En seguida, Emmanuel se sonríe un poco al ver que Salma le dice esas palabras con sinceridad, y le expresa: — Se ve que eres una gran mujer. — Soy una mujer común y corriente. — La cual tiene un corazón grande, eso se nota en tu mirada. — Bueno Emmanuel, todo está muy bien, pero ya tengo que irme. — Me dijiste que ibas a leer un libro y arreglar tu ropa para mañana. — Si, así es. — Que date un instante más, ¿o es que me vas a invitar a tu casa? ¿Quieres seguir la celebración del triunfo de Barcelona allá? Además, quiero saber más de ti. Salma se ríe bastante, y luego le dice a Emmanuel: — Pero que lanzado eres, ¿y que más quieres saber? — Nada… mentira, ¿si vives sola o con tus padres? — Vivo sola, ¿contento? — Un poco, lo estaré más si me invitas algún d

