Había pasado toda la mañana en el taller. Desde que Dante soltó aquel deseo de ver lo que pintaba, llevaba tres días sin poder hacerlo con la misma libertad de antes. Es esa extraña sensación que te invade cuando sabes que alguien te observa a escondidas, justo cuando crees estar a solas. Por eso, entré al taller hoy con la determinación férrea de no pensar en él; necesitaba recuperar el único espacio que era completamente mío en esta mansión. Pinté durante dos horas, perdiendo la noción del tiempo. Pero al terminar y salir al corredor, mis pies tomaron, casi por instinto, una dirección que había evitado hasta ahora. El pasadizo final del ala oeste. ✝✝✝ Era diferente a las otras alas. Menos transitada, con luz más tenue y esa quietud de los espacios que no se usan con frecuencia pero q

