6. Lo que se necesita para alcanzar un sueño

1570 Words
Fue la propia Milena quien me contó de la maravillosa sorpresa que su esposo le había dado por su aniversario: una romántica escapada a un caro resort en Colorado. Escucharla tan entusiasmada me llenó de alegría y me tranquilizó. La crisis había pasado y mi amiga volvía a ser la de siempre. Pasaron varias semanas antes de que volviera a saber de ella. “¡Hola, linda! ¿Qué haces esta noche? Ven a cenar a casa. Quiero verte.” ¿En serio? Salir de casa un sábado por la noche… Miré a mi alrededor. Por más que mi parte ermitaña quería quedarse hundida en el sofá viendo películas, la verdad es que una cena con Milena sería agradable. “Me encantaría.” "¡Magnífico! Fernando pasa por ti a las seis.” ¡Oh, cielos! Dejé el sofá y fui a darme un baño. A las seis en punto recibí un mensaje: “Estoy afuera” ¿Fernando? ¿Por qué no llamaba a la puerta? Me di una mirada en el espejo y salí rápidamente, no quería hacerlo esperar. Él aguardaba en el auto, con el motor encendido y me sentí algo inquieta. Di un rodeo y subí al auto. - ¡Amelia! Lo siento - se sobresaltó - No te vi salir - - No te preocupes - me abroché el cinturón y lo miré: - ¿Estás bien? - - Sí, solo me distraje un momento - volvió la cabeza y me miró. Había algo extraño en su mirada. ¿Tal vez me había vestido muy informal? - ¿Estás seguro que estás bien? ¿Le pasó algo a Milena? - - Lo siento - murmuró - Milena está bien. Solo son cosas del trabajo - - ¡Oh! Comprendo - Echó a andar el auto y viajamos en silencio. - ¿El viaje resultó bien? - pregunté luego de un rato. Creí que no me había escuchado. Iba con la mirada fija en el camino. Decidí entonces no abrir más la boca y me ocupé de mirar por la ventanilla. - El viaje estuvo bien - dijo al fin cuando se detuvo en un semáforo en rojo. Temí que en realidad fuera todo lo contrario, a pesar de lo que Milena me había dicho. ¿Habrían peleado? Tal vez Milena no había querido dejar a un lado el tema del bebé y discutieron. Finalmente llegamos a la casa y Milena salió a recibirnos. Se veía radiante y hermosa, como siempre. Me abrazó con fuerza. Sonreía y eso me tranquilizó. Nunca había sido capaz de ocultar sus sentimientos, así que tal vez Fernando realmente estaba preocupado por asuntos de trabajo. Nos sentamos en la sala, pero él se excusó y se perdió en el interior de la casa. Milena no le prestó mayor atención y me contó con lujo de detalles su viaje y todas las experiencias que vivieron juntos. - No sabes cuánto me alegra verte tan feliz - dije estrechando su mano - Es así como te quiero ver siempre - - Sé que la última vez que me viste era un desastre - dijo Milena - y lo lamento. Lamento haberte preocupado… a ti y a mi esposo. No lo merecían - - No digas tonterías. Nos preocupamos porque te amamos y haremos lo que sea para que estés bien - Ella me miró con grandes ojos. - ¿De verdad es así, linda? - - ¡Claro que sí! ¿Cómo puedes dudarlo? - exclamé. Ella sonrió. - ¿Tienes apetito? Son más de las siete. Llamaré a Fernando - La cena fue bastante silenciosa. Intercambiamos algunas palabras, puse al tanto a Milena de algunos incidentes recientes en la empresa, pero no tardábamos en volver al silencio. - ¿Quieres algo más, linda? - preguntó Milena. - No, gracias. Estoy satisfecha. Estaba delicioso - - Me alegra que te gustara - cruzó una mirada con su esposo y luego de tomar un poco de aire, dijo: - Linda, hay algo de lo que quiero hablarte - - ¿Qué sucede? - Milena miró de nuevo a Fernando, pero él no se movió. - ¿Está todo bien? - - Todo está bien… pero podría estar mejor… No entendí a qué se refería. - …con tu ayuda - Aguardé que continuara. - Quería hablarte de esto en cuanto llegaste, pero Fernando pensó que según el resultado, la cena podría ser muy incómoda - - ¡Cielos, Milena! No entiendo en lo absoluto de qué hablas - dije con impaciencia. - Bueno… cuando volvimos de nuestras vacaciones, Fernando y yo fuimos a visitar a un médico especializado en temas de fertilidad… Luego de muchos exámenes llegó a la conclusión que hay algo malo en mí… No me preguntes qué, porque realmente no lo comprendí, pero el punto es que por alguna razón, el bebé no logra sostenerse en el útero - Miré a ambos. Sabía que la noticia era dolorosa para la pareja que tanto ansiaba un hijo. - Luego de repasar las diferentes opciones - continuó ella - Yo creo que solo hay una opción para poder al fin tener a mi hijo y eso es por medio de una madre subrogada - Me eché hacia atrás y ella analizó mi rostro, tratando de adivinar mis pensamientos, pero en ese momento, realmente no pensaba mucho. Solo quería que fuera al punto. - El procedimiento, explicado de forma muy simple, consiste en tomar mis óvulos, fertilizarlos con los espermatozoides de Fernando y una vez fecundados, depositarlos en una mujer que llevaría adelante el embarazo. Biológicamente sería nuestro… Solo que necesita otro vientre donde crecer - Miró a Fernando y él le hizo un gesto para que continuara. - Tú sabes, linda, lo que un hijo significa para mí… Solo hay una persona en el mundo a quien podría acudir… Solo hay una persona en este universo a quien le confiaría mi bebé - sus ojos se humedecieron - Nuestro bebé - y miró a Fernando. Él estrechó su mano y se volvió a mí. - Amelia, esta es la única manera en que Milena y yo podríamos ser padres. El médico dice que no hay forma alguna que Milena pueda sostener un embarazo por más de unas pocas semanas… Y como bien lo dijo, no podemos acudir a cualquier persona… Sabemos que no es un simple favor… No es simplemente prestar tu vientre como si se tratara de un bolso o de zapatos - - No digas más - le detuve con un gesto - No tienes que explicármelo. Pero no hay seguridad de que esto funcionará, ¿no es así? - - Bueno, tendríamos que hacer algunos análisis para que el médico se asegure que estás sana, que no hay condiciones que pongan en riesgo… a ti o al bebé - asintió Fernando. - Nosotros correríamos con todos los gastos - intervino Milena - Todo lo relacionado con los cuidados médicos, nutrición, el parto… todo lo que necesites - Antes que yo pudiera replicar, Fernando dijo: - A ella no le importa el dinero, Milena - - Sí, justo eso iba a decir - dijo con voz ahogada y no pude evitar mirar a Fernando con sorpresa - No se te ocurra hablar de dinero, Milena - - Te estoy pidiendo que pongas en pausa tu vida durante nueve meses, linda - dijo muy seria - Sé que te falta poco para acabar tu carrera y esto traería al traste todos tus planes - Me puse de pie y la abracé. - Deja de decir tonterías, Milena. Sabes que haría lo que fuera por ti. Eres mi hermana de corazón. Si esta es la forma para que puedas tener a tu hijo en tus brazos, lo haremos - Milena dejó escapar un grito y se abrazó a mí. Sentí sus lágrimas en mi hombro. - Gracias… gracias… gracias… Miré a Fernando. Estaba emocionado, sin duda, pero hacía un esfuerzo por contenerse. Era obvio por la forma en que apretaba los labios y su mandíbula sobresalía. - Quiero empezar cuanto antes - dijo ella separándose - ¿Podrás conseguir un par de días para hacer los análisis? - - Por supuesto, solo dime qué necesitas - Me volvió a abrazar y ahora reía, reía extasiada. Me dejó un momento y fue con su esposo. - ¡Tendremos un bebé! ¡Tendremos un bebé! - Él la rodeó dulcemente y me miró. Ambos logramos sonreír. Daban más de las diez y ahí estaba yo de nuevo en el auto de Fernando. Las calles estaban desiertas y avanzábamos a buena velocidad. De pronto giró con algo de violencia y se hizo a un lado del camino. - ¿Qué sucede? - exclamé asustada. Puso el freno de mano y se volvió a mí. - Escúchame, Amelia - dijo con tono firme - Escúchame un momento. Solo te pido que me dejes decir esto sin interrupciones y sin que te enfades conmigo - Le miré sin comprender qué sucedía. - Piénsalo bien. Solo asegúrate de tomar tu decisión con la mente clara y consciente de lo que este procedimiento implica para ti - Traté de decir algo, pero me detuvo con un gesto. - Tienes derecho a negarte. Ahora o en cualquier momento. Tienes derecho a opinar y ser parte de las decisiones. Esto no se trata solo de Milena, se trata también de ti -
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