Capítulo 13: Templo

1755 Words
*Eleazar* Odia la carne cruda. ¿Cuantas cosas más odia? De a poco el grupo de renegados empezo a meterse en sus casas y fuimos quedando menos alrededor del fuego. La cachorra que alimento Mikeila se quedo dormida entre sus brazos y esa imagen iba a quedarse grabada en mi memoria. ¿Cuantos cachorros tendriamos? ¿Ella querría ser mamá? ¡Dioses! ¿Y si no quería? —Vamos, Mikeila, te mostraré donde acostar a la cachorra—anunció Dorian extendiendo una mano hacia ella. Mikeila se levanto del suelo y camino a su lado. Los segui sin dudarlo. —Esta parte del bosque es más densa, nos ayuda a camuflar nuestro olor—explicó Dorian intentando empezar una conversación. Durante toda la cena el grupo se habia mantenido en silencio, aunque era obvia la sorpresa de tener a la Ultima Dragona en sus territorios. —Su olor es interesante, no creo que sea necesario que lo camuflen—comentó ella en respuesta con una voz completamente diferente a todas las que había escuchado antes. No pude evitar gruñir. Sentia en la piel a mi Lobo intentando tomar el control de nuestro cuerpo. —Tú también tienes un olor muy interesante, dulce e interesante—comentó Dorian parándose en la puerta de una casa. Una parte del techo estaba rota y le indico a Mikeila que dejara a la cachorra sobre unas mantas con un olor horrible. Ella dudo y no dejo a la cachorra. —No creo que sea bueno dejarla dormir ahí—declaró ella mirando a Dorian con algo que no era amistoso. Aunque no parecia estar enojada. —La cabaña de ustedes esta en mejores condiciones—contesto él con rapidez. Mikeila volvio a mirar el monton de mantas y salio de la casa. Paso por mi lado y espero. —Llévanos allí, ella dormirá conmigo—anunció con paciencia y ¿poder? ¿Mikeila se estaba imponiendo a Dorian? ¡Dioses ella le estaba dando una orden a un renegado! —Como quieras—declaró Dorian intentando que no se note su nerviosismo. Al menos era verdad. La casa que nos habian dado tenia una sola habitación y algo parecido a un baño. —Dejamos ropa limpia allí—añadió Dorian dejándonos solos en la cabaña. Bueno en realidad no teniamos mucha privacidad ya que la mayoría de estas casas ni siquiera tenia puertas. Mikeila recosto a la cachorra en la cama y me miro fijamente. Sus ojos negros tenian una pequeña luz que cambiaba de color. Algo que solo habia notado recien ahora. —Tu acuestate con la cachorra, yo descansaré aquí—anuncié tirándome en el suelo contra una de las paredes. Ella siguio mirando cada uno de mis movimientos. —Entramos ambos en la cama—comentó mirando intercaladamente el objeto y a mí. Dioses ayudenme. Me levante del suelo y me recoste en el borde contrario a donde ella estaba. Mi Lobo empezo a ronronear como un cachorro. Estaba a punto de ignorar a mi Lobo cuando Mikeila hizo lo impensable. Levanto la falda de su vestido y se lo quito por la cabeza. De inmediato me movi y la invite a entrar entre las sabanas. No queria que nadie más la vea asi. Ella se acurruco a mi lado y apoyo la cabeza en el hueco de mi axila. Estaba hiperventilando por la cercania de ella y aun con la sabana desgastada que tenia cubriendola podia sentir su piel suave rodeandome. —No va a durar, cuando el Consejo se de cuenta de que soy libre me volverán a tomar—declaró ella abrazándome más fuerte. —Encontrare la manera de liberarte, solo debemos esperar un poco más de tiempo—declare acariciando su cabello. Ella levantó la cabeza y me miró. —Destino prometeme que me liberarás de una forma u otra—pidió ella volviendo a acomodarse en el hueco de mi brazo. Sus palabras rondaron por mi mente toda la noche. ¿Liberarla de una forma u otra? Cuando la idea hizo clic en mi cerebro entendi lo que me pedia. Y sonando a locura iba a hacerlo. No iba a permitir que ella siga siendo usada asi. Claro que solo sería la última opción, una que sería impensable hasta que haya agotado todas las demás. Cuando amaneció la cachorra se despertó eufórica y por primera vez escuche la risa de Mikeila. Una risa llena de dulzura y alegria. —Ve cachorra, llama a todos los demás cachorros—pidió Mikeila dándole una orden a la cachorra. No sabia si ella era conciente de ese poder, si era algo que hacia a proposito o simplemente era algo que su inconsciente realizaba sin que se de cuenta. —Ponte esto—indique dándole un pantalón y una blusa. Era la primera vez que la veia asi y ella era perfecta con cualquier cosa. Sus pechos no eran grandes pero si estaban firmes y redondos. Su cintura era estrecha y la curvatura que lograba en su trasero era majestuoso. Ese jean le quedaba demasiado bien. —Creo que si uso mis poderes el Consejo notara algo extraño de inmediato, por eso no lo hice anoche, pero estos Lobos necesitan nuestra ayuda Eleazar, la mía y la tuya—declaró ella poniéndose a centímetros de mi. Ella no era consciente de que en estos momentos si ella me decia que saltara con un conejo lo iba a hacer. Era su esclavo. —Los renegados ya no son Lobos—declare mirando fijamente sus labios. —Se lo dices a la última de una r**a—añadió ella tomando mi rostro con sus manos. Se puso de puntitas y alcanzo mi boca con la suya. El beso empezo torpemente. Tan torpemente que no estaba seguro de quien de los dos estaba haciendo todo mal. La alce del suelo e hice que enrede sus piernas en mi cintura. Tome el control de la situación y la tire sobre la cama apoyando todo mi peso sobre ella. Sus pechos se aplastaron de una forma magnifica y tan deliciosa que no pude evitar refregarme en ella. Queria arrancar la ropa de ambos. —No—exclamó ella de repente separándose de mis labios lo suficiente para poder decir ese monosílabo. Mi Lobo se asusto tanto que hizo que yo tuviera la misma reacción. —¿Te hice daño?—pregunte lo primero que se me ocurrio. —Sere tuya por voluntad propia y aunque ahora puedo sentirte y disfrutarte no es asi como lo deseo, el Consejo me volvera a usar, borrara toda huella que dejes en mi—soltó ella y a medida que sus palabras salían varias lágrimas se escaparon de sus ojos hasta convertirse en un llanto que no pudo controlar. La tome entre mis brazos y me sente en la cama con ella encima. La sostuve con todo mi cuerpo intentando que sintiera solo mi calor. Mi olor rodeandola. Sus palabras tenian tanto dolor oculto. No podia imaginarme lo que ellos le hacian a su cuerpo. Tomando lo que me pertenece. Lo que le pertenece a ella. —Seras mia, muy pronto—declare asegurándome de imprimir la firmeza necesaria en las palabras. —Mikeila estamos listos—anunció la cachorra entrando a la casa. Mikeila volteó a verla y le aseguro que ya saldríamos. —Debes buscar respuestas donde todo esto empezo, ve a la tierra de los Dragones y busca el primer templo de los Antiguos Dioses, no se porque creo que alli encontraras las respuestas que necesitamos—declaró ella dándome un beso. Dulce y lento. Asenti y le asegure que lo haria cuando el Consejo nos separara, pero mientras tanto permaneceriamos juntos. Nos pusimos de pie y salimos afuera. Cachorros y adultos estaban alrededor de la cabaña. A un lado Dorian miraba en nuestra dirección con atención. —Lobos yo soy la Última Dragona—declaró Mikeila con una voz impregnada de poder. De su figura empezo a salir un humo que un principio era gris y al final se torno azulado hasta que paso del violeta al lila y termino siendo completamente blanco. La rodeo por completo y como una onda de aire estallo a su alrededor Los cachorros gritaron por el espectáculo, pero ese poder solo era una muestra de lo que ella podia hacer. Las casas de alrededor empezaron a temblar cuando ese humo blanco las traspaso. Pasaron unos minutos y nada más sucedio. —Él es su Alfa y yo soy su Luna—declaró ella al final estirando una mano hacia mi. La tome y me puse a su lado. Nada sucedio. Hasta que se empezaron a escuchar crujidos de madera y otros sonidos provenientes de las casas. Una a una fueron transformandose. Los techos se arreglaban, las ventanas aparecian, las puertas se colocaban en su lugar y hasta se pintaron de colores alegres. Una manada. El poder a mi alrededor me sorprendio tanto como empezar a ver a los renegados arrodillarse a nuestro alrededor. Dorian fue el ultimo en hacerlo. —Cuidalos, porque ellos nos pertenecen ahora—pidió Mikeila separándose de mí. —Los cuidaremos juntos—afirme dando un paso al frente. Queria alcanzarla, queria pegarla a mi y darle un beso enfrente de nuestros Lobos. —El Consejo me está invocando, si sienten tu presencia arruinaremos todo, soy solo tuya destino—declaró ella y al lanzar las últimas palabras desapareció en un destello de luz. Mi Lobo rugio tan fuerte que me obligo a mi a hacerlo también. Cai de rodillas al suelo sintiendo una gran impotencia. Castigarian a Mikeila por lo sucedido con Bertran. ¡Dioses! La iban a violar y a lastimar por mi culpa. —Hermano hay alguien que te busca—anunció Dorian tocándome el hombro para llamar mi atención. Levante la vista y el me señalo en otra dirección. A unos metros de nosotros estaba Laris. Se la veia realmente mal. —¿Cuando fue la ultima vez que te alimentaste?—pregunte realmente preocupado por ella. —No me siento mal, Wallace me traicionó, ellos saben que tu eres el único que puede liberar a Mikeila—declaró ella y sus palabras renovaron mis esperanzas como si hubiera dicho que ella ya era libre. —Nos vamos, iremos a la tierra de los Dragones—anuncié con rapidez poniéndome de pie. Laris no se quejo y juntos emprendimos un largo viaje a tierras olvidadas y malditas. Unas que no eran visitadas desde hace cuatrocientos años.
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