Mientras caminaba sin rumbo fijo, empezó a pensar en sus desgracias y en el horror…
No hallaba qué hacer, si Quinn estaba embarazada, realmente se acabaría todo… Gabrielle era muy moralista como para seguir con él sabiendo que eso impediría que un niño creciera con su padre.
Pero igualmente la rubia no le había mostrado ni siquiera la prueba de embarazo en una semana y eso que él insistía en pedírsela y resaltarle la importancia de ir a consulta ginecológica, pero, en lugar de parecer más “emocionada” como al principio, ella simplemente se indignaba y decía que él no creía en ella.
Y aunque algo le decía que lo del embarazo de Quinn era mentira o había alguna otra cosa extraña que pudiera estar relacionada, no hallaba qué hacer porque su enana seguramente se enojaría muchísimo y se alejaría de él definitivamente.
Le había comentado todo ese asunto a su madre, que era la única que lo entendería y su madre pensaba lo mismo que él: que no podía confiarse hasta que Quinn le demostrara de alguna forma la veracidad del embarazo y, dicho fuera de paso, él tenía algunas semanas sin tocarla en lo más mínimo.
Además de eso, era evidente que Brian no tenía interés en seguirla tocando, aun cuando ella lo buscaba, pero sólo le daba asco ese cuerpo de plástico, y la verdad era que siempre le había desagradado un poco tocar los pechos de silicón de la rubia.
“Es tan… anormal” —pensó él, recordando con mucho asco las protuberancias tan desagradables que Quinn tenía.
Y sí, muchos habrían dicho que él era “gay” si hubiera expresado abiertamente en algún momento su desagrado por el cuerpo de silicón de Quinn, además de que una cosa había llevado a la otra y así era como había terminado manteniendo una relación “sentimental” por dos años con semejante descerebrada.
En cambio, le llamaba más la atención su dulce y hermosa Gabrielle, la cual tenía su piel blanca como la nieve, con esos labios rojos como las rosas y sus facciones delicadas… era como si fuese una “Blanca Nieves” de la vida real.
No tenía el cuerpo tan perfecto, él había podido notar unos cuantos rollitos en su cintura y algunas estrías en sus pechos después de detallarla mejor sin esos sweaters enormes que usaba, pero igual para él era perfecta y hermosa. Tenía temas de conversación muy divertidos y seguían gustándole los videojuegos y las caricaturas.
Había sido inevitable para Brian ir todos los días a su casa a verla desde que se habían reencontrado, pues cada día se estaba convirtiendo en algo mucho más adictivo para él.
Y, cada vez que se veían, paseaban en dirección a la mansión embrujada para besarse como locos sobre la cama de la habitación principal, todo esto evidentemente después de haber limpiado un poco y conseguido sábanas limpias para colocar sobre la antigua cama.
Había chispa, había llama, había un deseo incontrolable en Brian de hacer y deshacer con su hermosa Gabrielle.
No la había tocado más allá de los besos, salvo una que otra caricia sutil al recorrer con delicadeza su cintura y sus caderas. Era tan pura y dulce que quería esperar, guardaría ese tesoro para cuando fuese un hombre completamente libre, pues la sombra de Quinn seguía atravesada en su camino.
Pese a ello, uno de los grandes problemas que se le estaban presentando en ese momento era que Gabrielle casi le suplicaba que pasara algo más, pues había pasado muchos años esperando por él.
“Soy patético” —pensó el joven, empezando a sentir que su cuerpo lo traicionaba y que el remordimiento de consciencia lo iba a matar.
No quería deprimirse, sentir que su vida era un infierno y estaba enterrado en un verdadero vacío, en un mundo realmente cruel, pero… no podía negar que estaba entre la espada y la pared.
Además, rogaba todos los días que sus tíos no se enterasen de lo ocurrido con Quinn, pues su alcurnia haría que él estuviera obligado a responsabilizarse de un hijo que no quería, y que ni siquiera tenía formas de probar que existía, ya que la rubia no quería demostrarle la existencia de “su bebé”.
Él lo razonaba, lo meditó muchas veces, que era imposible, él siempre se cuidaba cuando estaba con la rubia, ¿cómo podía haber quedado ella embarazada? Por no mencionar el tiempo que tenían sin tener sexo, que debían ser unas cuatro o tal vez cinco o seis semanas… quizás más.
“Creo que la última vez que me acosté con ella fue estando ebrio… ese día que casi atento contra mi vida” —pensó Brian, quien sabía que la desesperación por el vacío de su interior era una constante frustración para él, un constante recuerdo de que la vida quería pisotearlo una y otra vez.
El castaño entendía que los métodos anticonceptivos podían llegar a fallar, el condón podría haber tenido algún pequeño agujero por donde escapasen algunos espermatozoides, pero rogaba a Dios para que las cosas no fuesen así… especialmente porque no estaba del todo seguro de lo que había pasado esa noche.
“Debería dejar de ingerir alcohol de ese modo” —pensó él, regañándose a sí mismo, mientras pasaba su mano por el cabello, alborotándolo como siempre hacía al intentar aplacarlo.
Dio un gran suspiro, mientras metía sus manos en el bolsillo y pateaba unas piedras en el camino. No entendía por qué le gustaba tanto caminar hacia esa zona de la ciudad, siendo que bien habría podido utilizar el auto que siempre manejaba; no obstante, estaba siendo relajante y lo ayudaba a no sentir nuevamente deseos de acabar con su vida… o al menos eso esperaba.
Mientras seguía caminando así, Brian marcó un rumbo hasta la casa de su chica, dejándose llevar por sus cavilaciones, pero, siendo sincero, tantas preocupaciones lo aturdieron y le impedían pensar con claridad.
Suspiró nuevamente y pateó una piedra un poco más grande, la que vio rodar en dirección a un césped artificial medio destruido: estaba en frente de la mansión embrujada.
A pesar de no haberse dado cuenta de cuán rápido había llegado al lugar, al ver la edificación en ruinas sintió que esta lo llamaba, como solía ocurrir cuando la veía y tomó la decisión de mantenerse un tiempo a solas para enfocarse en sus divagaciones: tenía que reconocer que ese extraño, y en ocasiones espeluznante lugar, era el idóneo para dejar que sus pensamientos acelerados se calmaran, mientras lograba tomar una decisión sobre qué hacer con Quinn y Gabrielle.