Desperté con una terrible jaqueca y el sonido de alguien tocando la puerta a mitad de la noche. ¿Cómo puede alguien venir a estas horas e irrumpir en casa ajena? Después del baile recuerdo que Luciane vino a mí angustiada, nuestro hermano mayor estaba desaparecido. Logramos encontrarlo y de no haber llegado a tiempo, él ya habría apostado la mitad de nuestros bienes, pero a pesar de todo el apogeo de la noche, parece que alguien no estaba dispuesto a dejarme descansar.
—¡Por todos los santos! —exclamó mi madre cubriéndose con un ligero chal de lana. —¿Quién podrá ser a esta hora?
Mi padre encendió una vela y se dirigió a la puerta mientras que Richard se acercó con cautela con escopeta en mano, su actitud calma de ambos comenzaba a ponerme nerviosa; sin embargo, no podíamos darnos el lujo de bajar la guardia, durante las noches Winterville era demasiado peligrosa.
Los golpes en la puerta se hacían cada vez más fuertes.
—¿Qué está sucediendo Violet? —masculló Luciane a mis espaldas, pude notar su miedo en su voz.
—Tranquila —traté de calmarla, aunque dentro de mí estaba peor que ella, tenía un mal presentimiento.
—¿Qué se les ofrece caballeros? —habló mi padre, ambas miramos hacia la puerta. Justo en la entrada se encontraban dos hombres de aspecto desagradable, uno de ellos llevaba un sombrero de copa y una gabardina negra mientras que el otro solo vestía una ligera chaqueta color marrón. Ambos estaban completamente mojados debido a la intensa lluvia.
—Estamos buscando a Albert Aldrich —dijo el hombre de chaqueta marrón.
—Niñas, vayan arriba. Rápido —pidió mi madre.
—Vamos Violet —Luciane tomó mi mano y me condujo hacia las escaleras, pero me negaba a dejar a mis padres y a mí hermano solos a merced de esos dos sujetos. Solo dios, sabe sus verdaderas intenciones.
—¿A estas horas? —mi padre alzó ligeramente las cejas fingiendo sorpresa —lo lamento caballeros, pero cualquier asunto que deban tratar con mi hijo deben hacerlo mañana —él estuvo a punto de cerrar la puerta, pero fue impedido esta vez por la mano del hombre del sombrero.
Albert.
No había ninguna señal de él en estos momentos.
—Creo que no entendió bien lo que estoy diciendo viejo. Su hijo me debe dinero y no me iré de aquí hasta que tenga lo que me pertenece o su cabeza, usted elija —dijo mostrando el arma que reposaba en su cintura. La sangre dejó de drenar mi cuerpo, siempre supe que el vicio de Albert por las apuestas traería problemas y ahora mi familia estaba en riesgo.
—Violet —susurró Luciane jalando mi brazo —vamos —pero mis pies no parecían querer moverse.
—Esto es propiedad privada así que largo —Richard salió de su escondite detrás de la puerta y apuntó al hombre con la escopeta.
—Entiendo —él retrocedió con las manos en alto —tranquilo, nos iremos —ambos avanzaron, pero antes de llegar a cerca que indicaba la entrada de nuestra casa, el hombre del sombrero sacó su arma rápidamente y disparó dos veces.
Ambas gritamos de horror al ver a nuestro hermano caer al suelo herido. Richard recibió un disparo en el costado y otro en la pierna.
—¡Richard! —lloró mi madre mientras corría para ver a su hijo. El acompañante de ese ser repugnante tomó la escopeta y ambos entraron a la casa, apuntando a mis padres.
—No quería hacer las cosas de este modo, pero no me dejaron opción —ese monstruo se sentó en el sofá y subió los pies cómodamente sobre la pequeña mesita de madera que adornaban el centro —Connor — llamó al hombre de la chaqueta —búscalo —ese imbécil asintió y comenzó a buscar en toda la casa.
Luciane tomó mi mano y me condujo al interior del armario y colocó una mano sobre mi boca para impedir que hablara; sin embargo, nuestro pequeño escondite duró tan solo unos segundos porque él nos descubrió.
—¡Suéltame! —chillamos ambas debido a su fuerte agarre.
—Jefe miré lo que encontré —Connor nos llevó al tipo que le disparó a Richard como si fuéramos una especie de trofeo. Nos empujó frente a él y no dudó en tomar nuestro rostro entre sus manos, examinándonos.
—Mira nada más, Albert nunca mencionó tener hermanas tan bellas —el hombre sonrió, era una sonrisa siniestra que logró estremecerme —¿lo encontraste?
—No señor.
—¿Dónde está Albert? —Susurró Luciane.
—Seguramente se escondió como la vil rata cobarde que es —comentó. En algo estaba de acuerdo con él y con mucho pesar tenía razón. Albert era un maldito cobarde —bien, sino está aquí tendré que asesinar a su familia, comenzando con su anciano padre —él apuntó justo el corazón de mi padre.
—¡Espere! —Grité interponiéndome entre ellos —le pagaremos sea cual sea la cantidad que debe mi hermano.
—¡Violet! —Pidió mi padre.
—Veo que tienes agallas —él levantó mi barbilla con el arma —¿cuál es tu nombre?
—Violet, señor...
—Stevens, Vince Stevens —inmediatamente reconocí su nombre. Él era uno de los capos más buscados en todo Reino Unido —sabes, nunca he podido resistirme a los deseos de una hermosa dama así que aceptaré tu ofrecimiento.
—¿Cuánto debe mi hermano?
—Cinco mil libras —me quedé sin palabras. Ni vendiendo todos nuestros bienes podríamos ajustar esa cantidad —¿qué pasa Violet? ¿Te comió la lengua el gato?
—Es mucho dinero.
—Me considero un hombre accesible, dispuesto a negociar ¿qué ofreces? —Vince miró a su alrededor —no veo nada de valor aquí a excepción de dos cosas —su mirada se dirigió a Luciane y a mí.
Por favor, eso no.
—¡Maldito bastardo! No te atrevas a tocarlas —dijo Richard con dificultad.
—Connor, encárgate —ordenó, el hombre llamado Connor apuntó nuevamente, pero esta vez a su pecho.
—Hecho —dije sin pensarlo dos veces —mañana a esta misma hora tendrá su dinero o de lo contrario me tendrá a mí, pero no a mí hermana —sonrió nuevamente y pude ver su amarillenta dentadura.
—Las tendré a ambas —susurró cerca de mi cara —vámonos.
Aquellos monstruos se marcharon en la espesa lluvia, perdiéndose en la oscuridad.
—¡Llama al médico! —Dijo la voz gruesa de mi padre.
—Iré por él —Luciane tomó una capa. Alistó uno de nuestros caballos y salió en busca del médico.
[...]
Las horas pasaron lentamente, esta había una de las peores noches de mi vida y más aun sabiendo que la vida de mi hermano estaba en peligro. Llevé una mano a mi boca y mordí mi pulgar con fuerza.
—¿Acaso estás loca? —Reclamó Luciane —negociar con ese tipo ¿de dónde vamos a sacar todo ese dinero?
—¿Y qué querías que hiciera? —Estaba exasperada —iba a matar a Richard y a nuestros padres —Luciane se quedó callada, ella sabía que en el fondo tenía razón.
—Aun así, estamos perdidas —ella se dejó caer sobre su espalda. Ella había perdido la esperanza, pero yo no.
Entonces recordé la pequeña tarjeta de presentación que había en mi habitación.
Sebastian.