Si tan sólo... No, ya no vale la pena.
Realmente fue mi culpa que todo esto sucediera, yo me metí en la boca del lobo sin medir mis consecuencias, sin embargo, en ese momento no estaba pensando, sólo entendía que el hombre de mis sueños me estaba pidiendo pasar tiempo juntos, aunque fuese por trabajo.
- Hola, Liz. - Dice recordando mi nombre, lo que me encanta.
- Hola, Sr. Haynes. - Digo dejando mi computador sobre la mesa que se encuentra al lado derecho de su oficina.
- ¿Está bien si te digo Liz? ¿O prefieres Eliza? - Un recuerdo se viene a mi mente... Ese hombre con el que me casé me llamó Eliza, dijo que le gustaba mi nombre así. Dios... ¿Qué hago recordando eso ahora? ¿Justo ahora?
- Me gusta Eliza, pero todos me dicen Liz. - Respondo sentándome en el gran sofá frente a la mesita, mientras él me deja unas carpetas sobre la mesa.
- ¿Quieres comenzar de inmediato o comemos primero? - Pregunta sentándose a mi lado.
- Podemos comenzar de inmediato, así terminamos pronto ¿Qué le parece? - Digo mirándome en sus hermosos ojos, lo que me llevan a imaginar un mundo completamente nuevo.
- Me parece que deseas alejarte muy rápido de mí. - Comenta bajando su cabeza, mi primer instinto es tomar su bello rostro entre mis manos para levantarlo, pero el recuerdo de que se trata de mi jefe me detiene de inmediato.
- No, eso no, es sólo que me imagino que usted está muy ocupado y mientras antes terminemos, antes usted puede continuar con sus cosas. - Digo recordando a la rubia saliendo de aquí.
- ¿Lo dices por Cindy? - Pregunta y la verdad es que no sé si se refiere a la rubia del casino o habla de alguien más.
- No sé quién es Cindy. - Bajo yo la cabeza ahora, pero él toma mi barbilla y me obliga a mirarlo con un dejo de ternura en sus ojos.
- Tonta, Cindy es sólo una linda chica que desea algo conmigo, pero a mí me interesa otra persona. - Sus palabras son dulces y algo melancólicas, así que le sonrío y él se acerca aún más.
- Entonces ¿Qué dice? ¿Trabajamos antes? - Pregunto ansiosa y él me sonríe moviendo su cabeza hacia un lado con esa hermosa fila de dientes que se ven tan preciosos en él. Dios... Realmente es un hombre magnífico.
- Bien, trabajemos. - Se mueve hacia su escritorio y toma su computadora acercándola a mí.
- Este es el último balance, necesito que podamos revisar cada aspecto reflejado en este documento, por favor. - Le sonrío y comienzo a sacar documentos para cotejar el balance y hacer una carpeta con cada documento que justifica el balance.
Han pasado dos horas cuando Billy se acerca a mí y toma mi computadora para guardar y cerrar el documento.
- Es hora de comer. - Dice abriendo una caja que contiene al menos unas cien piezas de sushi, hay de todas las variedades y se ven exquisitos, es algo de otro mundo.
- Wow... Se ven hermosos. - Es la primera vez que puedo decir que mi estómago habla por mí.
- ¿Te gustan? Pedí de todas las categorías por temor a que no te gustaran mis elecciones. - Ay, Dios mío... Si tan sólo supieras que todas tus elecciones me encantan.
- Mucho. Son de mi completo gusto. - Digo tomando los palillos que me ofrece y coloco algunas piezas distintas en mi plato para aprovechar de probarlas todas.
- Sabía que eras de las mías. - Habla con una sonrisa críptica en su rostro.
- ¿Cómo? ¿Disculpe? - Digo tragando aquella exquisita pieza envuelta en salmón y rellena de caviar que sabe como el mismo cielo.
- Me refiero a que te gusta tanto el sushi de salmón como a mí. - Sonríe ofreciéndome una copa de vino blanco dulce.
- Gracias. - Digo sintiendo por primera vez mariposas en el estómago, y sé que no son los huevos de pescado que me acabo de comer.
- A ti, Liz. Por quedarte, por ayudarme, por no pedir nada a cambio y siempre estar para mí. - Imagínate que el hombre al que amas te diga eso... Me estoy comenzando a derretir de forma espontánea.
- Gracias a usted, Sr. Haynes, por darme la oportunidad de trabajar a su lado ya prender del mejor. - Él ríe con una dulzura increíble, es tan...
- ¿Cuándo me tratarás por mi nombre? Dime Billy, Liz. - Se acerca y coloca un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
- Gracias, Billy. - Digo mordiendo mi labio mientras él me mira con ojos extremadamente transparentes.
- ¿Te puedo hacer una pregunta, Liz?
- Si, claro. La que guste.
- ¿Tienes novio? - Me mira y mis ojos se queman con tanto amor.
- No, Billy, no tengo novio, y es que tampoco tengo tiempo para eso.
- Oh, diablos, soy un pésimo jefe. - Dice lamentándose, lo que me hace reír.
- No es sólo por el trabajo, es que tengo, bueno... - Quiero hablarle de mi hermana, pero me interrumpe.
- Entonces ¿Qué piensas del matrimonio? - Carajo... Cómo le digo que no tengo novio, pero que estoy casada...
Esto puede parecer ridículo, pero realmente siento deseos de reírme de mí misma.
- Eh, el matrimonio... Bueno, es... Un simple contrato. - Digo sin entender a dónde quiere llegar con todo eso.
- Es bueno que así lo creas, quizá el matrimonio no sea relevante, pero hay mucha gente que cree en él. - Dice sonriendo, algo que me agrada, ya que no tendrá problemas al saber que estoy casada.
- Si, yo pienso lo mismo, es por eso que... - De pronto, un toque en la puerta nos interrumpe.
- Adelante. - Dice él en tono amable dejando su plato a un lado.
- Permiso, Sr. Haynes, su hermano está aquí. - Un hombre alto, de mediana edad y muy serio habla con cierta frialdad.
- Está bien. Dígale que me espere en la sala de juntas. - Comenta Billy.
- Dice que lo verá en su oficina. - El hombre cierra la puerta con autoridad y eso me parece demasiado excesivo para un simple asistente.
- Bien, Liz, creo que ha llegado la hora de liberarte. - Su sonrisa me dice que es hora de seguir mi camino y salir de aquí, así que cojo mi computadora y mis archivos y salgo de la oficina de Billy hacia el ascensor.
Una vez que doblo la esquina, puedo ver a un hombre alto, serio, guapo, con un traje n***o, cabello oscuro y un cuerpo de modelo innegable que se me hace muy conocido.
Llego hasta el ascensor mirando al hombre que se dirige hacia la oficina de presidencia sin encontrarse de frente conmigo.
Me subo y a su vez, Camila sube corriendo mientras viene del otro lado.
- ¡Dios! Menos mal que alcancé. - Dice limpiando su frente.
- ¿Por qué saliste tan tarde? - Le pregunto sorprendida por su aspecto.
- Es que no sabes... Mañana llega el nuevo jefe y yo estaba preparando la oficina de Gerencia, pero parece que el jefe viene a ocupar la oficina de Presidencia, así que hubo una confusión, un altercado y una discusión, al final no pude ordenar la oficina de Presidencia porque Billy dió la orden de que sólo se arreglara la de Gerencia, es por eso que se me hizo tan tarde. - Su explicación me complica aún más.
- No tienes idea de lo que ha sido estar arreglando todo para que llegue el nuevo jefe.
- No me lo puedo imaginar. - Digo con una sonrisa mientras el aspecto del hombre que acabo de ver me recuerda a alguien, pero no sé a quien.
- A todo esto ¿Viste a ese hombre que acababa de llegar?
- ¿Al hermoso? - Pregunta.
- Supongo que si. No lo he visto bien.
- Yo si lo ví, es muy guapo, pero no sé quién es. Esperemos que sea él nuestro nuevo jefe ¿Te imaginas?
Si tan sólo hubiese sabido en ese instante en lo que me estaba metiendo.