Capítulo 5

2616 Words
Me agrada mucho los viernes por la noche en este parque, se suponía que solo me tomaría el par de cervezas que me quedaba y luego irme a casa, pero desde hace un rato, que un grupo de músicos están haciendo lo suyo y en este momento la melodía del jazz me agrada mucho y preferí quedarme por un largo rato. Hay muchas personas, parejas, familias y los niños disfrutan de este agradable ambiente que de verdad te hace olvidar muchas cosas. El vibrar de mi móvil me lleva a tomarlo y ver de qué se trata, me percato de que es para contratarme, pero ahora solo deseo disfrutar de la música y cuando llegue a casa responderé al mensaje, porque si, necesito trabajar, yo tengo un plan para mi vida desde hace unos meses y quiero llevarlo a cabo. –Veo que... –me sobresalto, volteo a mi lado. –Siempre te asustaras cuando te hablo –sonrio y niego. –Señorita Michaels. –Hola, que sorpresa verte aquí –sonrio al ver que es Damiano, el músico de la fiesta de Beth y Fabio. – ¿Qué tal? –sonrio y él me imita. –Todo bien, desde la distancia me preguntaba si eras tú, veo que no me equivoque, ¿Disfrutando del show? –asiento, llevo la mirada al frente. –Hacia bastante que no venía un viernes a este parque, olvide incluso que daban este tipo de shows, me gusta el jazz también –lo veo asentir, siento como si lo conociera de mucho tiempo. –A mí también, aunque confieso que de unos meses para acá, lo he estado escuchando más –asiento, le miro. –Ese día, el de la boda, que lamentable no haberme despedido de ti. –Sí, me fui en medio de vuestra tocada, ya debía volver a casa –asiente. –Pero cuéntame, ¿Vienes solo? ¿Con amigos? –Con un par de compañeros, si, ¿Tu? Supongo que sola, porque estoy viéndote desde hace un momento y nadie se acercó a ti. –Pues sí, me encuentro sola, no tengo muchos amigos, solo mi mejor amiga y su novio quien también es mi amigo, pero no me rodeo con tantas personas. – ¿Podría yo ser tu amigo? –me carcajeo un poco, los músicos terminan y todos le aplaudimos. –Me agradaría tener un nuevo amigo. –Bien Nuria, ¿Amigos? –extiende su mano y la estrecho. –Amigos, Damiano... –este me guiña y carraspeo un poco porque eso se le vio muy sexy. – ¿Quieres unirte a nosotros? Tenemos algunos bocadillos y, me gustaría compartir un rato más contigo. –Me parece bien, no será por mucho tiempo, porque no acostumbro a manejar a tan altas horas de la noche, pero, acepto tu invitación. Este extiende su mano en mi dirección y tomándola, ambos nos colocamos de pie y me encamino junto a él hasta donde se encuentran las dos personas con las que anda, y me percato de que incluso es una pareja. Me presenta y tomo asiento a su lado, comenzamos hablar de cualquier tema, y entonces me doy cuenta que, no es tan malo conocer nuevas personas en este momento de mi vida, me siento bien ante esto y debería hacerlo más seguido. ... En silencio y muy sigilosa, me voy asomando desde un arbusto y tomándolo por sorpresa desde atrás, tomo a mi sobrino Vidal en mis brazos y este con su risa estruendosa me hace reír y doy vueltas. Ambos reímos y terminamos tendidos en el césped, la brisa de la mañana es fresca y me quedo con la mirada fija en el cielo azul, luego siento que alguien más se tumba a mi lado y es mi otro sobrino, Benny. –Tía, busquemos formas en las nubes –lo observo y asiento, llevamos la mirada al cielo nuevamente. – ¡Esa de allí, tía Nu! ¡Es una pelota! – ¡Y esa de allí tía Nu! ¡Es una ballena! –observo las nubes y estos niños tienen mucha imaginación, sonrio. –Esa de allí –señalo. –Es una mariposa. – ¡Es cierto tía! Rio ante esto y nos entretenemos por un buen rato en ello. – ¿Alguien quiere limonada y galletitas de leche? –los tres de inmediato llevamos la mirada a un lado y observo a mi cuñada. –Vengan... –con prisa nos colocamos de pie y nos acercamos, los pequeños revoltosos toman asiento y le sirven limonada y les dan galletas, yo me sirvo un poco y tomo una de las galletas. –Gracias por entretenerlos un rato, Nuria. –Sabes que adoro compartir con ellos –ambos me miran y sonríen. – ¿Todo bien con el trabajo? –asiente. –Dentro de un mes volveré a la empresa, serán cuatro días a la semana, pero la verdad es que me hace mucha falta –asiento. – ¿Y tú Nuria? ¿Cómo vas con aquello? –Aun no encuentro nada, quiero algo céntrico y a la vez cerca de ustedes, ¿Crees que Noel me ayudaría con ello? Por medio de su trabajo podría darme una mano, ¿Pero me apoyara con la decisión? –No entiendo porque dudarías del apoyo de tu hermano, mi suegra está apoyándote desde que nos comentaste acerca de mudarte, estoy segura que Noel también lo hará, siempre ha querido lo mejor para ti y además Nuria, mereces tu espacio, mereces ya volar, hacer lo que desees, yo te apoyo. –Gracias Gabi, de verdad, en unos días hablare con mi hermano, ponerlo al tanto de mi decisión de mudarme yo sola –asiente, me doy un sorbo de mi limonada. –Gabi, necesito tu ayuda. –Si claro, ¿Qué ocurre? –carraspeo un poco y asiento. –Hoy tendré una cena y no sé qué carajos ponerme, soy mala para ese tipo de cosas y tú eres muy buena en ello, ¿Me podrías ayudar con ello? –Por supuesto, ¿Dónde iras? –Un restaurante de comida italiana, no es nada elegante pero, tampoco quiero ir desaliñada, ¿Me entiendes? –sonríe y asiente. –Creo que la palabra desaliñada no va contigo, Nuria te vistes increíble y eres preciosa, siempre estas con un buen estilo, me sorprende que me pidas ayuda, pero no dudare en dártela, una opinión nunca esta demás –le señalo y asiento. – ¡Bien! Par de niños tremendos, es hora de sus actividades, ¿Se divirtieron con la tía Nu? – ¡Si! ¡Mucho! –dicen al unísono. –No cabe duda, son gemelos –reímos y mi cuñada se adentra a la casa con ellos y yo decido quedarme un rato más en el jardín. _ En el momento que aparco el coche y lo apago, llevo la frente directamente al volante y me quedo por un instante de ese modo. Siento un revoltijo en la boca de mi estómago y mis manos de pronto se vuelven muy sudorosas, niego repetidas veces y cuando me alejo del volante y enfoco la mirada al frente, no puedo evitar reír por los nervios y lo estúpida que estoy actuando. –Es solo una cena, Nuria, ¿Por qué actúas de este modo? –niego. –Es Samuel Duff, es solo Samuel, es solo... –niego nuevamente. – ¿A quién engañas? Él te pone nerviosa, el Samuel adulto y varonil, te pone jodidamente nerviosa –dejo caer mi cabeza hacia atrás, suspiro. –Puedes irte o también puedes bajar del coche y darle el frente a la situación, ¿No? –carraspeo, tomo mis cosas. –Tú no eres una cobarde, no, definitivamente no lo eres. Al bajar del coche, le doy el frente al restaurante y avanzo, entrando en este y colocándome de pie delante de la chica quien se encarga de las reservas. En la planta baja del restaurante todo está tranquilo, no hay tantos comensales y eso en parte logra que el ambiente sea muy ameno y no tan ruidoso. Le menciono mi nombre y confirma, me pide seguirla a la segunda planta y al estar en esta, noto que también esta con pocas personas y cuando doblamos al lado izquierdo, allí lo visualizo, con la mirada puesta en su móvil y logro notar una corta sonrisa en sus labios, trago duro, continuo. –En un momento, vendrán a tomar su orden –comenta la chica y es en ese momento que Samuel Duff alza la mirada y siento una fuerte sensación en mi pecho al ver sus ojazos grises. –Con permiso. Estoy por tomar asiento y Samuel tiene el impulso de colocarse de pie para encargarse de mi silla y lo evito, alzando mi mano y yo sola me encargo de mi silla y tomo asiento, él quedo a medias, pero se acomoda en su lugar y también acomoda un poco su traje. La vestimenta que llevo ahora es algo casual, un jeans de mezclilla, una camisa de botones en un color crema y un calzado de tacón no muy alto. Mi cabello está recogido en una media cola y el maquillaje es ligero, a último momento le pedí a Gabi que no buscara para mi algo llamativo, porque la verdad lo menos que quiero es llamar la atención de Samuel. En este momento al verlo, estoy ajena a su vida, solo sé que ha vuelto a Boston, que tiene una hija y que además no está con la madre de Julie, de resto no sé de qué trabaja, no sé a qué se dedica, Samuel Duff, ahora es alguien muy desconocido para mí. Ambos nos mantenemos en silencio, segundos después un mesero aparece con la carta del lugar y minutos cortos de debatirnos en que pedir, terminamos pidiendo la misma comida, al mismo tiempo y eso me hace tragar duro y mantenerme en silencio, con la mirada puesta por todo el lugar. Le escucho pedir una botella de vino en específico y el mesero se marcha. La música del lugar en parte es relajante e incluso todo el ambiente lo es. –Y, ¿Qué tal tu día? –pregunta y fijo la mirada en él. –Bien, en casa, con los gemelos revoltosos... –comento. – ¿Tienes hijos? De eso no me informaron. – ¿Disculpa? ¿No te informaron? Acaso tu... –carraspea y llega el mesero con la botella de vino, sirve dos copas, le agradecemos y miro a Samuel. – ¿Y bien? –Te mande a investigar, ¿Qué te digo? Quería saber de ti. –Vaya... –me doy un sorbo de mi copa. –Que forma la tuya de querer saber de mí –niego y miro a un lado. –Parece que también obviaron el hecho de que, tengo dos sobrinos, los gemelos revoltosos como yo les digo. –Nuria... –Tú y yo, ya no somos amigos, ¿Vale? –alzo mis barreras, le miro. –Estoy aquí porque tu querías hablar conmigo, ¿De qué? No tengo idea, porque es que sencillamente tú y yo, no tenemos nada de qué hablar. –Claro que si tenemos, por supuesto que si –dice con prisa, alzo mis cejas. – ¿Y bien? ¿De qué? –De mi joven yo, marchándose de la ciudad sin previo aviso, horas antes de tu recital en el instituto –nos miramos fijo. –No puedo decirte con exactitud porque motivo me fui, pero lo único que quiero que sepas Nuria, es que yo no quería pero me vi obligado hacerlo, fin. –Fin... –digo en un susurro. –Y eso es todo, fin, ¿Tienes idea de todas las cosas que pasaron por mi mente al saber que te habías marchado? ¿De todas las cosas horribles que pensé acerca de ello? ¿La tienes? –niega levemente. –Sí, sé que no teníamos mucho de estar en una relación, pero recuerda Samuel, antes de hacernos novios, fuimos muy buenos amigos, compartíamos muchas cosas, no solo se fue quien en ese entonces era mi novio, también se había ido mi mejor amigo, mismo que ahora, desconozco por completo, porque no Samuel, yo no sé quién eres tú, eres un desconocido para mí. –Nuria... –en ese instante una vez más aparece el mesero con nuestra comida y enfoco la mirada en este. –Quiero contarte todo, pero no puedo, no ahora... –asiento levemente, le deseo buen provecho y comienzo a comer. Él se mantiene en silencio del mismo modo que yo y ambos nos dedicamos a comer, en un ambiente que se ha vuelto incomodo, muy pero muy incómodo. De un momento a otro, siento como el nudo en mi garganta se va formando y con la mirada puesta en mi plato de comida, detengo mi mano y ya en este instante no puedo evitar sentir lagrimas agolparse en mis ojos, niego y al alzar la mirada, lo encuentro con la mirada en su móvil, con esa sonrisita corta en sus labios y siento como el nudo en mi garganta es aún más doloroso. –Ahora sé que, nuestra amistad finalizo desde ese día en que te tuviste que marchar sin previo aviso –digo y noto como deja de escribir y se queda esperando por mas palabras. –No busco volver a ser tu amiga, Samuel –alza la mirada, noto sorpresa en su gesto porque sé que las lágrimas que se deslizan por mis mejillas, no lo esperaba. –Tú has cambiado, yo también y no tenemos por qué retomar algo que ya no existe. –Nu... –No me digas así por favor, suficiente tengo con que mi familia lo haga, para que tú vengas y lo vuelvas más doloroso –limpio mis mejillas, me termino de un tirón mi copa de vino y trago duro el nudo en mi garganta. –Yo si te espere por mucho tiempo, Samuel, yo si mantuve la jodida esperanza de verte nuevamente, siempre protegí los sentimientos que tenía por ti, porque yo sabía que tu volverías y que yo, te volvería a ver, pero no me hice la idea de que, todo iba hacer diferente, que las cosas quizás si iban a cambiar, que tu si dejarías todo en el pasado y harías tu vida como ya la has hecho. –Yo... –Eras mi mejor amigo, fuiste mi primer novio y siempre te vas a mantener como mi primer amor, pero, eso ya queda en el pasado, porque en este presente ya no existen la Nuria de quince años y Samuel de dieciséis casi diecisiete años. –Pero yo... –Nos tendremos que ver en varias ocasiones porque soy la profesora de piano de tu hija Julie, pero nuestra relación será solo de padre y profesora. Por favor llega a un acuerdo con la mamá de Julie para que no la dejen esperando por su búsqueda en la academia, ella no merece sentirse triste, ¿Vale? –Nuria por favor, déjame hablar –niego y me coloco de pie, tomo mis cosas. –Eres un completo desconocido para mí, Samuel Duff, solo eso. Y dando un leve asentimiento, en silencio tomo camino a la salida del lugar y en cuanto subo al coche, no tardo en encenderlo y salir de una vez por todas de su radar. El nudo en mi garganta duele, mi corazón incluso se siente doloroso y las ganas intensas que tengo de llorar, me deja saber que aun quiero a Samuel Duff, pero que eso en definitiva, no puede ser, que siempre estuvimos destinados, a no ser.
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