Bajo la superficie

518 Words
Los días pasaban como cuchillas. Lentos, filosos, cada uno dejando una nueva herida que nadie podía ver. Ella no hablaba de Kael. No preguntaba. No lloraba. Solo fingía. Mantenía la rutina, las clases, las reuniones sociales, como si no se estuviera derrumbando por dentro. Pero por las noches, el silencio la devoraba. Y con él, la ansiedad. Kael no había escrito. No había llamado. No existía. Y lo peor era que ni siquiera sabía dónde empezar a buscar. Pero esa mañana, algo cambió. Un sobre. Sin remitente. Sobre su pupitre. Lo abrió con los dedos temblorosos. Solo había una hoja doblada en cuatro, con una dirección escrita a mano, y un mensaje: **"Si lo quieres de vuelta, ven sola."** El corazón se le detuvo. No era una amenaza directa. Pero lo era. Todo su instinto gritaba que Kael estaba en peligro. Que alguien estaba jugando con ella. Que todo esto no era una advertencia… era una trampa. Pero aun así, supo que iría. *** Esa tarde, tomó el auto sin chófer. Mintió con la facilidad de una experta. Dijo que tenía una cita de estudio, que volvería temprano. Y nadie sospechó. La dirección la llevó a un barrio industrial, en las afueras de la ciudad. Galpones abandonados. Grafitis. Silencio. Todo parecía fuera de lugar… y sin embargo, encajaba perfectamente en la pesadilla que estaba viviendo. Se detuvo frente al número marcado. Las puertas de metal estaban entreabiertas. Tragó saliva, se ajustó el abrigo y entró. El lugar olía a polvo y humedad. Y algo más. Algo más denso. Más peligroso. —Sabía que vendrías —dijo una voz desde la sombra. Ella se giró con el corazón en la garganta. **Leonard.** Apoyado contra una viga oxidada, vestido con un traje oscuro y esa maldita sonrisa. —¿Dónde está? —preguntó ella, sin rodeos. —Relájate. Está vivo. Por ahora. Ella apretó los puños. —¿Qué quieres de mí? Leonard la observó en silencio unos segundos. Luego se acercó. Muy lento. Como un depredador que disfruta del miedo de su presa. —Solo quiero que entiendas algo. —Su voz era suave, casi dulce—. El mundo no es para soñadores. Kael no es tu libertad. Es tu ruina. Y yo no voy a permitir que te arrastre con él. —¿Lo secuestraste? Leonard rió con suavidad, como si fuera una broma. —Digamos que… lo puse en pausa. Para que recapacites. Para que vuelvas a mí. —Estás enfermo. —Estoy enamorado. Hay una diferencia. —No. No la hay —espetó, retrocediendo un paso. Pero él no la dejó escapar. La tomó del brazo, esta vez con más fuerza. —Tienes hasta mañana para decidir. Si no… me aseguraré de que no vuelvas a verlo jamás. Ella sintió que se le helaba la sangre. Leonard soltó su brazo con una sonrisa, como si no hubiera pasado nada, y salió por otra puerta, dejándola sola en la penumbra. Sus piernas temblaban. Su corazón latía como un tambor desbocado. Kael estaba en algún lugar. Y ella tendría que enfrentarse al infierno… para traerlo de vuelta.
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