—No es fácil tu misión.
—¿Por qué yo debo ir?
—Porque puedes evitar un desastre, lo que está por ocurrir no es nada bueno, la encarnación del mal en el mundo. Y, además… ¿no querías conocer el mundo de los humanos?
—Sí, pero yo…
Una cálida sensación lo devolvió a la realidad, cuando abrió los ojos vio a Gabrielle pegada a él, no pudo evitar abrazarla y decir:
—Lo siento, no quise defraudarte.
—Es normal, los hombres tienen ciertas necesidades, ¿cierto? Siempre me lo dijo mi mamá porque nunca tuve nada con nadie esperando por ti. Ella siempre me decía que tú no serías totalmente fiel a tu promesa —expresó con sinceridad, pero al mismo tiempo la voz de la pequeña reflejaba decepción y tristeza.
Sí, definitivamente Brian era la peor escoria del planeta. Lo había arruinado todo. Y ver ese rostro tan inocente decepcionado había hecho que su corazón es estremeciera.
Ella suspiró con resignación.
—De igual forma, yo… ¡yo quiero estar contigo! —mencionó con determinación y mirándolo a los ojos, con esos ojos marrones que lo hipnotizaban, que le hacían olvidar todo lo imbécil que había sido y que le demostraban que quizás todavía tenía una oportunidad con su Gaby.
Más allá de las estupideces que había hecho, había una pequeña chica que confiaba firmemente en él y a quien definitivamente no podía seguir defraudando.
“Necesito romper con Quinn lo antes posible” —pensó Brian con decisión, sabiendo que no estaba bien continuar mintiendo o creando una “bola de nieve” de mentiras y secretos que dañarían el vínculo entre Gabrielle y él.
—Eres hermosa… yo también quiero estar contigo, ¿quieres ser mi novia como debió seguir siendo desde hace diez años? —preguntó él con un tono de perrito regañado y esperando la reacción de su amada Gabrielle.
Definitivamente Quinn lo mataría, pero realmente no le importaba para nada, terminaría con ella al día siguiente, ya lo había decidido.
Nadie era más importante en su vida que esa pequeña pelinegra que en ese momento lo abrazaba con devoción y con la que tenía que arreglar las cosas rápidamente.
—¡Claro que sí! —gritó ella emocionada abrazándolo.
Brian elevó a Gabrielle cargándola por la cintura para acercarla a él y alinear ambos rostros, tenía suerte de que ella fuese tan liviana y que él tuviera suficiente fuerza para hacer eso, producto de los años de entrenamiento deportivo.
Ella estiró los brazos a cada lado de la cabeza de él, sosteniéndose a sí misma, sin apartar la mirada de él y desviando su mirada de los labios a los ojos grises del castaño.
Con la mirada fija en ella, él llevó la mano derecha a su cabello, acariciándolo para palpar con regocijo la sedosidad de este, mientras que su mano izquierda la llevó directamente a la cintura de la chica, para atraerla con fuerza hacia él.
Gabrielle lo miró con un notorio sonrojo y sus ojos se mantuvieron fijos en los labios del otro, mientras que ambos sentían sus respiraciones por la corta distancia.
Finalmente, le dio un cálido beso, con la intención de hacerla sentir especial, y mostrarle cuánto la había extrañado.
¡Al diablo Quinn!
¡Al diablo su familia!
¡Al diablo todo!
Brian Linx por primera vez sintió cómo la calidez de unos labios llenaba plenamente su corazón, más allá de lo que cualquier cosa hubiera lo hubiera podido llenar alguna vez.
Ese momento lo atesoraría siempre…
…
Después de esa tarde con Gabrielle, Brian definitivamente había aceptado que algo en él necesitaba permanecer a su lado, era como si una parte de su ser le dijera: “Tienes que estar con ella, es necesario”, como si se tratase de algo inquebrantable que lo atraía fuertemente hacia ella. Y, aunque los besos habían sido delicados y habían durado un corto tiempo, ya que luego ella se había concentrado en contarle sobre los últimos años de su vida, no dejaba de pensar en esos labios.
Y así había llegado la hora de irse y volver a la mansión de sus tíos, pero esta vez con una sonrisa que, incluso, había sorprendido a su madre. También esa misma noche había hablado con Quinn: ya era hora de terminar con esa farsa de “relación” que tenían, la cual prácticamente se basaba en la conveniencia y los contactos de personas influyentes.
Suspiró y mandó un simple mensaje de texto: “Necesito hablar contigo. Te espero mañana a las 16:00 horas en el restaurante de la 5ta Avenida donde fuimos a nuestra primera cita. ¡Ve tú sola, por favor!”
Y se acostó a dormir, esperando soñar con la joven más bella que pudiera haberse encontrado en su vida: Gabrielle Sibelius.
Estaba en la casa embrujada con Gabrielle, era un recuerdo de cuando tenían 9 años, meses después de encontrar al extraño gusano por primera vez.
Se encontraban en ese momento evaluando al extraño gusano, que por algún motivo parecía haber crecido a un tamaño mucho mayor que la primera vez que lo habían visto, tenía aproximadamente unos 18 cm de longitud para ese momento. Lo curioso era que, además, parecía más “obeso” y eso les generaba curiosidad, ya que habían revisado varias enciclopedias en la ciudad y no habían encontrado una descripción de lo que pudiera ser esa criatura, no se parecía a ningún invertebrado conocido por ellos y, dicho sea de paso, parecía no necesitar alimento para sobrevivir.
Detalló las características del gusano, su piel era como una especie de seda negra, y era de características alargadas, como si de una serpiente se tratase, pero no se podía definir de qué lado se encontraba la parte cefálica y la cauda, pues de ambos lados no parecía tener por dónde alimentarse. Se encontraba enroscado sobre un área quemada y en la que se notaba que el piso era bastante débil, y apenas y se movía sólo para enrollarse en sí mismo, como si ni siquiera pudiera ver a su alrededor.
El lugar donde lo habían hallado y en el que lo mantenían era un cuarto de servicios que estaba casi en la entrada de la casa y solían verlo una vez por semana desde que se lo habían encontrado para ver si ya se había muerto, ya que no tenía ninguna fuente de alimentos.
—¿Qué crees que sea? —preguntó por enésima vez la pelinegra.
—Eh… hasta ahora no he encontrado nada sobre este tipo de gusanos en ningún lado, la verdad —explicó—. Aunque creo que la biblioteca de la escuela tampoco es la mejor —agregó.
—¿Crees que deberíamos llevarlo a los adultos? Ha crecido mucho y no sé cómo es posible que sea de ese tamaño si no come nada.
Él negó con la cabeza.
—Probablemente lo maten y prefiero que muera por sí solo para luego hacerle una autopsia —informó con emoción Brian y Gabrielle hizo una mueca de asco—, igual no parece ser capaz de salir de aquí, siquiera, y no creo que sea peligroso.
El pequeño tomó una varita que utilizaba para remover al gusano semanalmente y para estirarlo, de forma que pudiera medirlo y estableció que, efectivamente, estaba midiendo ya 18 cm, exactamente 10 cm más que en el momento en que lo habían hallado. Después de que Brian lo soltó, la criatura volvió a enroscarse sobre sí mismo, dando la apariencia de que un caracol n***o se encontraba sobre el área quemada.
—¡Pero es asqueroso! ¡Y me da miedo! —enfatizó Gabrielle.
—Tranquila, si quieres yo luego me encargo de venir a verlo solo.
La pequeña negó con la cabeza y él le acarició el cabello, alborotándoselo.
En ese momento, se percataron de un extraño ruido en la casa, parecía como si alguien estuviera removiendo las cosas en la sala. Se miraron con temor, pensando en la posibilidad de que fuese alguna especie de fantasma que se acercaba a ellos.
¿Qué estaba sucediendo en la casa en ese momento?