Brian le hizo una seña a Gabrielle para que se mantuviera callada y se acercó hasta la puerta para escuchar mejor, dándose cuenta de que había dos personas conversando en el lugar.
—¿Estás seguro de que ese estúpido gato entró aquí? Este lugar me da escalofríos —habló una voz masculina, que Brian no conseguía reconocer, pero que le pareció que pertenecía a algún adolescente de la cuadra.
—Sí, lo vi entrar —dijo otra voz, también masculina, que le acompañaba—. Tenemos que buscarlo porque mi hermanita va a darme problemas si no lo encontramos.
Brian y Gabrielle se miraron por un momento, con picardía: estaban pensando lo mismo, en hacerles una broma a los chicos para que pensaran que había fantasmas en la casa.
Caminaron hacia un agujero que había en la pared y que conectaba con la alacena debajo de la escalera y sacaron una pequeña linterna para moverse por el lugar. Salieron con dirección a la cocina y, ya ahí, lanzaron unas ollas al piso, para luego correr hacia la puerta del sótano, que se encontraba en la cocina.
Se quedaron parados en la puerta y pegaron sus oídos para continuar escuchando la conversación de los adolescentes.
—¿Habrá sido el gato? —oyeron decir y la chica intentó contener la risa tapándose la boca.
El castaño le hizo señas y la instó a bajar las escaleras rápidamente hacia el sótano, para hacer ruido mientras bajaban. Después de ello, lanzaron algunas piezas metálicas para que los chicos bajaran y se escondieron en lugares diferentes del sótano.
Brian se fue detrás de unas cajas y Gabrielle se escondió debajo de una mesa.
Poco después, vieron una linterna iluminar el lugar, mientras unos chicos de unos 14 años bajaban por las escaleras. Por la misma oscuridad, Brian no pudo reconocerlos, pero tampoco les dio mucha importancia.
Apuntó su linterna desde abajo hacia arriba a su cara, volteó los ojos y puso una cara lo más terrorífica posible, para luego mirarlos fijamente y con voz más chillona de lo normal decir:
—¡Acabaré con ustedes!
Los chicos chillaron al ver al pequeño e intentaron irse, en ese momento Gabrielle arrojó unos potes metálicos al piso y lanzó un chillido ensordecedor.
Los gritos de los dos muchachos no se hicieron esperar y corrieron aterrados subiendo las escaleras. Gabrielle y Brian se encontraron y chocaron las manos con diversión, para luego subir por las escaleras, pero mientras subían, una sensación extraña recorrió la espalda del castaño, haciéndolo que toda su piel se erizara.
Miró a la niña a su lado, y de repente sus ojos se veían como cuencas vacías negras y caminó hacia atrás, chocando con una pared.
—Es la hora… —oyó decir a una voz desconocida y gutural.
La voz le causó más escalofríos, pero Brian de repente sintió un cambio notorio en las características del sueño. Ya no era un recuerdo, él estaba siendo capaz de reconocer la voz y recordar que él era ya un adulto.
El joven logró reconocer como la voz que le había hablado el día anterior en la casa embrujada, antes de encontrarse nuevamente con su chica…
En ese momento, Brian despertó, con todo su cuerpo temblando y recordando finalmente que, antes de encontrarse con su hermosa Gabrielle, había tenido una experiencia surreal y sobrenatural. Intentó recuperar su respiración y miró al reloj: ya era hora de ir a la universidad, en la tarde tendría una importante reunión con Quinn.
…
Esa tarde, por fin había llegado el momento de encontrarse con Quinn. Fue en auto hasta el lugar, ya que había pedido prestado el convertible a uno de sus primos, con la intención de reducir las probabilidades de ser visto.
Apagó el motor y se bajó lentamente del convertible gris. Seguidamente, caminó con las manos en los bolsillos, mirando a su alrededor con exagerada tranquilidad, mientras se dirigía al lugar acordaron.
Sinceramente, el castaño sentía que no era del todo fácil expresarle a la chica que llevaba dos años siendo su novia que no quería nada más con ella porque se había reencontrado con su verdadero amor y no la perdería por una descerebrada como ella.
Por otra parte, el lugar que había elegido para citarla era lo suficientemente lejos como para que Gabrielle no se enterara de lo que él estaba haciendo (en caso de que por mera casualidad pasara por ahí).
Más temprano había visto a Quinn en la universidad, pero no podía actuar inapropiadamente ante las miradas de sus conocidos. Y esto era de gran relevancia dado que sus tíos tenían como socios en su compañía a unos familiares de la rubia. Cualquier movimiento que él hiciera y que no fuese cauteloso para garantizar la protección de los intereses de su familia, podría implicar pérdida de fondos para sus tíos.
Miró a su alrededor y notó que no estaba en las inmediaciones, de forma que dejó que una de las meseras tomara su pedido, una de las típicas mujeres que le coqueteaban descaradamente. Brian simplemente le sonrió a la chica y la ignoró, pues realmente le incomodaba un poco llamar la atención.
Quinn tardó muchísimo en llegar, tanto que le había dado tiempo de tomarse tres cafés esperándola y hasta había solicitado un pedazo de pastel para comer junto con una de las tazas de café que había comprado. Cuando ella llegó, lo saludó con un beso, que él recibió sólo para ser cortés y para que la mesera lo viera y dejara de lanzarle miradas sugerentes.
—¿De qué quieres hablar, cielo? —cuestionó ella con cara de ilusión, como si sintiera que se acababa de ganar la lotería.
—Quinn, esto es muy difícil para mí, así que seré breve… —empezó él, pero ella lo interrumpió con un chillido emocionado.
—Ay, ¡ya sé lo que me dirás! Y la respuesta es sí, acepto.
Brian no estaba del todo seguro de que Quinn estuviera entendiendo lo que él estaba diciéndole, pero realmente le importaba poco, aprovecharía ese momento, definitivamente.
—¿En serio?
—Sí, acepto casarme contigo… es más, ya hablé con mis amigas y les comenté que me pedirías matrimonio y me dijeron que me ayudarán a organizar la boda.
Ella parecía completamente emocionada. Y Brian finalmente cayó en cuenta de lo que había interpretado la descerebrada que tenía por “pareja”.
—Espera… ¿estás loca? —cuestionó él.
—¿Por qué, cielo? ¿Crees que es muy pronto para organizar? Pero una boda no es algo sencillo, se necesitan muchos preparativos y encontrar un vestido adecuado… —Ella siguió enumerando las cosas que se requerían y él no salía de su estupefacción ante la capacidad que Quinn tenía para armar una telenovela en su mente—. Pero mis padres también están al tanto y están súper felices, incluso nos prestarán el yate para la luna de miel…
Él la miró y arqueó una ceja, ella seguía hablando y él decidió que lo mejor era romper la burbuja en la que estaba metida de una buena vez.
—Quinn… yo no te amo, nunca te he amado y no me casaré contigo —sentenció tajantemente.
—…y podemos ir a París también… —se quedó callada finalmente y dijo—: ¡¿Qué?!
—¿Quién en su sano juicio se casaría con alguien cuyas neuronas no hacen sinapsis y que piensa que el parlamento es una iglesia cristiana?
Ella permanecía boquiabierta.
—Quinn, no quería ser tan duro, pero la verdad es que no te soporto más, sé que fuiste la primera chica con la que tuve algo de tal magnitud, así como la primera y hasta los momentos única chica con la que me he acostado. —Esto último no era del todo cierto, ya que había engañado a Quinn un par de veces en fiestas con sus amigos, pero evidentemente no podía decir eso—. Pero tienes que entender que eso no lo es todo… no puedo estar contigo, te confieso que amo a alguien más, alguien con cerebro...
—¿Y qué vas a hacer con el cerebro, cariño? —se burló ella, pero Brian sabía que en realidad sólo estaba bastante dolida por lo que él estaba diciendo.
Él suspiró.
—No espero que lo entiendas, eres demasiado hueca y superficial para entenderlo, pero yo quiero a una mujer de verdad…
Realmente estaba siendo cruel, lo sabía, pudo notar que unas señoras en la mesa de al lado lo miraban con desaprobación, pero definitivamente le importaba muy poco eso, sólo quería quitarse de encima al estorbo que tenía por “novia”.
—¡Yo soy una mujer de verdad! ¿No ves mi cuerpo? —En ese momento, Quinn hizo un ademán con las manos, señalándose desde el cuello hacia abajo, y dando a entender que físicamente estaba bien proporcionada. Y sí, era cierto, definitivamente Quinn era hermosa, eso no se podía negar, pero también era evidente que carecía de ese “algo” que era lo que Brian estaba buscando.
Sintió pena por ella, pero no podía quedarse callado más tiempo, todo lo que quería era terminar con esa farsa y poder volver a reunirse con Gabrielle.
—¡La belleza se va, Quinn! ¡La belleza desaparece cuando la mujer tiene unos cuantos años y es ahí donde quedan los sentimientos, el cerebro, la madurez! ¡Yo no voy a estar con una niña de papi y mami, caprichosa, que se jacta de estar con uno de los más populares de la universidad! Lo siento, Quinn, pero lo nuestro terminó definitivamente.
Brian se levantó del asiento y se dirigió a pagar, luego salió del establecimiento.
Subió a su auto y lo encendió, sabía que había sido duro con ella, pero de verdad no quería tenerla más en su vida, y mucho menos quería que Gabrielle se enterara de la existencia de Quinn. Bien, se sentía agradecido de haber podido salir de ese noviazgo, el cual, por suerte, había pasado desapercibido por la mayoría de las personas y les diría a sus amigos que no mencionaran nada acerca de lo de él y la rubia cuando por fin pudiera presentarles a su amada Gaby.
Cuando arrancó, una chica se atravesó en su camino. Su cabello rubio ondeaba con la brisa de su alrededor, mientras que los ojos azules lo miraban penetrantemente. Suspiró. Quinn no se daba por vencida.
Bajó el vidrio del auto y le gritó:
—¡Apártate!
—Tengo que decirte algo antes de que te vayas.
Él suspiró, pero la dejó hablar.
—Dime para largarme y espero no volver a verte nunca.
—Estoy embarazada, no puedes dejarme.