdosos para ser más específica. Tiene una nariz respingada y labios un tanto voluptuosos, sus cejas si son densas y la verdad, es que el chico es muy guapo.
Tomando asiento junto a Ridey, Alan de inmediato se ofrece a traerme café algo que agradezco y entonces sintiéndome un poco apenada en este momento me mantengo en silencio, cosa que es raro en mi porque jodidamente yo hablo hasta por los codos.
–Ok, no te sientas incomoda –observo a Rocko, sonríe. –Estás en tu casa, siéntete cómoda, tengo entendido de que eres parlanchina y en este momento, no lo estas siendo –rio un poco, asiento.
–Es un gusto saber que Ridey tenga un hermano y que, por cierto, muy guapo –le guiño y este señala a su hermano.
–Me agrada, mucho –Ridey niega sonriendo y me observa.
–Era algo que te iba a comentar, perdona por pasarlo por alto, Rocko y Alan viven conmigo, incluso, Rocko estuvo en todo el asunto, de Nuria y los Román, él fue quien me ayudo con toda la investigación, mi hermano es algo así como... –Alan vuelve y me entrega café, toma asiento.
–Rocko es como una computadora, en todo el sentido de la palabra –dice Alan y observo al hermano de Ridey. –Es incluso un hacker.
– ¡Vaya! –este sonríe y se encoge de hombros.
– ¿Qué te digo? De algún modo tenía que hacer algo para no sentirme tan inútil en esta silla, y oye no lo digo en son de dar lastima es que, a algo debo sacarle provecho, ¿No? –asiento.
–Pues, a mí me parece increíble, supongo que gracias a ti han resuelto esos asuntos en los que trabajan, ¿No? –observa a Ridey.
–Está al tanto de mi trabajo y lo que se dedica nuestro padre, pueden hablar ese tema con confianza.
Noto en Rocko algo que en parte me agrada y que a él lo hace sentir bien, quizás el hecho de que Ridey no me quiere ocultar nada acerca de su pasado y presente, quizás y en otras ocasiones siempre lo mantuvieron en silencio para no sentirse quizás algo perjudicados porque alguien comentara algo o los llegara a meter en problemas por su imprudencia.
– ¿Te quedaras almorzar con nosotros? Soy bueno en la cocina, no soy como mi hermano que compra comida a domicilio y prepara solo sándwiches –reímos ante el comentario de Rocko, observo a Ridey.
–A mí no me mires, mi sol, es tu decisión si quieres pasar tu domingo con nosotros, la verdad es que si, Rocko no solo tiene dotes cibernéticos, es muy bueno en la cocina.
– ¡Entonces me quedo! Pero con una condición.
–Tu dirás –observo a Rocko, le sonrió.
–Que me dejes cocinar contigo.
– ¡Hecho! –señala a Alan. –Vamos vaquerito, vamos hacer las compras para el almuerzo de hoy.
–No me digas vaquerito, idiota.
Y estos en medio de una discusión graciosa se marchan tomando camino fuera de este apartamento bastante ostentoso y quedamos solos Ridey yo. Me comienzo entonces a sentir algo avergonzada y cuando volteo a verlo, él ya me observaba y tomándome en sus brazos, alzándome y sentándome sobre sus piernas, rodeo sus hombros y se acurruca en mi pecho.
–Lamento haberte dejado sola en mi habitación, pero no quería despertarte, estabas tan a gusto durmiendo que no quise interrumpir –acaricio la parte trasera de su cabeza. – ¿Recuerdas todo lo que paso? –suelto una risita y al vernos fijo asiento.
– ¿Cómo podría no recordar nuestra noche, Ridey? –nos damos un casto beso en los labios. –Pero tu baño es un desastre en este momento –se encoge de hombros.
–Da igual, en un momento me encargo de ello, tu eres mi invitada y hoy solo estarás en la cocina con Rocko, porque así lo quisiste, pero por mí, te tendría encerrada en mi habitación todo el día.
– ¡Ridey! –me oculto un poco por la vergüenza y lo escucho reír. –Me encanta cuando ríes –vuelvo a verle. –Me encantas todo tu.
El roce de su nariz con la mía nos hace suspirar y es entonces cuando mi estómago gruñe y apenada lo observo, este ríe.
–Muy bien pequeña, creo que es hora de desayunar –me toma por sorpresa cuando se coloca de pie conmigo acuestas y me sonrojo, nos lleva a la cocina que por cierto es enorme y me coloca sobre el taburete frente a la encimera. –Me alivio saber que la ropa te quedo bien, muy temprano le pedí a Alan que fuera por algo para ti, al menos eligió bien.
–En todo este tiempo, ¿Él como se ha encontrado? Pregunto porque lo de Dafne, fue muy duro y doloroso para él.
–No fue tan mala idea pedirle que trabajara conmigo, el tiempo supongo que le ha ayudado mucho en ello y además su amistad con Rocko lo mantiene entretenido.
–Tu hermano, es adorable –observo a Ridey preparar sus famosos sándwiches.
–Al menos me alivia el hecho de que, Rocko no sufrió las consecuencias de ser un Bernabéu, no tiene tantas heridas ni externas ni internas y yo siempre me encargue de que eso fuera siempre así –estiro mi brazo para así acariciar el dorso de su mano y al vernos, esboza una sonrisa. –Hay tantas cosas que debes saber acerca de mí, pero... –niego y bajando del taburete y llegando hasta él, lo rodeo desde atrás.
–Hoy no tocaremos ese tema, hoy solo quiero que hablemos de muchas cosas, menos de esas, ¿Bien? –asiente.
–Gracias mi sol –me inclino a un lado, nos vemos.
–No hay de que, vida mía.
Ambos sonreímos y entonces colocándome a su lado, le ayudo a preparar nuestro desayuno, mientras reímos y hablamos de cualquier tema que nos ocurra, no tocando oscuridad ni dolor, solo siendo espontáneos, siendo nosotros dos.