Capítulo 3

2477 Words
Me quedo junto a la puerta del aula, mis alumnos, los cuales son un total de quince entre niñas y niños, van llegando junto a sus padres, algunos ya se encontraban en la academia, pero estaban conociendo las instalaciones. A una considerable distancia lo observo de cuclillas delante de la niña de cabello azabache y lacio y con voz melodiosa, Julie Duff, la hija de Samuel, su hija. Espabilo y me enfoco en el resto, todos mis alumnos van de la edad de siete a diez años, pero tratare de hacer un grupo donde todos se ayuden y le tomen amor al piano. Con los últimos padres dejando a su niño, este entra y toma asiento en su lugar, al despedirme de sus padres, estos se retiran y ahora es Samuel quien se acerca con la pequeña Julie y ella despidiéndose entra al aula y toma asiento. –Tengo entendido que, deben ser sus padres quienes pasen por ellos, pero ya que debo trabajar, lo más probable venga mi hermana Ashley o mi madre. –Está bien. –Dejare informado para que no haya problemas en el primer día –asiento. –Nuria... –Está bien, señor Duff, no tengo problema, ahora si me disculpa debo entrar y comenzar mi clase. –Sé que estás en tu trabajo, que quizás tienes preguntas y que no es el momento, pero me gustaría mucho hablar contigo. –Yo... –da un paso más, mi corazón se salta un latido y entonces es donde detallo con rapidez todo el cambio que Samuel tuvo en estos doce años. Su aspecto es muy varonil, maduro incluso, lleva barba una muy baja pero que le adorna la mandíbula de una buena forma. Esos ojos grises con detalles verdes, son tan idénticos a los de Julie y por Dios, su aspecto físico me está pasando la jodida factura por lo bien que se ve, por lo guapo que ahora va, y es que a los quince años eres algo escuálido y sin forma en tu cuerpo, pero ahora, Samuel se ve muy bien. –En algún momento podremos hablar, ¿Te parece? – ¿Segura? Yo... –Sí, segura, ahora si me permites –da un leve asentimiento y yo para no alargar más esto, entro al aula y lo dejo atrás. Me acerco a mi escritorio, tomo el marcador de pizarra y escribo mi nombre grande para que los niños puedan verlo en su totalidad, tomo una bocanada de aire y les doy el frente, con una sonrisa en mis labios y con mucha seguridad. –Muy buenos días a todos, como pueden leer detrás de mí, ese es mi nombre, Nuria Michaels, y yo a partir de hoy y por tres días a la semana, seré su profesora de piano –me toma por sorpresa los aplausos de los niños sonrio. –Quiero que vean en mí no solo a su profesora, también seré su amiga, pueden contar conmigo para lo que sea, ¿Vale? – ¡Si profesora Michaels! –dicen todos al unísono. –Bien, el día de hoy comenzaremos por lo más básico, postura y posición de manos, ¿Bien? –todos asienten y esbozando una sonrisa comienzo mi clase. _ – ¡Hasta la próxima clase, profesora Nuria! –alzo la mirada, sonrio. –Nos vemos, Felicia, cuídate –la pequeña asiente y se va saltando hasta sus padres y se marchan, observo a mi lado. –Julie, creo que han venido por ti –reacciona sonriente y ambas vemos a la entrada del aula, me coloco de pie. –Señora Duff, hola... –en cuanto la madre de Samuel me mira sonríe y se acerca, cuanto ha cambiado. Doce años han pasado por ella y aunque no se ven tan mayor, si se notan cambios en su rostro, algunas arruguitas, rastros de cana en su cabello y si, hasta su mirada cambio, no es esa radiante, no, ahora su mirada es opaca y en parte siento algo doloroso en mi pecho al notarlo. –Nuria, que gusto verte después de tanto tiempo –dice con ese tono de voz dulce y calmado. – ¿Qué tal la primera clase? ¿Julie lo hizo bien? –asiento, observo a la pequeña, ya me observaba. –Es muy atenta y le gusta participar mucho, es notorio que desea aprender mucho, ¿Verdad, Julie? –asiente dos veces, me acerco y me coloco de cuclillas, tomo sus manos. –Nos vemos en la próxima clase, ¿Bien? Y recuerda, nada de lagrimitas en esos ojitos preciosos que tienes. – ¡Si señorita Nuria! –me da un corto abrazo y yo vuelvo con su abuela. –Espero verte más seguido Nuria, que dicha volver a ver a tu cara –sonrio y asiento. –Claro que sí, señora Sonia, nos vemos pronto –me da una mirada fija por un instante y termina de marcharse. Yo vuelvo a mi escritorio y comienzo a ordenar mis cosas para ya marcharme a casa y me siento complacida por este primer día. Me detengo por un instante y entonces voy a hace un rato, muy temprano, cuando la vida una vez más coloco a Samuel delante de mí, pero dejándome saber que, la verdad es que las cosas han cambiado mucho, si, definitivamente sí. _ En mi habitación, sentada en el suelo, con la cabeza apoyada al borde de la cama, la mirada al techo y audífonos en mis oídos, suspiro y cierro mis ojos por un instante. – ¡Nuria! – ¡Aaaa! –me sobresalto de inmediato y al abrir mis ojos la observo. – ¡Dios, Madelia! ¿Cómo puedes llegar de ese modo? –esta alza su mano. –Eso apacigua un poco el susto –me guiña. –Lo sabía, por eso te sorprendí, llame a tu puerta y no respondiste, supe que de seguro estabas con tus audífonos –toma asiento y dejo a un lado mi móvil, ella se encarga de sacar los burritos para así comer, soda y algunos dulces. – ¿Qué tal tu primer día? –Increíble, pensé que no podría trabajar con niños, sabes que los adoro, pero darles clases es algo diferente, pero Madelia debes ver lo adorables que son, la curiosidad que le da todo acerca del piano y aun mas, las ganas que tienen de saber más y más –esta sonríe, ambas chocamos burritos y nos damos un mordisco. –Pero para eso no me enviaste ese S.O.S ¿No? –llevo la mirada a la ventana. – ¿Nuria? –Ha vuelto... –comento, trago duro el nudo formado en mi garganta, la observo. –Él ha vuelto, después de doce años, está nuevamente en la ciudad. –Eh… ¿De quién hablamos? –nos vemos fijo, y si, Madelia es algo lenta, una adorable cualidad de su parte. – ¿¡Que!? –reacciona y se alborota. –No me jodas, Nuria, acaso... –asiento levemente. – ¿Samuel Duff? ¿Volvió? ¿A Boston? –le doy otra mordida a mi burrito. –Así es, está en Boston y... – ¿Y? ¿Qué? ¿Qué? –Hizo su vida, Madelia, él es todo un hombre realizado a sus veintinueve años, Samuel tiene una pequeña hija de siete años y yo seré su profesora de piano. – ¿¡QUE!? –Madelia se ahoga y yo intento que no muera en este momento. – ¡Nuria! ¿¡Que hablas!? ¿¡Una hija!? ¿¡Es casado!? Mucha información, demasiada diría yo. –Supongo que sí, ¿No? –suspiro y dejo caer mi cabeza hacia atrás, colocándome en la misma posición de hace un momento, siento un nudo en mi garganta. –Fui una idiota, ¿Verdad? –la observo. –Samuel si pudo avanzar en su vida sin esperar un reencuentro entre los dos, tuvo una niña, si, muy joven, pero ya es padre y yo, yo... –Esperaste por él... –el nudo en mi garganta duele, el temblor en mi mentón es señal que estoy por echarme a llorar. –Quien fue mi primer amor, ya es papá y... –Nuria... –niego y llevo la mirada al frente. –No sé qué decirte, yo... –Me engañe a mí misma haciéndome creer que ya lo había superado en todo este tiempo –rio un poco. –Pero lo volví a ver y mi corazón se detuvo por un instante y cuando retomo su curso, ya era demasiado tarde para no admitir que yo aún lo quiero, ¡Dios! ¡Que idiota soy! –Ay no, Nuria, tampoco te eches tierrita de ese modo... –sonrio y observo a Madelia. –Esto no lo esperaba, la verdad. – ¡NI yo! –me doy un sorbo de mi soda. –Pero Madelia, por Dios, su hija es un encanto, es preciosa y tan dulce y amable, es tan risueña como el Samuel de dieciséis años que aún permanece en mi mente. – ¿Y estarás bien siendo su profesora? ¿Conociste a la mamá? –niego. –Por favor cuéntame todo, desde la A hasta la Z, necesito comprender muchas cosas. –Está bien, tenemos suficientes dulces para hablar esta noche. –Así que empieza, ya. . Sentada en el alfeizar de la ventana, mantengo la vista a las afueras de mi casa, la luna esta iluminando todo el lugar y cuando escucho balbuceos, observo a Madelia y sonrio ante esto. Decido escuchar algo de música para esperar conciliar el sueño y coloco mis audífonos, busco una canción en específica, una que descubrí y la cual me gusta la letra, me costaba entenderla porque es en español, siempre me ponía nostálgica la melodía, pero ahora que se lo que dice, en este momento me da directo en el corazón. La canción es de una española llamada Chenoa y la canción Volverte a Ver, la siento muy personal y más aún en este momento donde la vida ha vuelto a mí alrededor al chico que yo siempre quise y que ahora solo debo sentir que de igual modo está lejos de mí, de mis manos y mi vida. Apoyo mi cabeza en la ventana y cierro mis ojos, enfocándome en la canción, sintiendo esa misma nostalgia que me transmite y disfrutando la voz de la cantante. El vibrar de mi móvil me lleva abrir los ojos nuevamente y ver de quien se trata, es casi media noche, ya debería estar durmiendo y sin embargo me está costando mucho. Noto que es un mensaje, de un número no registrado y cuando leo el nombre de la persona que me escribe, mi corazón se va directo a mi garganta y mis manos se vuelven sudorosas y de gelatina. Me siento un tanto idiota sintiendo esto, porque ya no soy esa adolescente de quince años y no puedo estar reaccionando de este modo. Número desconocido: Hola Nuria, disculpa la hora, es Samuel Duff, me hice la pregunta una y otra vez si sería buena idea escribirte a estas horas, pero siento que si no lo hacía no iba a poder dormir. Nuria: Buenas noches Samuel, no hay problema por ello, además así tengo tu numero para cualquier detalle de las clases de piano de tu hija Julie, ya puedes dormir tranquilo, buenas noches. Bloqueo mi móvil y me quedo con la mirada fija en el teléfono, pero el vibrar y la luz intermitente me refleja un nuevo mensaje, tomo una bocanada de aire y lo desbloqueo. Samuel Duff: No lo he podido hacer desde hace doce años, conciliar el sueño me ha costado, creo que por primera vez, podre hacerlo sin tener tantas cosas pasándome por la cabeza, exactamente tú, paseándote por mi cabeza. Mi corazón se salta un latido y niego ante esto, bloqueo mi móvil, bajo del alfeizar y entro a la cama, dejo el móvil sobre la mesita de noche y me arropo, fijo la mirada al techo. –Ahora soy yo, quien no podrá conciliar el sueño después de tanto tiempo –suspiro y niego. – ¿Por qué ahora? ¿Por qué? ... Sonrio al ver a mis sobrinos comer, son tan dulces cuando lo hacen, pero no dura mucho cuando Vidal le lanza un trozo de salchicha a Benny y este al reaccionar le lanza un poco de pure de papas. Mamá se apresura para evitar que comiencen una guerra de comida en pleno almuerzo y ambos vuelven a la normalidad, es como unos ligeros arranques de tremenduras que les da y ya todos estamos acostumbrados. –Crei que Madelia se quedaría para el almuerzo. –No, a ultima hora le llamaron del trabajo, una clienta que es fija y solo se arregla con ella adelanto su cita y ya saben, Madelia puede estar en Alaska y viene de inmediato para atender a sus clientas. –Eso es amor por el trabajo –comenta mi cuñada Gabi. – ¿Y tu Nuria? ¿Qué tal tu primer dia ayer? –sonrio y les miro a todos, incluso mi hermano, hoy esta libre en su trabajo. –Mis alumnos son adorables, son atentos y claro que en ocasiones se entretienen en otra cosa, pero noto que les gusta todo lo que tiene que ver con el piano. –Asi como a ti –observo a mi hermano Noel. –Tus ojos brillaban cuando mamá te llevaba a tus clases –reimos. –Hay algo que quiero contarles, creo que debo hacerlo para que no los tome por sorpresa –todos me observan, incluso mis sobrinos. –Él, ha vuelto a Boston –trago duro. –Samuel Duff, esta de regreso a la ciudad. – ¿Qué? –observo a mi hermano. –Esperaba cualquier cosa menos esa noticia, ¿Cómo te sientes al saber eso? –Ya lo vi, un par de veces, en la boda del domingo, donde toque y... –tomo una bocanada de aire. –En la academia donde trabajo, una de mis alumnas, es, hija de Samuel. – ¿Hija? –mi hermano es imposible que evite la sorpresa y mucho menos expresarla. –Él... –Si, tiene una hermosa hija de casi siete años y, solo eso queria contarles. – ¿Y tu? ¿Cómo te sientes? ¿Tu corazón? –observo a mamá, sonrio. –Ambos estamos bien, si siento que es algo irreal, un sueño, pero supongo que algún dia iba a ocurrir, que Samuel volveria a Boston, mas nunca practique esa idea. En silencio todos continuamos la comida, y el repentino toque en mi pierna de parte de mi cuñada me lleva a verla y esboza una corta sonrisa dándome en silencio apoyo ante la llegada de Samuel a la ciudad y una vez mas a mi vida.
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