Capítulo 20: Pedirme más

1402 Words
*Eleazar* Me habia quedado dormido con ella entre mis brazos. Recorde que no le pregunte si habia logrado dormir. Terrion habia dicho que ella no dormia en realidad. Aun asi no se la veia cansada. Todo este viaje al templo de los Dragones me tomo por sorpresa, pero aun mayor fue la sorpresa de tenerla entre mis brazos asi. Completamente satisfecha. Al menos eso esperaba, aun asi no pude serciorarme de que asi fuera porque me quede dormido. Desperte luego de no se cuanto tiempo con las caricias de Mikeila en uno de mis pezones. Ella solo estaba haciendo circulos a su alrededor, pero por los Dioses que eso ya era suficiente para volverme loco. La podia sentir tranquila, pero con ella nunca se sabía, a pesar de que el Consejo ya no podia manipularla como antes aun no estábamos del todo seguros cuánto durará esta lucidez de su parte. —Mikeila—llamé su atención tomando su mano y deteniendo sus caricias. Ella de inmediato levanto la mirada. Sus ojos negros me miraron fijamente. Su rostro estaba sonrosado tenuemente. —¿Como te sientes?—pregunte acariciando su rostro, ella sonrió antes de agarrar mi mano y plantar un beso en ella. —Me siento como si estuviera volando, como si no hubiera suelo debajo de nosotros, es una sensación extraña, pero no me da miedo—aseguro ella al final sonriendo aun más. La di vuelta sobre el suelo y la coloque debajo de mí. Con una mano la tome de la espalda baja y la eleve hacia mi. Me posicione en el lugar exacto y presione un poco. —Puedo hacer que vueles más alto—aseguré acariciando su centro. Ella cerro sus ojos y se dejo llevar. Empece a besar su rostro suavemente mientras acompañaba cada beso de más presión. Sus gemidos eran armoniosos hasta que mordi una parte sensible de su cuerpo y ella se sobresalta para pegar un pequeño grito que me hace sonreir sobre su suave piel. Los dibujos y simbolos que tiene sobre todo su cuerpo brillan cuando beso su piel. Aunque es muy sutil puedo notar el resplandor que solo dura unos segundos. —Me duele—susurro ella para hacerme detenerme de mi tarea. Me separe de ella pensando que quizás la estoy aplastando. —No, así duele más—aseguró ella tocándose entre las piernas donde ahora hay un espacio entre los dos. Lleve mi mano a donde ella habia llevado la suya y la reemplace. Mikeila arqueo su espalda y con movimientos precisos donde ella más me necesita la hice explotar. Rugio mi nombre tan alto que todo el edificio vibro. Tardo varios minutos en volver en si misma y yo ya no podia entrar en mi mismo. Ella habia logrado generar tal satisfacción con solo llegar al orgasmo que no era necesario que yo tuviera el mio. Mikeila se acurruco en mi pecho y su respiración se relajo. La noche estaba fria y no tenia nada con que taparla, el calor de mi cuerpo no era suficiente. —¿Todo esta bien?—pregunto ella de repente. —Si, mi Luna—conteste con rapidez. —Siento que estas preocupado—aseguró ella mirándome a la cara. Sonrei al verla tan radiante. Su rostro estaba sonrojado y sus ojos tenian una luz especial. —Solo me preocupa que la temperatura haya bajado tanto—afirmé abrazándola más fuerte. Ella hizo fuerza para que la suelte y se alejo de mi. Mi Lobo rugio por eso. Ella se alejo sin dudarlo de mí. —Vamos, hay cuevas en la montaña—aseguró ella dandose la vuelta a varios metros de mí. Me levante rápido y la segui. Caminamos unos doscientos metros desnudos por el valle hasta toparnos con una de las monstruosidades que conforman la cordillera norte. Alli no nos costo encontrar una de las bocas de cuevas que ella habia dicho. —¿Como sabes que estaban aqui?—pregunte cuando entramos a un espacio de unos siete metros de ancho por muchos de profundidad. —Lei libros en donde hablaban sobre los hogares de los Dragones—comentó ella encendiendo fuego de las paredes de la cueva. Los sellos brillaban iluminando el espacio al igual que daban calor. —¿Tu crees que mis padres vivieron aqui?—pregunto ella mirando a su alrededor. La cueva no tenia mucho más que esos sellos, pero habia algo hogareño aqui. —Posiblemente, podríamos preguntarle a Terrion—propuse pensando en el Elfo que conoció a sus padres en persona. Ella asintio y camino hasta una de las paredes. Coloco la mano en ella y luego la quito con rapidez. —Crías—susurro muy bajito. La manera de llamar a los cachorros de Dragones. —¿Crias?—pregunte sin entender porque eso que hizo. —Las paredes hablan, en ella esta escrita una historia, aqui vivia una pareja que tuvo dos crias, hace muchos años, antes de que yo naciera—explicó ella con tristeza. De sus brillantes ojos empezaron a caer lagrimas. La abrace con rapidez y no la deje ir hasta que ella se calmo. —No puedo tener crías—afirmó para romper el silencio. Se apreto más a mí. No la solte aun cuando mi Lobo rugio por sus palabras. —No importa, Thea es nuestra cachorra y tendremos más, juntos—aseguré acariciando su espalda de arriba abajo. Ella era demasiado pequeña, no tardaba en recorrer su espalda con mi mano, pero eso no queria decir que no disfrutaba haciendo el corto recorrido una y otra vez. —El Consejo me lo arrebato todo, solo tu eres lo unico que tengo y prometo protegerte con mi vida—aseguró ella con rapidez. Senti un calor en mi hombro y eso me hizo despegarme de ella. Mire hacia el lugar y un sello se dibujo en mi piel. Del mismo tono claro que en su piel y los dibujos y simbolos en él eran en la lengua de los Dragones. —¿Hiciste un pacto?—pregunte con rapidez. —Juro por mi vida que jamás permitire que te separen de mi—verbalizo ella con esa voz tranquila, pero llena de poder. El sello volvio a quemar, pero no fue doloroso al igual que la primera vez. —Te amo—afirmé pegandola a mi cuerpo nuevamente. Ella saltó y enredó sus piernas en mi cintura. —Yo más mi destino—contestó pegando sus labios a los míos. El beso no fue delicado, no fue dulce ni tampoco lento. Habia algo hambriento y furioso en esa acción. La lleve contra la pared de la cueva y no dude en acomodarme entre sus piernas. Mikeila grito haciendo que la cueva vibre cuando me hundí en ella hasta el fondo. No la deje acostumbrarse a mi, por el contrario la sostuve con un brazo mientras que con el otro tiraba de su cabello para que me deje libre el cuello donde clave mis dientes en su carne haciendo que grite de placer. La lleve a las nubes y no le di tiempo para que se recupere. Lami su cuello que se curo de mi mordida al instante y bombee mis caderas en su interior. Mikeila me pedia más y más sin pudor y sin dudarlo lo hice. Cuando senti que ella estaba en el limite nuevamente me apresure a llegar a mi propio orgasmo y lo logre, en el mismo instante en que ella me abrazo como si fuera un salvavidas en medio del oceano me deje llevar por el poder que desprendia su cuerpo. El calor era intenso, pero no me lastimaba. Cuando termine de llenarla con mi semilla las piernas me temblaban y tuve miedo de caerme con ella en brazos. Mikeila leyendome la mente nos destello al otro lado de la cueva donde caimos en un colchón de pieles y almohadas de color azul en distintos tonos. —No tendremos frío ahora—aseguró acomodandose en mi pecho. Fueron solo unos minutos hasta que ella se relajo por completo quedandose dormida. La segui seguro de que nada ni nadie nos iba a separar. Aun con todas las dificultades que teniamos en medio de nuestro camino estaba seguro de que llegaremos al final juntos. Porque nuestro amor podra con todas las piedras que querrian detenernos de alcanzar la meta. Vivir felices para siempre.
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