Emmanuel queda mirando al vigilante, y se sonríe un poco, diciéndole: — No tienes por qué mentir. — No, no, es cierto. — Si tú lo dices. De inmediato, Emmanuel sube a su apartamento. Cuando el vigilante se seca su sudor con un pañuelo, y dice: — Que nervios me hizo dar este hombre… Antes de llegar a su destino, Emmanuel se encuentra con varios vecinos y todos lo quedan mirando extraño, hasta que casualmente se encuentra con Eusebio, quien de una le da la mano, diciéndole: — Hola amigo, que bueno que estes en libertad. — Hola Eusebio, pensé que me ibas a ver como los demás. — ¿Y cómo te han visto los demás? — Asustados y algunos con cara de desprecio. — No te preocupes, ya se les pasara. ¿Y vienes a vivir de nuevo a qui? — No se todavía, yo estoy con muchas d

