Capítulo 10: Recuerdos siniestros

909 Words
—Estoy embarazada, no puedes dejarme —repitió la mujer, mirando fijamente a su “novio”. La cara de Brian fue de terror, definitivamente esa era la peor noticia que pudiera haber recibido, y eso que normalmente no solía importarle demasiado el hecho de que Quinn le dijera cualquier cosa. Pero, si eso era cierto, definitivamente Gabrielle no querría estar con él nunca más… y eso realmente era demasiado para lo que estaba dispuesto a soportar. … Regresó a casa completamente devastado. Lo último que había hecho había sido decirle a Quinn que la llevaría al ginecólogo al día siguiente, pero ella había evadido eso diciendo que tenía cosas que hacer de la universidad y que no podía ir hasta luego de unos días, que ella le avisaría. Parecía entre emocionada de “ir al ginecólogo con él” y un poco dubitativa, lo que realmente inspiró a Brian a pensar en que existía un remoto caso de que lo del embarazo fuese sólo una estrategia de su “novia” para amarrarlo. Pero… ¿y si no lo era? ¿Y si realmente ella estaba esperando un hijo de Brian? Se encontró con dos de sus primos en la sala de estar jugando videojuegos, estos lo saludaron y lo invitaron a jugar, pero él declinó con el argumento de que debía estudiar para un examen que tenía luego. Subió las escaleras y se dejó llevar por el sueño, para descansar un poco mientras pensaba qué haría… —Ha crecido demasiado, Brian. De verdad ya me está dando miedo —se quejaba una Gabrielle de 11 años mientras veía al gusano en que prácticamente al enroscarse ya cubría la mitad del área quemada que estaba en ese lugar. —Calma, Gaby. No pasará nada, confía en mí. Notó que apenas y era posible medirlo, porque estaba enroscado, así que había buscado una cinta métrica bastante larga, que había sacado en ese momento y colocado con mucho cuidado sobre el cuerpo del gusano. Cada vez sus transparencias dejaban ver que el interior dentro de él era más n***o. ¿Qué clase de ser era ese? Que ni siquiera requería alimentarse. Terminó de medirlo y confirmó que había alcanzado los 80 cm de longitud, y enroscado probablemente cubría un diámetro de 30 cm, es decir, que si crecía por unos 3 o 4 años más (considerando su velocidad de crecimiento), cubriría por fin la mancha en la madera quemada. Brian estaba ansioso con ver de qué tamaño llegaría a ser el gusano para cuando ellos estuvieran en la preparatoria. —Insisto en que deberíamos hablar con los adultos, esa cosa no es normal y no se parece a ningún ser vivo conocido… y créeme que he buscado en muchísimos libros —enfatizó algo enojada la pelinegra. —Enana, cálmate, yo te protegeré del gusano malvado —expuso Brian con confianza, llevándose una mano al pecho con solemnidad. Gabrielle se echó a reír y le dio un beso en la mejilla. —Está bien, pero prométeme que, si pasa el metro de longitud, hablaremos con los adultos. —Vale, lo prometo —corroboró el castaño, mientras se ajustaba los lentes. Se abrazaron y salieron de la habitación, pero en ese momento de las paredes de la casa empezaron a brotar grandes cantidades de un líquido viscoso de color n***o, que corría a su alrededor. Brian miró asustado cómo las paredes empezaban a tener ese líquido corriendo por ellas y cómo todo se ponía completamente n***o. Quiso voltear a ver a su enana y notó que de sus ojos también salía ese líquido n***o, como si de lágrimas se tratase. —¿Qué te pasa, Brian? —La dulce voz de la pequeña sonaba más terrorífica, y le recordaba algo. —Espera… esto es un sueño. —¿Un sueño, Brian? ¿Por qué sería un sueño? —interrogó esa versión de ultratumba de su pequeña, con la misma voz gutural que le había hablado en la casa embrujada días antes, mientras de las cuencas que había pasado a tener por ojos empezaban a dejar salir a borbotones el líquido negruzco, que también salía por sus fosas nasales, por su boca y por sus oídos. Caminó con terror hacia la entrada de la casa y pisó parte de ese líquido, dándose cuenta de que no le permitía moverse más. —Es la hora de que vuelvas a mí, Brian —aseguró la voz que brotaba de los labios, más gutural que nunca, con el líquido impidiéndole expresarse con normalidad. —No sé quién eres… pero no me harás daño. Una risa macabra brotó de todos los rincones de la casa, sintiéndose como si se tratase de un cuento de terror y generando un temor irracional en Brian… Despertó sobresaltado y respirando entrecortadamente, era surreal lo terrible que había sido ese sueño, y primera vez que experimentaba algo de ese tipo. Ese tipo de sueños que estaba empezando a tener le daban mucho miedo y todos se relacionaban con la casa embrujada, pero simplemente prefirió ignorarlo. Bajó a buscar un poco de agua y se encontró con que había algunos cupcakes sobre la mesa, eligió tomar uno y preparar algo de leche caliente para cenar eso y luego volver a dormir. Quizás con un poco de leche caliente lograría tranquilizar esos pensamientos. Y todo por culpa de Quinn y de los eventos tan extraños que había estado viviendo en los últimos días.
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