Samuel Duff.
En cuanto entro a mi apartamento, escucho aplausos y música infantil por el espacio y avanzo por el corto pasillo y doy de frente con la sala, donde está mi hermosa hija Julie bailando, mi hermana Ashley le aplaude y sonrio al verla muy entretenida en su baile. Dejo mis cosas sobre la mesita y término tomando asiento en el espaldar del sofá, Julie me observa y sonríe pero no termina su baile. Cuando por fin la canción termina, me uno a mi hermana y le aplaudimos, ella se acerca subiendo al sofá y rodeándome en un abrazo.
–Bienvenido, papá –se aleja y sonríe.
–Creí que vendrías más tarde –observo a mi hermana. – ¿Salió todo mal? –niego y sonrio, me enfoco en Julie.
–Ve a cepillar tus dientes y luego te iré a contar un cuento porque ya es hora de dormir, ¿Vale?
–Vale papá –me da un beso en la mejilla y toma camino al cuarto de baño, observo a mi hermana.
Me coloco de pie, rodeo el sofá y me dejo caer en este con pesadez, cierro mis ojos por un instante y niego.
–Samu...
–No pude decirle nada y me comporte como un idiota.
–Es que en realidad si lo eres, un completo idiota –abro mis ojos, observo a mi hermana. – ¿Qué? Soy honesta, has tomado decisiones muy malas y creo que la única buena ha sido, Julie.
–Ashley...
– ¿Qué? A ver, si entiendo que no puedas contarle nada a Nuria de un momento a otro, porque incluso, eso nos puede perjudicar hasta que no estemos seguros de que todo está en orden, no puedes ir por allí contando lo que en realidad paso pero, ¿Crees que Nuria dirá algo si tú le cuentas? Yo no lo creo.
–Yo tampoco, ¿Vale? Es solo que, no quiero hablar de ese tema con ella, no aun, además, yo soy ahora un completo desconocido para ella, pasaron muchos años, ambos cambiamos y hemos hecho nuestra vida, ¿Qué esperaba yo al volver? ¿Qué todo iba hacer como antes? ¿Tan iluso soy?
–Ufff, ni te cuento.
– ¡Ashley! No me ayudes tanto –esta ríe y se coloca de pie.
–Quédate aquí procesando todo, yo iré con Julie, le contare un cuento para que ya duerma y luego hablamos con calma, ¿Bien? –asiento y se marcha.
.
En silencio, observo a mi hermana, a veces incluso me cuesta creer que ya es toda una mayor de edad y que incluso me acompaña con una copa de vino mientras que yo solo tomo un poco de ron con hielo. Ambos tenemos la mirada puesta a un lado, nos encontramos en la pequeña terraza que tiene el apartamento y que solo damos acceso cuando estamos aquí, porque por la seguridad de Julie, mantenemos siempre la puerta con llave.
El sonido de los coches se adueñan de este silencio y la brisa fresca y algo helada la echaba de menos. Me doy un sorbo de mi licor y niego, repetidas veces lo hago y no sé qué es lo que me mantiene en negación, llevo la mirada a un lado, observo a Ashley, la observo suspirar y al verme, esboza una corta sonrisa y se da un corto sorbo de su copa.
–Todos han cambiado, Samuel... –comenta. –Todos lo hicieron, quienes eran mis amigas en la primaria, en este momento son como desconocidas para mí, creo que al irme, mi pequeña yo se quedó aquí y esperaba que todo continuara de la misma forma de cuando nos tuvimos que ir.
–Ashley...
–Debes ser un poco empático con Nuria, ella desconoce todo el motivo por el que tuvimos que irnos, ella te quería Samu, ella sí lo hizo con honestidad y creo que de todas las personas que fueron parte de tu vida, ella era quien si merecía la verdad.
–Tu muy buen sabes, que yo si fui para hablar con ella pero...
–No querías herirla y mucho menos ponerla en peligro, ¿No?
Asiento y entonces el recuerdo de ese día se reproduce en mi cabeza como si solo hubiera pasado ayer.
__
Corro con todas mis fuerzas, corto camino metiéndome por calles que me ayudan a llegar más rápido a la casa de Nuria, mis pulmones arden pero no puedo detenerme, no ahora que solo tengo poco tiempo para contarle a Nuria lo que está pasando.
Cuando visualizo su casa, me acerco con prisa pero disminuyo un poco para escabullirme por los arbustos y ver cómo puedo subir y llegar hasta su habitación. Camino por el lado derecho de su casa y entonces observo una ventana abierta y las cortinas se mueven ligeramente debido a la brisa de la noche, cuando me asomo para ver si puedo entrar, me detengo al verla. Está dormida, en una posición incómoda y desgarbada sobre el piano, de seguro estuvo ensayando para su recital de mañana.
Intento llamarla pero me detengo cuando pienso mejor las cosas y creo que Nuria no puede recibir una noticia como la de que me tengo que marchar de la ciudad y el motivo de mi ida sé que le angustiara y sería muy despreciable de mi parte hacerle eso tan cruel. La observo y esta se estremece debido al frio que entra por la ventana y lo único que decido por su bien, es bajar la ventana y dejar que duerma, que no sepa nada y así pueda tener una buena presentación mañana.
–Lo siento mucho, Nu... –niego y siento una ligera piquiña en el puente de mi nariz. –Espero que algún día, pueda contarte el motivo de mi ida, espero algún día volverte a ver, deseare que así sea, adiós.
Y alejándome de la ventana, entre lo correcto y no, doy un leve asentimiento y comienzo a correr de regreso a casa, llegar para tomar lo necesario y marcharme de Boston.
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De un tirón me tomo todo el licor de mi vaso y me quedo en silencio observando a mi hermana, quien se sirve más vino y se da un corto sorbo.
–Yo no soy bueno para Nuria... –me mira. –No soy ni la cuarta parte de lo que era, sí, soy un hombre exitoso, con una empresa propia, con buena comodidad y una hija preciosa, pero creo que soy malo para tomar buenas decisiones, creo que lo herede de papá, ¿No?
–Samuel, no... –niego y rio un poco. –Tú no eres como papá, tú no eres como él, jamás lo serás, si es cierto que has tomado decisiones precipitadas, pero estas a años luz de ser como nuestro padre, no digas eso.
–Volví con la esperanza de sentir que Nuria iba a ser mi amiga, como cuando adolescente, mas sin embargo tuvo razón al decirme que no, que no busca serlo, que ella, no quiere ser más mi amiga y...
–Aun la quieres, ¿Verdad? –asiento.
–Pero ahora soy un mujeriego, y Nuria no merece a un hombre como yo, que no sabe lo que quiere y que está en una edad que debería saber qué es lo que desea, pero yo solo estoy enfocado en mi empresa y en Julie, y también en saber en qué cama me voy a meter, estoy jodido, Ashley –me coloco de pie, miro la ciudad. –Creo que mi yo adolescente también se quedó aquí y esperaba que todo continuara como antes –la observo. –Pero me equivoque, nada es como antes y todo cambio.
En silencio me marcho a mi habitación, dejando a mi hermana sola y huyendo de esta jodida realidad. Me acerco a mi cama, tomo asiento al borde esta, busco en la primera gaveta de la mesita de noche y tomando un libro que siempre tengo a la mano, busco entre sus páginas y entonces doy con la foto.
–No voy a luchar por ti y mucho menos por tu amor, porque es que sencillamente Nuria Michaels, yo no soy digno de tenerte en mi vida –alzo la foto, la miro y siento una punzada en mi pecho. –Volví pensado que encontraría a la Nuria adolescente, mas sin embargo eres toda una mujer, y yo no merezco a la actual Nuria, nunca te merecí, ni antes ni ahora.
...
Una semana después.
Dos toques a la puerta me llevan alzar la mirada y al dar el permiso de entrada, suspiro al ver de quien se trata y vuelvo a enfocar la mirada a los documentos que sostengo en mis manos. El sonido de su tacón impactando en el piso de mármol me inquieta un poco y es solo porque son sus pisadas lo que genera eso en mí.
– ¿Qué te trae por aquí? Si mal no recuerdo, te deje saber que quería hablar contigo hace una semana, mas sin embargo apareces hoy.
–Estuve ocupada –noto que toma asiento. –Sabes que mi profesión me mantiene ocupada –asiento. –Tengo una obra en unas dos semanas aproximadamente y solo hasta hoy tuve libre.
–Entiendo –dejo los papeles, alzo la mirada. –Felicidades entonces por tu próxima obra.
–Gracias –sonríe amplio, suspiro. – ¿Y bien? ¿De qué se trata? Si es de Julie, no...
–Es tu hija –digo de inmediato. –Tu misma, prometiste estar más presente en su vida, creo que no debería recordártelo, ¿Verdad, Dafne?
–Samuel...
–Ni siquiera cuento contigo porque vayas por ella a la academia donde la hemos inscrito, a nuestra hija le haces falta tú, su mamá, es que ni siquiera desde que volvimos, has tenido la iniciativa de ir con ella a comer un helado.
–Yo no tengo tiempo para esas salidas ridículas, Samuel –tomo una bocanada de aire, niego, la mirada fija de Dafne me causa fastidio incluso. –Yo no tengo tiempo para Julie, punto y final.
– ¿¡Que no te da remordimiento herir a tu hija!? –digo entre dientes, muy furioso. – ¡Es tu hija, Dafne! No entiendo cómo puedes ser tan fría con ella, siempre espera por una llamada o algo y sin embargo lo único que haces es enviarle un corto saludo y no más, ¿¡Qué demonios ocurre contigo!? –se coloca de pie, dejando caer con fuerza su mano sobre el escritorio y la imito. –Mi pequeña no merece tu falta de amor y atención, ella no lo merece.
–Y yo no merezco tener una responsabilidad que no sale de mis poros –rodea el escritorio, colocándose delante de mí, la observo de pie a cabeza, tan divina como siempre, pero tan mala madre que me causa repulsión. –Tu muy bien sabes que eso de ser buena madre y amorosa, no es lo mío, no lo siento aquí en mi pecho, lamento decepcionarte.
–Es mejor que no veas por un tiempo a Julie, que te mantengas lejos de nosotros y así no la ilusiones con tus planes cuando sé que lo haces por otra cosa –alza sus manos y las apoya en mi pecho. –Vete, Dafne, ya demos por terminada esta conversación.
– ¿No me extrañas ni un poquito, Samuel? –dice con esa voz arrastrada y que me incomoda. –Acaso, ¿Has olvidado todas esas noches de sexo increíble que teníamos? Quizás no sea buena madre, pero sabes que soy buena amante –cuando comienza a deslizar sus manos por mi abdomen, la tomo de las muñecas y le miro fijo.
–Preferiría que fueras buena madre a una buena amante, yo puedo buscar consuelo por allí, pero Julie necesita de su mamá y tu ni siquiera eso lo puedes hacer –la alejo bruscamente y me mira fijo. –Vete Dafne, no te preocupes que yo me las apañare con mi pequeña, yo buscare la manera de que no te eche de menos, lárgate de mi empresa, ¡Vete! –esta alza sus cejas y encogiéndose de hombros toma sus cosas y se marcha.
Me dejo caer en mi silla y me giro para enfocar la mirada en el ventanal, siento de pronto jaqueca y solo quiero terminar unos cuantos papeles y ya marcharme, necesito largarme de aquí, necesito respirar, necesito pensar con cabeza fría que hacer con la situación de mi hija Julie y la mala madre que le ha tocado y que yo por mala decisión, elegí.
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Me detengo delante del ascensor del edificio donde vivo y presiono para que las puertas de este se abran, escucho pasos detrás de mí y al voltear observo al vigilante, le saludo con un asentimiento.
–Señor Duff, mis disculpas, pero el ascensor solo está llegando al cuarto piso porque está en mantenimiento en los otros pisos, debe subir por las escaleras hasta llegar al sexto piso que es donde usted vive.
–Entiendo, no hay problema por ello, hare de ese modo, muchas gracias, Larry –este asiente y se marcha, yo entro y presiono el cuarto piso.
Me encuentro tranquilo porque mamá se ha encargado de ir por Julie toda esta semana a la academia y así yo poder terminar mis asuntos en la empresa y además también sabiendo que, no incomodare a Nuria con mí presencia. Julie esta en casa de mamá, la traerá por la noche y yo aprovechare estas horas para descansar un poco porque de verdad lo necesito.
El pitido del ascensor me deja saber que ya estamos en el cuarto piso y salgo de este, suspiro al saber que debo subir escaleras pero me hará bien porque incluso no he podido buscar un buen gimnasio para ejercitarme cuando tenga horas libres. Tomo las escaleras y a medida que voy subiendo, escucho voces que es obvio provienen del quinto piso, ¿Acaso ya han encontrado nuevo inquilino? Avanzo y cuando me encuentro de lleno en este, mi corazón se salta un latido fuerte al encontrarme con...
–Nuria... –esta alza la mirada, su sorpresa al verme es notoria, se encuentra sosteniendo un teclado. –Tu...
–Samuel... –me acerco a paso lento. – ¿Vives en este edificio? –pregunta algo aturdida y asiento.
–En el de arriba... –carraspea y asiente. –Nuria yo...
–Nos vemos, Samuel –da un leve asentimiento, y da varios pasos hacia atrás, incomoda por el teclado entre sus manos y termina cerrando la puerta.
Me quedo de pie, inmóvil, con las manos sudorosas y con una extraña sensación en mis manos y mi estómago.