“Soy una chica buena. Soy hermosa. Tengo poder”, me repetía cada noche antes de dormir. Y no paré, hasta que el destino me puso frente a Alex Valenti.
Él era un millonario perfecto, pero lo que me atrajo no fue su rostro, sino su honestidad. Él no hacía alarde de su dinero. Él ayudaba a los demás. Él se enojaba ante las injusticias.
—¿Eres un monstruo, Lucia? —me preguntaba a mí misma al verlo.
Nuestra primera charla fue un balazo directo al pecho.
—¿Lucia, por que lo haces?. — Ya debería de habérmelo esperado, pero no traje chaleco antibalas. — No eres diferente a otros. Tienes dos piernas, dos brazos, y aunque eso le faltara a uno, tienes un corazón al igual que otros. No eres diferente a los que desprecias, niña mimada.
Sus palabras me atravesaron. Me fulminaron. Por primera vez en mi vida, sentí que podía “morir”.
Estaba confundida, sin saber que decirle.
—Y-yo, lo hago por que es así como deben ser las cos-a..s.
—¿Por que así son las cosas?. Sus ojos bajaron, con una decepción palpable. — Lo que dices no tiene sentido.
—¡Para mí lo tiene! Tu eres el raro por tratar de manera igual a esos pobres asquerosos. Yo los trato como lo que son, meros perros que sirven para cumplir el orden de su amo.
—Lucia...
—No me mires de esa forma. Si me invitaste a salir, debiste ser consiente de como soy.
—No, Lucia... no pensé que serias así. Pero entiendo, que las personas tienen tanto defectos, como virtudes. Tal vez no te pueda cambiar, y tampoco espero hacerlo. Prefiero verte dándote cuenta tu misma que estas equivocada, por que no te imaginas, lo agradable que es tener personas con las cuales poder sonreír de verdad.
Aun lo recuerdo, como una escena de ensueños. Estábamos enfrente al mar vasto y brillante. Pero eso no me llamo la atención. Hubo un ladrón descarado. Su cara, sus orejas, su boca curvada en una hermosa sonrisa que me cautivo.
—Por que eres una humana. —Continuo sus palabras dulces. — Por que eres hermosa. Por que eres sol. Por que eres tu. Quiero caminar este sendero contigo y hacer que abras esos bellos ojos negros al cielo. Reprenderte cuando haces algo malo. Llenarte de besos cuando haces algo bueno. Solo quiero estar a tu lado, avanzando contigo, sosteniendo tu mano.
—Te quiero. y quiero vivir el resto de mi vida contigo, Lucia Clifford.
Mis ojos, antes cerrados en un sueño de paz, se abrieron de golpe. La calidez del sol de mi recuerdo se evaporó, reemplazada por la presión de un cuerpo sólido y frío. Estaba fundida en un abrazo que no pedí. Unas manos gruesas, con las venas marcadas por el poder, me sujetaban con una fuerza que me quitaba el aliento. Sentía sus dedos hundirse en mis nalgas, apretándolas con una firmeza posesiva, como si quisiera dejar su marca, demostrando que ahora cada centímetro de mi carne le pertenecía a él.
El aroma de Dante inundó mis sentidos, borrando el rastro de la brisa marina de Alex. No era él. Y tampoco esperé que lo fuera... al final, siempre estuve equivocada.
Alex no era mi salvador, y yo no era la víctima que creía ser.
Soy una chica mala. Y este es mi infierno.