Alizeé caminaba en la habitación impaciente, se acercó a la ventana y se dio cuenta que el sol comenzaba a salir cubrió lo suficiente las ventanas con las cortinas como si ocultará un crimen en el lugar. –Te puedes regresar a la habitación si quieres, no tienes que estar aquí –mencionó Helena. –Estoy bien aquí –contestó y luego la miró –. ¿Dónde están tus hijos? –Alfred se hace cargo y también están las niñeras. –¿Y dónde está Olivia? –preguntó Alizeé. –Seguramente durmiendo, debe estar agotada por esa gran fiesta que dio ayer –suspiró Helena. –¿Acaso ella no sabe que Eliot es… es así? –Por supuesto que lo sabe, pero qué lo quiera aceptar es otra cosa –mencionó –. Según ella son rabietas. –¿Rabietas? –Así las llama ella, por más que un especialista le explicó sigue repitie

