*Mikeila*
Bertran me hizo entrar en la cabaña y me pregunto si queria comer.
Automáticamente conteste que moria de hambre.
Él fue a la cocina y me sirvió un pedazo de carne fresco que olia mal a pesar de llevar solo unas horas muerto.
—Esta casa es una de las más antiguas de los territorios, pertenece a la familia de Eleazar desde hace generaciones, pero recuerdas que hace unos setenta años la destruiste, literalmente te caiste encima, yo era un cachorro y a lo lejos te vi caer de los cielos—comentó él mientras me veía comer.
Asenti a su historia.
Me habian dado la orden de volar y caer sobre un edificio de cada r**a, en el caso de los Lobos esta cabaña fue la elegida.
—Tu olor es muy dulce—añadió él tomando el plato sin terminar de la mesa.
Empezo a pasar sus dedos por mis labios.
No, por favor.
Sabia que mi olor habia cambiado, sabia que solo eso seria una señal de bienvenida para lo que se aproximaba.
—Eleazar cree que eres suya, pero que imbécil—reconoció él tirándome al suelo.
Puso todo su peso sobre mi, como si eso evitaria que me escapara.
Lo que él no sabia era que no podía oponerme a sus acciones.
Un gruñido se escucho a lo lejos y segundos despues un Lobo n***o entro por una ventana destrozandola en el camino.
Tomo a Bertran de una pierna y lo saco de entre mis pechos.
Queria quedarme quieta, queria ser salvada, pero no pude evitar ponerme entre ambos.
Aun con el busto al descubierto.
Eleazar reparo en ese detalle por un instante, pero enseguida volvio a enfocarse en Bertran quien habia puesto una de sus manos sobre mi pecho y la otra sobre mi cuello.
—Mátalo—ordenó en mi oído, las runas sobre su brazo brillaron y la orden se disparó en mi cuerpo.
Miré a Eleazar por un milisegundo y él actuó más rápido que yo.
Se lanzó en el aire y atrapó la cabeza de Bertran entre sus dientes.
Apreto con fuerza y la destrozo.
Cai al suelo cuando su agarre me desestabilizo.
Eleazar no dijo nada.
Solo me abrazo.
Él estaba completamente desnudo, pero se aseguro de que su cuerpo no se pegara al mio.
—Tengo frío—añadí en un susurro.
Fue una sensación tan extraña y desconocida.
Eleazar se levanto del suelo de inmediato y entro en una de las habitaciones.
Unos segundos después me cubrio con una manta.
Suave, muy suave.
—¿Te gusta?—pregunto él viendome acariciar con la mejilla la manta.
—Nunca había tocado algo realmente, el suelo está frío—comente dándome cuenta que podía hablar con libertad.
Ningun tiron me inundo la mente.
Eleazar me levanto del suelo y me llevo a la sala dejandome sentada en el sillon.
—Debo hablar con los Alfas, pronto sabrán que Bertran está muerto—comentó él alejándose de mí.
Me puse de pie y fui a su lado.
Apoye mi cabeza en su pecho.
Eleazar era muy alto.
¿O yo demasiado pequeña?
—Quiero alejarme de aquí—pedí sin despegar mi cabeza de su calor.
Su olor.
Eleazar me envolvio bien con la manta y me cargo entre sus brazos.
Me llevo afuera y alli me volvio a bajar.
—Sube, nos alejaremos de los territorios—declaró él antes de transformarse en Lobo.
Me coloque bien la manta y subi sobre su lomo.
El pelaje de Eleazar era muy suave.
Demasiado suave.
No se cuanto tiempo estuvimos corriendo por el bosque.
Sabia que habiamos salido de los territorios de los Lobos, pero no tenia idea de a donde nos dirigiamos.
En un momento él se freno y me hizo bajar al suelo.
Eleazar se transformó y su cuerpo género algo en mi que siempre pense que nunca sentiria.
Calor.
Mucho calor.
Eleazar se giro repentinamente y me pego a su cuerpo.
—Dime que no estoy soñando—dijo él agachandose a mi altura para que su boca quedara muy cerca de la mia.
Lo bese.
Lo pegue a mi y salte sobre su cintura, enredando mis piernas en sus caderas.
Dioses.
Con que asi se debe sentir.
Eleazar se tenso de un momento a otro y se despego de mi.
Dandome la espalda y cubriendome en mi totalidad.
—Toma—habló una voz desconocida.
Su olor era diferente, pero era un Lobo.
Eleazar se agacho para ponerse un pantalon y alli lo vi.
Un Lobo de casi dos metros, cabello n***o y ojos celestes, muy parecidos a los de Eleazar.
¿Parientes?
Posiblemente, aunque su olor era diferente.
—Necesitamos refugio—pidió Eleazar notablemente tenso.
—Ella lo tiene, ¿tu? No eres bienvenido aquí—declaró el Lobo con la voz firme.
—Como tu Luna te advierto que tengas cuidado con tus palabras—declaré colocándome al lado de Eleazar.
Él sonrio y me paso un brazo por la cintura, pegandome todo lo posible a él.
—Eres Luna de todos los Lobos, pero no te das cuenta que nosotros ya no lo somos—exclamó él sin inmutarse.
¿Ya no lo somos?
Los Lobos tenian otra particularidad entre las demas Razas.
Ellos podian desligar de sus conexiones a los miembros de su r**a, convirtiendolos asi en renegados.
—Soy la primera Luna Dragona, podríamos también ser los primeros renegados en volver a convertirse en Lobos—comente mirándolo a los ojos.
Del bosque empezaron a salir muchos más renegados.
Su olor siendo diferente al de los Lobos de igual manera me decia que ellos eran parte de la manada.
Parte de mi nueva familia.
—Vengan, estábamos por comer—indicó el Lobo con rapidez cambiando por completo su postura.
Eleazar me dio un beso en la frente y me hizo seguirlo.
En medio del bosque habia cabañas pequeñas y precarias en algunos casos.
A nuestro alrededor habia desde ancianos hasta niños y todos tenian ese olor diferente.
Nos sentamos alrededor de una gran fogata y pronto nos alcanzaron platos con un guisado.
Olía bien, muy bien.
—¿Tienen verduras o frutas?—pregunte antes de recibir el plato.
La renegada que me lo entrego miro al otro renegado que nos habia traido aqui.
—Habiamos escuchado que la Última Dragona solo come carne cruda—comentó el renegado con una actitud extraña.
—No te gusta, ¿no es cierto?—pregunto al final Eleazar tomando toda mi atención.
—La odio—contesté mirándolo fijamente.
Él beso mi frente.
—Dorian trae algo que le guste a ella, arreglare que les traigan suministros en los siguientes días—anunció Eleazar mirando al renegado nuevamente.
Él hizo una seña sutil y unos segundos después pusieron una fuente con frutas frescas delante de mi.
Sonrei sin poder evitarlo.
—Eres hermosa—declaró Eleazar mientras comía por primera vez en mucho tiempo.
Comi seis frutas en total.
Una pequeña cachorra se acerco a mi y la ayude a comer también.
Solo nuestras voces se escuchaban en el bosque ya que el resto estaba comiendo en silencio.