Capítulo 14: Cuatrocientos años

874 Words
*Viggo* Despierto antes del amanecer y dejo a mi esposa en la cama, ella ni siquiera nota mi escape de entre sus brazos. A su lado nuestra pequeña cria se acomoda mejor cerca de su calor. Cuando dejo la carpa me dirijo a los limites del campamento donde los hombres ya estan reunidos y otros tantos realizan el cambio de guardia. —Sigurd ha muerto destrozado por esos Inmortales, él ni siquiera tuvo la oportunidad de luchar limpiamente—comentó Harald contando lo que había pasado unos días antes. Los Hechiceros habian encontrado una manera de sellarnos para que no pudieramos cambiar de forma. Manteniendonos en el suelo y en nuestra forma más debil. —Rey tenemos malas noticias—anunció Esben al verme llegar con el grupo. —Dilas—ordene tomando una de las bebidas que tenían cerca del fuego. El liquido caliente no hizo nada por el escalofrio que recorrio mi espalda ante las palabras de Esben. —Ake ha desaparecido y Dag está gravemente herido, los sanadores dicen que no sobrevivirá—explicó con la voz apagándose a medida que las palabras llegaban a la peor parte. Lance un rugido al cielo y fui a donde estaba mi hijo menor. El olor de la muerte estaba en este sector del campamento y no pude evitar pensar lo peor. —Busca a tu reina y dile que me vea aquí—ordene a una de las sanadoras apenas entre en la carpa donde tenían a Dag, él estaba en un rincón desparramado en una cama. Demasiada sangre habia sobre los trapos, él estaba demasiado palido. —Tranquilo hijo, tu madre viene en camino—anuncié y en ese mismo instante sentí el rugido de Eira. Todo el campamento temblo. Ella entró en la carpa y se arrojó a un lado de nuestra cría. Su pecho dejo de moverse en ese momento. Eira lloro sin consuelo durante horas. Ni siquiera la pequeña Dahlia logro que ella se apartara del cuerpo sin vida de Dag. —Mi rey necesitamos hacer algo, no podemos seguir perdiendo vidas así—pidió uno primero y luego todos en general lo siguieron. —Su rey no les pedira que luchen, pero su reina si—rugio Eira por sobre las voces de todos los demas. Su rostro estaba destrozado y su poder desatado. No me dejo intentar convencerla de lo contrario. Eira y la gran mayoria de los guerreros alzaron vuelo y se fueron de nuestras tierras. Habian pasado varios dias. Demasiados dias, pero lo senti. El tiron de nuestra marca. Sabia que mi destino habia muerto. La debilidad llego a nosotros sin darnos tregua y poco a poco mis hermanos y hermanas se fueron quedando dormidos para jamas despertar. Los Dragones no somos como otras Razas. Nuestros destinos son más que nuestros compañeros destinados. Son nuestra fuente de poder. —Papi—susurró la pequeña Dahlia entre mis brazos. —Mi pequeño valle, papá ira a buscar a mamá y regresaremos por ti—declare dejando a nuestra cría entre mantas dentro del templo. Ella se recosto y acurruco entre las mantas que aun tenian el olor impregnado de mi Eira. Sali del templo y me transforme. Mis alas se extendieron por todo el valle y me impulse en el aire. No tarde mucho en encontrar una pelea. Antes de que los Hechiceros lanzaran sus poderes contra mi ataque primero. La onda de energia hizo una marca en el suelo. No quedo rastro de mis enemigos. ¿Enemigos? Estos eran mis aliados, mis hermanos y hermanas. Reinabamos juntos sobre las tierras que pisabamos. Todos por igual. Queriamos mejoras, queriamos ser más que simples comunidades de Razas por separado. Habíamos convocado una reunión, queríamos coronar un rey. Uno que reinara sobre todos. Convirtiendonos asi en un unico pueblo. ¿Porque nos estan matando? Votamos y decidimos que sería el mejor líder, Eira sería una reina perfecta. Eramos dos de los Seres más poderosos que existian en el mundo, pero llevabamos una vida tranquila, como el resto de mi gente. Los Inmortales fueron los primeros en atacar, los Hechiceros y los Ocultos se les unieron, con la idea de que nosotros nos queriamos imponer, queriamos hacer que se arrodillen ante nuestro poder. Queria creer que solo fue un malentendido, que ellos realmente no pensaban extinguir a mi r**a. Estaba sangrando demasiado, ya no podia cambiar de forma. —Terrion—balbucee mirando a uno de mis mejores amigos, mi hermano de distinta madre. —Lamento que lleguemos a esto Viggo, pero ambos sabiamos que nunca lo hubieras logrado, todos sentados en la misma mesa, pensando por igual y que tu tuvieras la última palabra siempre, atento a los caprichos de Eira—comentó él escupiendo el nombre de mi destino con desprecio. —Eras un hijo para Eira—declare escupiendo una bocanada de sangre a los pies del Elfo. —Lo lamento, hermano—susurró él levantando su espada. No senti el golpe. No senti nada. Solo pude escuchar el sonido del llanto de mi cria a lo lejos, muy lejos. Ella estaba sufriendo y entonces me di cuenta. Deberia de haberme asegurado de que ella estuviera a salvo, deberia de haberla llevado a un lugar mejor.
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