En silencio, mientras el resto en casa está en lo suyo, observo fijamente el piano que está en una de las esquinas de la sala y me acerco y tomo asiento. Busco una partitura en específico y es una de mis melodías favoritas y sé que en cuanto comience a tocar, mamá estará a mi lado escuchando, sonriente y disfrutando mientras toco.
Comienzo a tocar, es Hometown Glory de Adele, una de las melodías que a mamá le gusta y que, en ocasiones cuando papá estaba con nosotros, bailaba con ella, pero sé que en este momento, esta canción no la pondrá triste, no, más bien le hará sentir bien y en calma. Mientras toco tarareo un poco la letra de la canción y unos diez segundos después, mamá aparece, colocándose junto al piano y al verla sonríe y tararea conmigo.
Cada que estoy delante de mi piano, me siento libre, siento que libero muchas cosas a través de mis dedos, en este momento libero la tristeza que está en mi corazón, una que no he querido sacar por mero orgullo, pero que en un momento debo ya sacar porque si no, me volveré loca. Cierro mis ojos y en ese momento, imágenes del pasado me atacan, ese parque lleno de hojas de otoño, la brisa fresca, su mirada gris y su sonrisa amplia. Un jodido nudo en mi garganta se comienza a formar y paro de tararear y es mamá quien continúa, el temblor en mi cuerpo es señal de que ya no poder aguantar más y al finalizar de tocar, me quedo con los dedos rozando en el teclado.
– ¿A quién engaño, mamá? –abro mis ojos, le miro. –Me engaño a mí misma diciendo que yo estoy bien, pero no es cierto, yo no estoy bien –ella se acerca, toma asiento a mi lado y me rodea en un abrazo. –Soy una idiota que sigue enamorada de ese primer amor que nunca más pudo ser.
–Nuria...
–Él hizo su vida y yo no –nos alejamos un poco. –Tiene una hermosa hija y yo, yo solo me dedique a tener una leve esperanza de que volvería y quizás no sé, retomar las cosas donde quedaron, pero no... –mi mentón tiemblan, algunas lágrimas hacen lo suyo. –Samuel logro hacer su vida y yo, no.
–No Nuria, no digas eso –mamá toma mi rostro entre sus manos, limpia mis mejillas. –Tú has logrado mucho en tu vida, eres una gran pianista, estudiaste mucho para ser lo que eres ahora, quizás sí, él ya tiene una familia, pero todos avanzamos de formas diferentes y tú si has logrado mucho para ti –y nos abrazamos. –Ya debes soltarlo, Nu.
–Sí, ya es momento –me alejo, le miro fijo y limpio mis mejillas. –Yo, debo ya vivir con la idea de que Samuel, hizo su vida –doy un par de asentimientos para aceptar mi decisión y esbozo una corta sonrisa. –Gracias mamá, de verdad gracias, siento que cuando me mude, echare de menos tus consejos.
–Ese es otro logro que pronto realizaras –une su frente a la mía. –Has trabajado tanto por lo tuyo que, así me entristezca ese hecho, yo siempre estaré para ti.
–Lo sé, y gracias mamá.
–Sé que Madelia es tu mejor amiga, pero yo también lo soy aparte de ser tu madre y puedes contarme lo que sea, ¿Vale?
–Vale.
Y tomando sus manos y ella acariciando el dorso de las mías, nos quedamos por un momento de este modo, en silencio, solo sintiéndome bien con su compañía.
...
Tres días después.
– ¡Muy bien! –sonrio amplio y doy un par de aplausos para mis alumnos. –Déjenme decirle que ustedes son unos niños muy atentos y se nota que esto de estudiar el piano les encanta –una niña alza la mano, le señalo y se coloca de pie.
–Mi sueño es tocar en el teatro de ópera en Sídney –llevo una mano a mi pecho en sorpresa ante esto. –Hace unos meses fui con mis padres y me gustó muchísimo estar allí, profesora Nuria.
–Louisa, ¡Ese también es mi sueño! –reímos y tomo asiento, ella igual. –Quiero que sepan, que todos sus sueños se pueden hacer realidad si así ustedes lo desean, quizás nos tomara tiempo, no avanzaremos de la misma forma que el resto, pero los sueños se cumplen y sé que cada uno de vuestros sueños, se hará realidad –todos comienzan aplaudir y en ese momento suena la campana de finalización de la clase.
Todos comienzan a guardar sus pertenencias y al notar que algunos padres ya se encuentran fuera del aula esperando, decido abrir la puerta y así cada uno se va marchando. Les dejo saber que para la próxima semana, deben traer una canción favorita y ya por esta primera semana de clases he terminado. Les he dado teoría y aunque falta mucho, quiero que comiencen a practicar los sonidos y así se vayan familiarizando con el instrumento.
En cuanto me alejo de la puerta y le doy el frente a mi escritorio, noto a cuatro niños incluida Julie Duff, tomo asiento, minutos después vienen por el resto, pero por Julie no y la veo en su móvil, creo y pienso que es muy pequeña para tener uno, pero supongo que lo lleva para así comunicarse con su familia. En silencio y con mucha lentitud, voy recogiendo mis cosas haciendo tiempo para que vengan por ella, pero ese tiempo se vuelve media hora y yo debo ya marcharme.
–Julie –se sobresalta y se acerca. – ¿Aun no te dan aviso de venir por ti?
–No profesora Michaels, mire... –me entrega su móvil, noto que le escribió a su mamá, esta ni siquiera le responde a pesar de ver su mensaje. – ¿Ya debe irse?
–Si cariño, pero esperare un momento más contigo, ¿Te parece si esperamos fuera? Ya está por empezar la clase de la profesora Risse y yo debo salir del aula.
–Está bien, profesora.
Ella va por sus cosas y yo tomo las mías, ambas salimos y salimos de la academia, a un lado derecho se encuentra una banca y este tiene la sombra de un árbol, ambas tomamos asiento. En silencio, reviso un poco mis red*s social*s y noto un mensaje, me dedico a verlo y sonrio al ver que se trata de Zoe, mi antigua compañera del instituto. Me dedico a responderle mientras espero y un suspiro de parte de Julie llama mi atención.
– ¿Pasa algo? –me mira y niega. –Está bien –ambas vemos al frente.
– ¿Por qué siempre tardan en venir a buscarme? –dice y le miro, para la edad de Julie, es una niña muy inteligente con su alrededor. –A todos mis compañeros los buscan a la hora de la salida, pero a mí no... –trago duro el repentino nudo en mi garganta, me mira, sus ojitos tienen lagrimas agolpadas. –Solo quiero que vengan por mí, que no me hagan esperar y mucho menos a usted, profesora Nuria.
–Julie... –en ese momento escuchamos una bocina ser tocada tres veces y al ver de quien se trata, quien baja del coche es Samuel, este viene acomodando la corbata de su traje y también su saco. –Espera un momento aquí, Julie, ¿Vale? Hablare algo con tu papá y ya luego podrás irte.
–Está bien.
La dejo en la banca y me acerco a Samuel evitando que llegue hasta su hija y me cruzo de brazos, le miro de pie a cabeza, su cabello es un desorden y va algo agitado.
–Nuria...
–Señorita o profesora Michaels, para ti –digo y asiente. – ¿Qué son estas horas de venir por su hija? Es más de la hora de la salida –observo mi reloj. –Cuarenta y cinco minutos tarde y ella ya quiere marcharse y descansar.
–Lo sé, lo es y lo siento, Nu... –se frena. –Señorita Michaels –lo detallo aún mas, cuando alza un poco sus hombros para terminar de acomodar su saco, chiteo.
– ¿Es eso labial en su camisa? –este se registra con prisa.
–Yo... –alzo mi mano y niego.
–No me debe ninguna explicación, señor Duff, pero debe comprender que los niños tienen una hora de salida exacta, para que así puedan tener su debido descanso porque estar dos horas de estudio sin descanso es agotador para ellos y más para su edad, por favor, necesito que para la próxima semana usted y su esposa, vengan hablar conmigo con respecto a Julie y llegar a un acuerdo para que vengan por ella.
– ¿Mi esposa?
–Sí, la madre de Julie.
–Creo que hay un mal entendido, señorita Michaels –alzo mis cejas. –Yo no soy casado y no vivo con la madre de Julie.
–Oh... –este la llama y la pequeña se acerca. –Mis disculpas, no pensé que... –la sube al coche, me da el frente.
–No, le pido mis disculpas, sé que no es la hora de venir por ella, pero mi madre no pudo, mi hermana está en la universidad y yo...
–Y usted...
–Estaba en algo personal.
–Sí, supongo –una brisa fuerte nos sacude e incluso mi cabello se interpone en mi rostro, en ese momento él se acerca y me ayuda a despejarlo. –Señor...
–Aun utilizas ese perfume de rosas y miel... –nos miramos fijo, trago duro. –Nuria...
–Feliz fin de semana señor Duff, hasta luego –digo con prisa me alejo y tomo camino a mi coche.
Ya dentro de este, mi respiración es un desastre y tomando el volante de este, lo presiono con fuerza y dejo caer mi cabeza hacia adelante chocando mi frente en este y dejo salir todo el aire retenido en mis pulmones, niego una y otra vez, y me sobresalto cuando escucho que tocan la ventanilla de mi lado y al ver, noto que es Samuel, bajo la ventana y mantengo la mirada al frente.
–Mañana, siete de la noche te esperare en el Tresca.
–Samuel, no...
–Por favor Nuria... –trago duro, volteo a verlo. –Necesitamos hablar, si espero por ti sé que lo alargaras una y otra vez y yo, quiero hablar contigo en cuanto antes.
–Está bien –le miro a esos ojos grises tan llamativos. –Nos vemos en el Tresca.
Y subiendo la ventanilla decido ya marcharme y salgo del lugar, con el corazón latiendo como un loco y a la vez un idiota, porque ya debo dejar de hacerme ideas absurdas con Samuel Duff, ya debo pasar esa jodida página y escribir una nueva.
_
Me doy un sorbo de mi lata de cerveza y cuando volteo a mi lado, Madelia hace lo mismo y ambas nos quedamos en un silencio tirante pero para nada incómodo.
Tenemos aproximadamente una hora en mi coche, tomando cerveza y ya le conté todo lo ocurrido por la mañana con Samuel, día con día, la vida me hace una mala jugada colocándome en situaciones muy incomodas e intensas con él y no puedo disimular, detesto no disimular. Lo primero que hice fue volver a casa, ordenar mi habitación, pero al sentirme asfixiada, decidí darme una larga ducha y de inmediato salir de casa porque no quería estar encerrada entre cuatro paredes.
– ¿Qué piensas hacer? ¿Si iras? –me doy otro sorbo. –Nuria...
–Samuel, él esta jodidamente guapo, Madelia... –le miro y esta sonríe. –Fui una imprudente al mencionar que estaba casado y saber que no, por Dios, no te lo voy a negar, creó algo en mi pecho, algo...
– ¿Esperanzador? –trago duro, llevo la mirada al frente, asiento.
–Completamente, no vive con la mamá de Julie, no es casado pero se nota que no esta tan solo que digamos –ambas nos damos un sorbo de cerveza. –Y esta en todo su derecho porque es que, Samuel puede tener a cualquier mujer, ¿No? Desde adolescente era todo un rompecorazones, ¿Qué me hace pensar que ahora no es igual? Es que si lo ves, por Dios me darías la razón de esto que siento.
–No hay necesidad de verlo, es que ni siquiera sientes eso por su cambio físico y su aspecto varonil que tú misma me has contado, Nuria Ariann Michaels, él es tu primer amor, uno que nunca pudiste olvidar, con quien compartiste muchos lindos momentos, eso, eso es lo que mantiene tu amor por él, por eso pienso que...
–No lo digas –niego. –No lo hagas Madelia, no digas nada –le miro. –No me orilles a pensar en una oportunidad con él, porque aunque no esté casado, no pienso hacerme ilusiones con él, debo conocer más personas, que se yo, ya ver más allá de solo Samuel Duff –intenta hablar, lo evito. –Mañana iré, escuchare lo que debe decirme y ya, daré por finalizado esto, creo que solo me basta saber porque se marchó y ya cerrar ese jodido libro y hacer uno nuevo.
–Nuria... –niego y sonrio. – ¿Estas segura?
–Absolutamente, estoy muy segura de mi decisión, punto y final.
–Olvide lo terca que eres, pero está bien, está bien, respeto tu decisión sabes que siempre ha sido de ese modo y además yo siempre te alenté a que te dieras otras oportunidades y si sientes que este es el momento, adelante, hazlo –me acerco a ella y la abrazo.
–Gracias por escuchar una y otra vez esta historia, creo que ya es momento de cambiarla –me alejo y me sonríe. – ¿Iñaki? ¿Vendrá este fin de semana? –sonríe amplio y asiente.
–Llega por la mañana, se ira el lunes por la tarde, así que tendremos mucho tiempo para compartir.
–Falta poco para que ya pueda venir a vivir a Boston como siempre lo han planeado –su gesto cambia a uno más enamoradiza. –Por cierto, Zoe se ha comunicado conmigo, me pidió vernos el domingo, si te apetece podrían unírsenos.
–Vale, le comentare a Iñaki y te informare –ella vie su reloj. –Nuria, ya debo volver al trabajo y finalizar la jornada, la cliente ya debe estar por llegar –asiento.
–Ve, mucho hiciste con subir al coche y tomarte unas cervezas conmigo –nos damos un corto abrazo. –Te quiero Madelia, tu siempre tan buena amiga –arruga su nariz y sonríe.
–Ve con cuidado.
–Así será... –baja del coche.
–Yo también te quiero Nu, y siempre deseare lo mejor para ti –me guiña y vuelve a su trabajo.
Yo enciendo mi coche y noto que me queda un par de cervezas, estoy a unos veinte minutos de un parque donde siempre me gusta ir y despejarme, así que decido tomar camino hasta allí, sentarme en una banca, tomarme las dos cervezas que me queda y tener un momento sola, para pensar y analizar todo lo que pasa conmigo y mi vida.