– ¡Tumba la puta puerta ahora! –observo a Alan, este me mira fijo. – ¡¿Qué?!
– ¿Puedes calmarte? No olvides que ella vive en este edificio donde otras personas también, si hacemos un alarme esto se pondría feo, y ella seria desalojada, así que cálmate, y déjame a mi encargarme de la puerta, ¿Bien? –estoy por reclamarle, pero agradezco su serenidad y al asentir, Alan se pone hacer lo que sea con la cerradura.
– ¿Quién carajos tuvo la osadía de hacerle esto a Madelia? ¿Cómo es que ya saben de ella? ¿Acaso fue ese jodido informante? ¿Se fue de lengua larga? Te juro que, si fue él, le cortare la lengua.
–No, no harás eso –comenta Alan, sereno. –Porque tú no eres como tu padre, sanguinario, así que bájale dos, porque en este momento, necesito que estés en total calma, ¿Bien?
Estoy por hablar cuando la puerta por fin es abierta, y salgo disparado dentro, Alan, me da un fuerte jalón y me hace mirarlo, me recuerda con señas que evite inhalar lo que sea que venía en esa caja. Es cierto, puede estar esparcido por el espacio y él de inmediato corre a las puertas corredizas que dan con el balcón y las abre de par en par. La lluvia cae a cantaros y hay muchísimo frio, pero ya con eso bastara para que el aire circule. Yo con prisa voy hasta Madelia, quien se encuentra inconsciente con su cabeza apoya en la mesa y al tomarla la noto y esta...
– ¿Está muerta? –digo horrorizado. –Alan...
–Está respirando, llévala a la terraza de inmediato, utilizaron amoniaco, mucho amoniaco y necesita respirar aire fresco, llamare a tu médico personal.
– ¿Qué? –miro confundido a Alan.
–Ridey, mueve el culo y llévala a la terraza, ¡Ahora!
De inmediato asiento y tomándola en mis brazos de inmediato voy a la terraza, está la brisa muy fría e intensa, pero al verla noto que ni eso la despierta.
–Mi amor, por favor, despierta ¿Si? –aparto el cabello de su rostro. –Joder Madelia, no me hagas esto amor, por favor.
–Ya el medico viene –observo a Alan. –Era amoniaco, suficiente para desmayarla, pero no tanto para preocuparnos, aunque…
– ¿Aunque? ¿Aunque qué?
–No sabemos si es alérgica, ¿La ves respirar bien? –observo a Madelia.
–Eso creo –mis manos comienzan a temblar. –Alan, si algo le llega a ocurrir a Madelia, te juro que... –este coloca su mano en mi hombro. –No me lo voy a perdonar... No me lo perdonaría nunca...
De repente, Madelia hace un sonido como de asfixia, como si se estuviera ahogando y abre sus ojos de par en par, me mira, noto que le cuesta respirar, intento calmarla, pero ella sin palabras y solo con sonidos y gestos me deja saber que está desesperada. De pronto comienza hacer arcadas y Alan al acercarse la coloca de lado y ella comienza a vomitar.
–Se intoxico... –comenta, estoy por hablar, pero su móvil suena. –Debe ser el médico, mantenla de ese modo, me dijo que estaba algo cerca de esta zona, así que esperare por él abajo –asiento y me quedo solo con Madelia.
–Perdóname amor, lamento todo esto... –froto mi mano en su espalda. –Lo siento, joder lo siento...
–Ridey...
Escucho que se acercan y noto que es el médico, es un conocido de la familia y que tenía bastante que no veía, pero por lo menos siempre mantenemos su número a la mano, gracias a que bueno, Rocko se encarga de siempre mantener los contactos, de seguro él se encargó de decirle a Alan que lo llamara. Me pide que lleve a Madelia a su habitación, ella ya había dejado de vomitar y la noto débil, la llevamos y este nos pide salir, a regañadientes lo hago y de pronto un silencio me rodea y me abruma.
–Ya el medico está aquí, llego a tiempo, gracias a que tu llamaste con anticipo –observo a Alan, habla por llamada. –Está nervioso, no es para menos, fue una fuerte cantidad de amoniaco –hace una pausa. –Vale, tomare esas cosas y las llevare para que las analicen, nos vemos en un rato –y finaliza la llamada.
– ¿Rocko? –asiente. –Necesito que monitoree todas las cámaras por las calles alrededor y cerca de este edificio.
–Está en eso...
–Necesito hablar con el informante, si ese miserable dio información de Madelia, no se las verá bien conmigo –cierro mis ojos con fuerza. –Si a Madelia le llega a pasar algo, te juro Alan, que... –y este acortando la distancia, se acerca y me rodea en un abrazo. –Joder... Estoy muy nervioso, yo...
–Tienes miedo y es entendible –se aleja y me mira fijo. –Pero hey, ya el medico está aquí y todo estará bien, – ¿Ok?
–Sí, ok...
...
Madelia.
La pesadez en mi cuerpo y en mis ojos es tanta que me cuesta incluso pensar qué demonios está pasando.
Siento un ligero ardor en mi garganta y trago duro porque incluso la siento muy seca. Abro mis ojos y noto que estoy en mi habitación, hay cierta claridad entrando por las persianas y entonces al estremecerme un poco en mi lugar, siento pesadez en mis piernas, me incorporo un poco y lo observo. Ridey está recostado en mis piernas, dormido.
–Ri–Ridey... –acerco mi mano a su rostro y acaricio su mejilla. –Ridey...
– ¿Mmm? –se queja un poco.
–Ridey... –es como si su cerebro reacciona a mi voz y de golpe abre sus ojos. –Hola... –me toma por sorpresa cuando en cuestión de segundos se abalanza sobre mí y me rodea en un abrazo. –Oye, estoy bien mi cielo, yo lo estoy...
– ¿Si lo estás? ¿Si? –asiento, se aleja un poco y entonces noto sus ojos algo brillosos. –Si lo estas...
–Sí, si lo estoy –une su frente a la mía. –Estoy bien, sí.
Un leve sollozo brota de sus labios y me vuelve abrazar con fuerza, siento el ligero temblor de todo su cuerpo. Sé que me desmaye luego de abrir la caja que dejaron fuera de mi apartamento, sé que eso tenía un olor extraño que causo algo en mí, pero en este momento, aunque tengo tantas preguntas para Ridey, no quiero abordarlo con ello, y solo dejo que su cercanía me de calma a tantas cosas a mi pregunta.
– ¿Qué horas son? –Ridey se aleja y me observa.
– ¿Más de medio día? –abro mis ojos en sorpresa. –Descuida, llame a tu trabajo, le deje saber a tu jefa que habías agarrado un resfriado debido al clima de ayer, lo entendió.
–Tu, debes tener cosas que hacer y sin embargo...
–No me pienso separar de ti, no puedo dejarte sola, órdenes del médico –toma mis manos, se sienta a mi lado. –Te intoxicaste por amoniaco, inhalaste tanto que te intoxicaste, gracias al cielo que llegamos a tiempo, porque si no...
–Ridey... –me mira. –Nada de esto es tu culpa, ¿Ok? Espero que eso no esté pasando por tu cabeza en este momento.
–Pero Madelia, todo esto es obra de los Keigh, ya saben de ti, de nosotros, no se andan con putos rodeos y ya comenzaron atacarme –ahueco su mejilla en mi mano. –Claro que es mi culpa –estoy por hablar, pero él lo evita. –Pero no tienen ni puta idea de lo que han comenzado –nos miramos fijo. – ¿Hacerte daño a ti? ¿A mi chica?
–Ridey... –se aleja y se coloca de pie. –Si tú eres fuerte, yo también seré fuerte... –me observa. –Seremos fuertes juntos, ¿Verdad? –esboza una corta sonrisa y se acerca nuevamente a mí, toma mis manos y las lleva hasta sus labios.
–Siempre, mi sol.
–Siempre.
.
De pie, al borde de la barandilla de la terraza, cierro mis ojos y me dedico a escuchar los sonidos a mi alrededor. Son aproximadamente las seis de la tarde y el cielo nublado oculta los pocos rayos del sol de estas horas, el olor a comida me rodea y eso se debe a que Ridey está preparándome algo de cenar. Después de la conversación que tuvimos en mi habitación, me dedique a descansar porque eso es lo que dejo dicho el médico, aparte de algunos medicamentos que debo tomar.
En un momento pensé en llamar a mi hermano y contarle lo ocurrido, pero es que la verdad no quiero alarmarlo, sé que esto se solucionará, que Ridey después de esto estará un paso más delante de esas personas que buscaron hacerme daño, o más bien, lastimarlo a él siendo yo, su daño colateral directo. Doy un respingón cuando siento que me rodea desde atrás y apoya su mentón en mi hombro.
Ridey se mantiene en silencio, yo también lo hago y entonces comienzo a sentirme protegida. Su sola cercanía me deja saber que no estoy sola, que él estará aquí conmigo, siempre cerca siempre conmigo. Un repentino tarareo de su parte me toma por sorpresa y con mis ojos aun cerrados disfruto de esta manera tan dulce que tiene mi novio de aspecto duro, pero con alma dulce. En el momento que decido voltear a verle, noto que tiene sus ojos cerrados y un gesto tranquilo en sus facciones.
–Sé que tú y yo, podremos con todo lo que se pueda venir, ¿Verdad? –asiente. – ¿Siempre estarás aquí para mí? ¿Jamás te volverás a ir? ¿Verdad? –abre sus ojos y nos miramos fijo.
–Podremos con todo, siempre estaré para ti y jamás me volveré a ir, mi sol –deja un casto beso en mis labios. –Suficiente tiempo perdí lejos de ti y ya no volverá a ocurrir, te lo prometo, Madelia Thompson.
–Te quiero, Ridey –suspira.
–Y yo te quiero a ti, Madelia –une su frente a la mía. –Ahora, es momento de que cenes algo, mmm, no soy un buen cocinero, pero créeme cuando te digo que mis sándwiches son muy buenos –me echo a reír. –Oh, cierto que ya los has probado.
–Así es –me giro entre sus brazos y rodeo sus hombros. –Y eres un magnifico chef, de sándwiches.
–Gracias –me guiña y entre risas entramos a mi departamento y vamos directo a la mesa.
Tomamos asiento y noto los sándwiches, esbozo una corta sonrisa y me dedico a comerlos, con un delicioso jugo de manzana que estaba en mi refrigerador. En silencio cenamos juntos y no puedo evitar sentirme toda una romántica empedernida con esto, porque, aunque tuve una bonita relación tiempo atrás, creo que algo como esto no lo había experimentado. No siendo yo quien recibiera toda la atención de su chico.
–Estaba pensando... –Ridey corta el silencio, le miro. – ¿Sería muy apresurado que viviéramos juntos? –alzo mis cejas en sorpresa. –Pregunto porque, es que la verdad yo, jamás he experimentado, todo esto.
–Quieres que vivamos juntos, por nuestra relación, ¿O por lo ocurrido? –suspira. –Ridey...
–Me sentiría más tranquilo viviendo juntos, para ser honesto –dejo a un lado el resto de mi cena y le miro. –Madelia, no quiero presionarte, pero...
–Me lo pensare, pero no quiero que te martirices por lo ocurrido, ahora seré mas precavida, no quiero que nuestra relación se termine basando por solo protección, quiero que sea una relación llena de amor y bonitos momentos, ¿Me entiendes? –asiente.
–Tienes razón, y sé que, ahora seremos más precavidos, pero, ¿Te lo pensaras? –esbozo una sonrisa y asiento.
–Si me lo pensare.
Y tomando su mano, lo hago sentir un poco más tranquilo, porque es cierto, no quiero que esto se base en solo protección.