Fue un accidente. O al menos eso fue lo que me dije cuando mis pies se detuvieron solos en el umbral del baño que comunicaba el vestidor con el dormitorio; una puerta que debería haber estado cerrada, pero que esa mañana alguien había dejado entreabierta. Dante no me había escuchado entrar. Yo no había calculado que él estaría ahí. Eso fue lo que me dije. La verdad, y algo que tardé exactamente tres segundos en admitir después de que la adrenalina bajara, era que no me moví de inmediato. Y esos tres segundos cambiaron algo en mi cabeza que no iba a poder deshacer. ✝✝✝ Estaba de espaldas. Saliendo de la ducha, con el agua todavía cayendo y el vapor llenando el espacio con ese calor denso que borraba los bordes de las cosas. Alcanzó una toalla sin apurarse, con esa naturalidad de qui

