Capítulo 12: El desayuno del Diablo

1176 Words
El sol no debería existir en un lugar como este. Eso fue lo primero que pensé cuando abrí los ojos y vi la luz filtrarse por los cortinajes de seda oscura de la habitación de Dante. Una luz dorada, casi cálida, que caía sobre las sábanas blancas con una indiferencia obscena. Como si el mundo no supiera — o no le importara — que yo había amanecido siendo propiedad de otro hombre. Me quedé inmóvil unos segundos, pensando. La cama estaba fría del lado de Dante. Él ya no estaba. En algún lugar de la mansión, el silencio tenía la textura específica de las mañanas en casas grandes: pasos lejanos, el tintineo de cubiertos, el murmullo de voces que no llegaban a convertirse en palabras. Me levanté. No porque quisiera. Sino porque quedarme en esa cama un segundo más me parecía la forma más rápida de perder lo poco que me quedaba de mí misma. ✝✝✝ La empleada de siempre — descubrí que se llamaba Rosa, aunque ella nunca me lo dijo; lo leí en el bordado de su delantal — me esperaba en el pasillo con una expresión que no era amable ni hostil. Era neutra. El rostro de alguien que ha aprendido que en esta casa, las opiniones no se tienen. —El señor Moretti desayuna a las ocho —dijo, girando sobre sus talones—. Espera que usted baje. No era una invitación. Era una instrucción. Bajé. El comedor de Villa Moretti era una sala que intimidaba por su precisión. Nada estaba fuera de lugar. La mesa de madera oscura tenía capacidad para veinte personas, pero esta mañana solo había dos servicios dispuestos: uno en la cabecera, y otro a su derecha. Lo suficientemente cerca para que la conversación fuera inevitable. Lo suficientemente lejos para que no hubiera confusión sobre quién mandaba aquí. Dante ya estaba sentado. Llevaba un traje gris madrugador, sin corbata, con los primeros botones de la camisa abiertos. Tenía un café en una mano y un documento en la otra, y sus ojos recorrieron las páginas con esa concentración fría que yo ya empezaba a reconocer como su estado natural. No levantó la vista cuando entré. Me senté. Tampoco dije nada. Durante tres minutos completos, el único sonido en esa sala fue el de las páginas que Dante pasaba y el de mi respiración, que yo controlaba con una disciplina que me costaba más de lo que aparentaba. —¿Duermes mal o simplemente tienes cara de querer matarme todas las mañanas? —dijo él, sin levantar la vista del documento. Me tomó por sorpresa. No el comentario — sino el tono. No era una provocación. Era casi... conversacional. —Las dos cosas —respondí. Silencio. Luego, sin que yo pudiera estar segura de haberlo visto, algo en la comisura de sus labios se movió. Desayunamos. Huevos, frutas, pan tostado con mantequilla de trufa que probablemente costaba más que el alquiler mensual de mi antigua casa. Rosa y otras dos empleadas se movían alrededor de la mesa con una eficiencia invisible, como satélites orbitando un planeta que no les prestaba atención. Dante comía sin apuro. Revisaba documentos entre bocado y bocado. Firmaba cosas. En un momento dado, Dylan apareció en el umbral del comedor con una tableta en la mano, murmuró algo, y Dante respondió con tres palabras que no alcancé a escuchar. Dylan desapareció. Era una rutina. Una rutina de poder, exacta y aceitada, en la que yo era la única variable nueva. Me pregunté cuánto tiempo llevaría siendo una variable antes de convertirme en parte del paisaje. Me pregunté si eso sería mejor o peor. —¿En qué piensas? —preguntó Dante. Esta vez sí me miraba. —En nada que te importe. —Todo lo que pasa bajo este techo me importa, Lucia. Es una cuestión de administración. Lo miré fijamente. Él sostuvo la mirada con esa calma de abismo que tenía, esa capacidad de mirarte como si tuviera todo el tiempo del mundo y ninguna necesidad de que el mundo le devolviera nada. —Estaba pensando en Gianna —dije, porque era verdad y porque nombrarla era lo único que todavía sentía completamente mío—. En cómo está. En qué hace durante el día. Dante dejó la taza sobre el plato con un sonido suave y preciso. —Gianna desayuna en su habitación —dijo—. Tiene acceso a la biblioteca, a los jardines del ala este y a la sala de música. A partir de mañana, tendrá clases. Me quedé quieta. —¿Clases? —repetí. —De italiano. De finanzas básicas. De piano, si le interesa. —Tomó su café de nuevo—. No me gustan las personas ociosas bajo mi techo. El ocio produce ideas inconvenientes. —Tiene dieciocho —dije, con una frialdad que me sorprendió a mí misma—. No es una niña a quien puedas moldear. —No —concordó Dante, con una suavidad que era más peligrosa que cualquier grito—. Pero es mi responsabilidad mientras esté aquí. Y los Moretti cumplen con sus responsabilidades. Abrí la boca. Pero la cerré de inmediato. Porque no había respuesta que no fuera una trampa. Si protestaba, le daba la satisfacción de verme perder el control. Si aceptaba, le daba permiso de seguir tomando decisiones sobre la vida de mi hija como si fueran suyas. Me comí el pan con mantequilla de trufa en silencio. Y mientras lo hacía, me juré que aprendería a jugar este juego mejor que él. ✝✝✝ Después del desayuno, Dante se levantó, ajustó el saco. Y solo antes de salir del comedor se detuvo, de espaldas a mí, y habló: —Las clases de Gianna empiezan mañana a las nueve. Si quieres estar presente la primera semana, Rosa te indicará el salón.  Luego desapareció por el pasillo. Me quedé sola en ese comedor inmenso, con los restos del desayuno más incómodo de mi vida frente a mí, procesando lo que acababa de pasar. Dante Moretti no me había amenazado. No me había ordenado nada. No había hecho ninguno de los movimientos que yo esperaba de él esta mañana. Y eso, descubrí, era mucho más desestabilizador que cualquier amenaza. 🖤 ─── 𝕵.𝕽. 𝕽𝖔𝖞𝖓𝖊 ─── 🥀 ¡Hola a todos! Gracias por seguir el rastro de los Moretti. Primero, quiero agradecerles de todo corazón por el apoyo increíble que está recibiendo esta historia. Sus lecturas y valoraciones son lo que me motiva a seguir explorando los rincones más oscuros de esta trama. A partir de ahora, para mantener la intensidad, estaré publicando dos episodios diarios. ¡Tenemos un reto! Si logramos llegar a los 50 favoritos antes del próximo miércoles, ese mismo día les daré una maratón especial de 5 episodios nuevos de golpe. Es el momento de demostrar su lealtad a la familia. Si les gusta lo que leen, no olviden darle a "favorito" y dejar sus comentarios. ¿Qué creen que está planeando realmente Dante con esas clases para Gianna? ¡Nos vemos pronto!
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