Capítulo 7: Un amor infantil

1442 Words
Llovía, había pasado horas buscando a su amiga, pero no la encontraba, el agua corría por su ropa y él se encontraba completamente empapado, pero sinceramente poco le importaba eso. Había sido un idiota al no darse cuenta de que ella sentía algo por él y lo más importante era que él sentía lo mismo. Seguía corriendo por todas las manzanas cercanas del vecindario y nada, era como si hubiera desaparecido. ¿Y si algo le pasaba? No se lo perdonaría, él la adoraba, era su mejor amiga, era su más preciado tesoro, era la niña de sus ojos. —¡Gaby! ¡Gaby! ¿Dónde estás, enana? —gritaba. No debió haber besado nunca a esa chica en la escuela, pero sus amigos lo habían retado y, justo en ese momento, había llegado ella. ¿Por qué tenía tan mala suerte? No quería herirla y lo había hecho. Pero era un idiota, definitivamente. Pensó repentinamente en la casa embrujada, era el lugar a donde siempre iban ambos, era la última manzana que quedaba por revisar, había ido al parque e incluso al bosque de las cercanías, pero igual ella no era tan tonta para perderse en el bosque durante un día de tormenta. Seguramente su madre se preocuparía porque él no había llegado a casa y de igual forma también debía suceder con los padres de la pelinegra. Se sentía horrible y sabía que había cometido una estupidez, por eso necesitaba encontrarla y disculparse, sin importarle siquiera si luego pescaba un resfriado como consecuencia de ese día lluvioso. Divisó la casa, se veía más espeluznante que nunca, pero él nunca había sentido miedo de entrar en ella, era la casa de juegos de su amiga y él, su lugar especial. Ingresó y sintió un escalofrío, pero debía ser por el cambio de clima. Brian miró alrededor y estaba completamente oscuro, como siempre, y lo nublado del exterior acentuaba lo espeluznante del lugar, especialmente porque la casa se sentía más fría que nunca. El chico subió al piso de arriba y justo en ese momento oyó cómo alguien lloraba. Supo inmediatamente que se trataba de ella. Era en la habitación principal, donde estaba la cama en la que siempre dormían cuando no se iban a dormir a la casa de ella. No sabía qué decirle a Gabrielle, pero algo surgiría así que se acercó al pomo de la puerta para abrir. —¿Gaby? —inquirió entrando, ella se incorporó rápidamente, con lágrimas en los ojos y le lanzó una almohada, la cual chocó con la pared porque él rápidamente la esquivó. —¡Largo de aquí! Pudo ver sus ojos completamente rojos, se acercó hasta la cama y ella se acostó boca abajo para que él no la viese llorando. —No llores, Gaby. —¡Vete, Brian! —gimoteó ella. —No me iré… discúlpame por lo de Brittany, no sabía que era una trampa para hacerte sentir mal, lo siento. Tampoco sabía que sentías algo por mí… debiste habérmelo dicho —confesó él con mucho pesar. Brittany era una pequeña bastante popular en su escuela y cualquiera de los niños habría estado encantado de estar con ella, por lo que era inevitable reconocer que él había sucumbido ante ello. Pero había cosas que era mejor no decirlas, al menos no en esa circunstancia. Ella se calmó un poco, justo en ese momento él se sentó en la cama y ella volteó hacia él. Tenía una cara que denotaba que había estado llorando desde que había llegado ahí. Probablemente llevaba horas en la casa embrujada y él había sido un idiota de pensar que estaría en otro lado. —¿Qué hubiera ganado si te hubiese dicho? —Saber que yo también siento algo por ti, pero siempre tuve miedo de que me rechazaras y que te alejaras de mí, hubiese odiado perderte —le dijo Brian mirándola fijamente y acercándose peligrosamente a ella. —Yo también habría odiado perderte, precisamente por eso no te dije —aclaró ella, levantándose y lanzándose sobre su cuello. —Tonta —dijo él. —Prométeme que nunca tendrás nada con otra chica, prométeme que siempre me querrás sólo a mí —dijo ella con firmeza. —Sólo si tú lo prometes también. No me podría imaginar nunca que estés con otro chico, yo quiero que estemos siempre juntos. —No necesitas pedirme que lo prometa, yo sólo quiero estar contigo, Brian —le dijo ella con dulzura, y mirándolo a los ojos con una carita de borreguito que a él simplemente le encantaba. —Yo también quiero estar contigo nada más, Gaby. Prometo que nunca tendré nada con ninguna otra chica. —Dicho esto, le dio un corto beso en los labios a la pequeña, haciéndola sonrojarse y voltearse rápidamente. Ella era demasiado linda… Lo que él se preguntaba era si ella habría tenido algún novio, lo cual haría que ambos estuviesen a mano y se preguntaba si aún ella sentiría lo mismo; porque, sorprendentemente, él sentía que su corazón le estaba haciendo una jugarreta al ver a su adorada Gabrielle frente a él… aún le gustaba, aún la quería a pesar de los años. ¿Cómo había olvidado a alguien a quien había querido tanto? Y más siendo que los momentos con la pelinegra habían sido tan intensos, al punto de haber llegado a besarla y él sabía que eso había ocurrido más de una vez. Eran besos infantiles, pero besos en los labios, al fin y al cabo. Era algo que no podía entender, porque él no solía olvidar nada, recordaba cada cosa que había pasado en su vida en casa de sus tíos y, por algún motivo, todos los recuerdos de esa calle donde creció eran escasos, difusos e iban llegando fugazmente, mientras más interactuaba con Gabrielle. —Gaby… ¿te puedo preguntar algo? —Por supuesto —dijo ella mirándolo fijamente, con sus tiernos ojos que lo hacían sentir que podría llegar a temblar. —Tú… ¿has estado con alguien en estos años? Ella sonrió. —Por supuesto… que no —se burló—, he esperado por ti para que podamos estar juntos, en todos los sentidos —confesó sonrojada y empezó a morder sus sándwich con velocidad, reflejando todo el nerviosismo que tenía en ese momento. Brian se quedó callado y volvió su atención a los sándwiches. —¿Y tú has estado con alguien en estos años? El castaño se atragantó y empezó a toser. El rostro de Gabrielle se entristeció y sólo dijo un simple “Oh”, como sintiéndose completamente decepcionada del chico. Tenía que arreglar las cosas, así que exageró un poco el ataque de tos pensando qué le diría, hasta que finalmente contestó: —Depende de en qué sentido lo preguntes. —En todos los sentidos que lo quieras tomar —dijo severamente la joven y luego infló sus cachetes con algo de enojo. Hubo un silencio algo incómodo en el que Brian pudo ver cómo a Gabrielle se le aguaban los ojos y supo que era un miserable al haber actuado de esa forma y haber olvidado la promesa que tenían. “No quiero que ella se decepcione de mí” —pensó—. “No quiero mentirle, pero tampoco quiero que sufra”. El chico respiró profundo y, mirando hacia el sándwich, explicó: —No he tenido novia, si a eso te refieres —mintió, terriblemente, pero tenía que hacerlo, no podía hablar sobre Quinn, definitivamente—. Pero sí me he acostado con algunas chicas, no puedo negarlo. Se volvieron a quedar callados. Brian esperaba no haber arruinado las cosas como el día en que se había besado con Brittany. Por un momento ninguno de los dos habló y terminaron de comer los sándwiches en silencio. En lo único que pensaba el chico era en que después de haber sentido esa fugaz felicidad de haberse encontrado nuevamente con su amiga de la niñez. Pero luego había arruinado todo y sentía otra vez tristeza, y esta vez se debía al sentimiento de culpa por haber defraudado a alguien tan importante para él. “Bueno, tampoco es que recordaras que era importante para ti, sino hasta hace poco. Quizás deba hablar con mi madre en cuanto pueda sobre este tema” —pensó, bastante preocupado por la amnesia que presentaba. La chica se levantó y llevó el plato a la cocina, él se recostó nuevamente en la cama y se quedó viendo el techo colocando las manos apretadas fuertemente sobre su rostro. Cerró los ojos por un momento y fue como si repentinamente fuese a otra dimensión…
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