Esa noche Sebastian se quedó a mi lado y la mañana siguiente cuando desperté, él ya no se encontraba ahí. La decepción me inundó a no verlo a mi lado y encontrar a la soledad como mi única acompañante.
—Señorita Violet, el amo Sebastian solicita su presencia en el salón principal —anunció George una vez que estuve aseada y vestida.
Me dirigí al salón principal y me sorprendió no perderme en el camino ya que este lugar era gigantesco. Cuando llegué al salón me percaté de que fue aquí en donde conocí al conde y a su esposa, fue aquí donde acepté nuevamente convertirme en la doncella de Sebastian.
—Buen día, querida —saludó la condesa Ania. Me sorprendió encontrarla solo a ella en ese gran salón. —Pude sentir el exquisito aroma de tu sangre e inmediatamente supe que eras tú —dijo con ironía.
—Buen día, mi lady —respondí al saludo sintiéndome algo incómoda.
—Por favor querida, ahora eres la doncella de Sebastian así que trátame con más familiaridad. Llámame Ania —pidió con amabilidad. —¿Quieres un poco de té? —Ofreció.
—¿Dónde está Sebastian? —Quise saber —George me dijo que quería verme.
—Seguramente se encuentra ocupado y no tardará en llegar —asentí y procedí a beber de mi té —te recomiendo que no seas tan posesiva con respecto a Sebastian —dijo de repente logrando desconcertarme —así era Lily y mira que no terminó nada bien.
—¿Quién es Lily?
Ania llevó una mano a sus labios como si hubiese cometido una imprudencia. Ahora mi curiosidad con respecto a Sebastian aumentó aún más.
—Lily fue la primera esposa de Sebastian —entonces recordé lo que dijo el conde aquella vez: solo hubo una mujer capaz de llamar la atención de Sebastian, así que no esperes más de él.
—El conde Vladimir dijo que ella fue la única mujer que llamó la atención de Sebastian —Ania me miró con sorpresa, creo que no esperaba que preguntara tanto y no pensaba retractarme ahora que tenía la oportunidad de saber uno de los secretos de Sebastian.
—Lily era una joven hermosa y cuando Sebastian la conoció se enamoró de ella. Fue amor a primera vista e inmediatamente él no dudó en convertirla en su doncella y posteriormente su esposa —explicó —pero ella murió cuando...
—Lamentamos haberlas hecho esperar —maldije en mi interior cuando el conde Vladimir entró al salón acompañado de Sebastian —pero teníamos un asunto que atender ¿no es así Sebastian?
—Definitivamente.
—No te preocupes querido, Violet y yo solo charlábamos —respondió Ania mientras besaba con pasión los labios de su marido —¿y de qué trata ese asunto tan importante?
Vladimir tomó asiento junto a Ania mientras que Sebastian se colocó a mi lado.
—Dejaré que Sebastian se encargue de darles las nuevas noticias —pude notar un poco de burla en las palabras del conde Vladimir.
—Recibimos una invitación para asistir a un baile
—¡¿Un baile?! —los ojos de la condesa se iluminaron, como era de esperarse de toda mujer de alta sociedad, un baile sería la oportunidad perfecta para cotillear.
—Sí, el baile de los antiguos clanes —concluyó Sebastian —sin embargo, el anfitrión de este siglo es Claus —la forma en la que Sebastian dijo ese nombre pude notar odio y desprecio.
—Parece que no tendremos otra opción más que asistir —comentó el conde Vladimir.
—De ninguna manera asistiré —respondió Sebastian con decisión.
—¿Por qué no? —pregunté llamando la atención de todos.
—Simplemente porque no me interesa ir.
—¿Cómo puedes negarte Sebastian? —le recriminó Ania —sabes que el consejo solicita nuestra presencia.
—Querrás decir, la presencia de Vladimir, no mía.
—Ania tiene razón Sebastian, eres parte de la familia Radclyffe Grey y por lo tanto tendrás que ir —esta vez fue el conde Vladimir quien habló —¿nunca podrás olvidar que lo que Claus le hizo a Lily? —el rostro de Sebastian de ensombreció y de un momento a otro tomó a Vladimir del cuello golpeando su cuerpo contra la pared.
—¡Sebastian! —grité, estaba a punto de intervenir, pero Ania me detuvo.
—Nunca vuelvas a mencionar su nombre frente a mí —escupió con ira provocando una cínica sonrisa por parte de Vladimir. Con esa sola reacción me pude percatar de lo mucho que le dolía la pérdida de su esposa y eso solo me decía que aquellas dulces palabras jamás tendrían la mitad del amor que una vez le tuvo a Lily.
El conde se liberó rápidamente del agarre de Sebastian y lo tomó del cuello alzándolo con un solo brazo. No podía creer lo que mis ojos estaban viendo, la verdadera naturaleza de un monstruo.
—No te atrevas a desafiarme de nuevo Sebastian porque olvidaré el aprecio que te tengo y no dudaré en matarte —Vladimir soltó a Sebastian para después retirarse junto a Ania.
—¡Sebastian! —Corrí a su lado, las marcas en el cuello provocadas por Vladimir comenzaban a sanar inmediatamente —¿estás bien? —Él asintió.
—Lamento que vieras eso —se disculpó —¿tú estás bien? —Asentí.
—Me alegra haber escuchado a mi sexto sentido y mantenerme alejada de tu familia —dije —estaba preocupada, por un momento creí que te haría daño —Sebastian negó.
—Aunque quiera no puede hacerme daño.
—¿Qué quieres decir?
—Le debo la vida, Violet.
—Me temo que no entiendo.
—Te lo explicaré, pero ahora tengo sed ¿puedo?
Sebastian me tomó detrás de la nuca y me atrajo hacia él, nuevamente sentí como sus colmillos atravesaron mi piel y un inevitable gemido de dolor salió de mis labios. Su boca chupaba y lamía mi piel provocando que dolor desapareciera convirtiéndose en ese agradable placer que me hacía estremecer.
—Tú sangre es magnífica, nunca había probado una igual.
—¿Qué está pasando Sebastian? ¿Por qué no quieres ir a ese baile? —Pregunté —al parecer es importante.
—No quiero asistir por una razón —lo miré fijamente esperando su respuesta. —Yo odio a Claus.
—¿Por qué? —Sebastian tensó la mandíbula, él no estaba dispuesto a responder —dijiste que saciarías mi curiosidad.
—Si te lo digo eso implicaría contarte de mi pasado y si lo hago, tú me temerás y querrás irte —negué y tomé su rostro entre mis manos.
—A pesar de tener a mi familia conmigo siempre sentí que estaba fuera de lugar —confesé —toda mi vida me he sentido sola y lo único que conozco mi inseguridad; sin embargo, desde que te conocí tengo todo tipo de sentimientos hacía ti menos miedo.
Mis palabras lograron cierto efecto en Sebastian, él no esperaba este tipo de confesión de mi parte, tampoco yo esperaba que esas palabras salieran de mi boca; sin embargo, era verdad, estar al lado de Sebastian me hacía sentir segura.