―¡Anda, deja eso!, que nos vamos a dar un chapuzoncito en una piscina calentita, ¡ya verás qué bien nos sienta! ―dijo él muy alegre. ―¿Qué dices?, ¿sin bañadores?, ¡anda, no me tomes el pelo!, que yo no soy tan moderna, además no creo que nos lo permitan. ―¡Pero bueno!, ¿quién te ha dicho eso? ―contestó él―. ¡Mira! ―la dijo al mismo tiempo que sacaba de su espalda algo que había escondido al entrar. ―¿Qué traes?, ¿dónde has ido?, ¿qué has hecho? ―le preguntó ella, levantándose de la cama para mirar el contenido de aquella bolsa que acababa de ver. Asombrada vio cómo de dentro sacaba, primero un bañador de caballero, pero inmediatamente sin darle tiempo ni a reaccionar, una bolsita para ella, que la dio, mientras la decía: ―Espero haber acertado con la talla, si no, pues te toca a ti i

