—¿Cómo está?
Esa fue la primera frase que salió de mis labios cuando vi a mi madre salir de la habitación de Richard. Su camisón estaba manchado de sangre y su rostro estaba cansado y ojeroso dándole un aspecto tenebroso. No obtuve una respuesta de su parte, solo un audible sollozo.
—El médico dice que la bala perforó uno de sus órganos vitales y que no hay esperanza —mi madre cubrió su rostro con ambas manos para evitar que la viéramos llorar. Inmediatamente Luciane la rodeó con sus brazos tratando de calmarla.
—¿Dónde está Albert? —Preguntó sin dejar de abrazar a nuestra madre.
Albert.
Tan solo escuchar su nombre hacia que la sangre hirviera en mi interior.
—Tu padre fue a buscarlo, parece que está desaparecido.
—Más le vale no regresar —ambas me miraron con desconcierto.
—Violet, es tu hermano —recriminó mi madre.
—Él es un maldito eso es lo que es —las palabras salían de mi boca sin ningún arrepentimiento — Ese estúpido no es mi hermano.
—Violet —dijo nuevamente Luciane.
—¡¿Qué?! —La ira era evidente en cada una de mis expresiones —la vida de Richard está en juego y si él muere será su culpa —no esperé a escuchar más reproches de ambas así que salí de ahí y caminé hacia el pueblo con una sola dirección en mente.
Posada el Edén.
[...]
Una mujer de aspecto amigable me recibió; ella me ofreció una habitación, pero la rechazase.
—Busco a Sebastian Radclyffe Grey —la expresión de la posadera cambió de una amable a una llena de asombro. Nunca pensó que una chica como yo buscaría al hijo del conde Radclyffe Grey.
—Me temo que el joven Sebastian no podrá recibirla —dijo la mujer. —Él no recibe a cualquiera.
—Usted no entiende —mi voz sonaba suplicante —necesito verlo, es un asunto de vida o muerte.
—Lo siento, pero...
—¿Es usted Violet Aldrich? —interrumpió una voz masculina.
El dueño de la voz era un hombre de avanzada edad, su cabello platinado estaba peinado perfectamente y llevaba un bigote que cubría la mayor parte de su boca.
—Sí.
—El amo Sebastian la está esperando —me quedé inmóvil. ¿Cómo era posible que él supiera que estaba aquí? ¿Acaso su ego es tan grande que sabría que vendría? —Sígame —me condujo a la planta alta, la cual estaba completamente vacía. Me resultó extraño no encontrar a nadie más hospedado —al amo Sebastian no le gusta ser importunado —dijo de repente —por eso rentó todo el hostal mientras duraba su estancia, también esa es la razón por la que la posadera le impidió entrar —me quedé sorprendida, era como si hubiese leído mis pensamientos.
Este hombre era bastante extraño.
—Entiendo.
—Hemos llegado —miré la puerta que estaba frente a mí, por un momento analicé la situación y traté de convencerme que era mala idea; sin embargo, sabía que no es así, debía aceptar su oferta o de lo contrario estaría perdida —no tenga miedo señorita, el amo es bueno —asentí. ¿Acaso era tan obvio mi miedo?
—No lo sé —dije en apenas un susurro —presiento que nada bueno saldrá de esto —miré a mi acompañante; sin embargo, tal como hizo Sebastian aquella vez. Había desaparecido.
Respiré profundo y alcé una mano, estaba a punto de tocar cuando recibí un adelante como respuesta. Abrí la puerta y ahí se encontraba él, sentado de manera elegante en una silla de madera, una de sus piernas estaba cruzada mientras leía un extraño libro de pasta azul.
—¿Cómo supiste que era yo? —él cerró el libro y se puso de pie.
—Hablar contigo misma detrás de una puerta no es de mucha ayuda —respondió con elegancia. No pude evitar ruborizarme —debo admitir que no esperaba tu visita, creí que nada te haría cambiar de opinión o ¿me equivoco? —Apreté los dientes, lo que más odiaba era tener que tragarme mis palabras, pero la vida de Luciane y Richard estaban en juego así que tendría que tragarme mi orgullo.
—¿Cómo estás tan seguro que aceptaré tu propuesta? —él sonrió. ¿Acaso nunca dejaba de sonreír?
—Dime, de no ser así ¿por qué vendrías a verme? Dudo que sea para admirar mi belleza una vez más —rodé los ojos. Sí que tenía el ego bastante grande; sin embargo, él sabía lo atractivo que era —todavía recuerdo cómo me mirabas en el baile —mis mejillas se encendieron al verme descubierta.
—Tienes razón, he venido hasta aquí porque necesito de tu ayuda —mis palabras llamaron su atención porque volvió a sentarse cómodamente.
—Te escucho.
—Mi hermano le debe dinero a Vince Stevens —al parecer Sebastian reconoció el nombre; sin embargo, no hizo ningún tipo de expresión —él exige cinco mil libras para esta noche o de lo contrario matará a mi familia y tomará como pago a mi hermana y a mí —la fortaleza de mi voz desapareció dando lugar a un sonido frágil y quebradizo. —Tengo miedo — admití —no por mí sino por mi familia. Vince le disparó a Richard y ahora, mi hermano está debatiéndose entre la vida y la muerte, por eso estoy aquí. Acepto trabajar para ti, pero a cambio sálvalos. Es lo único que pido —una lágrima traicionera resbaló por mi mejilla, la cual fue limpiada por los pulgares de Sebastian.
Sus manos eran ásperas y callosas, evidencia de su habilidad con la espada; sin embargo, su tacto era suave y gentil.
—¿Estás segura? —él quería asegurarse de que no cambiaría de opinión.
—Por mi familia. Lo haré.
De un momento a otro él se encontraba sobre mí, una de sus manos había tomado mi rostro mientras que la otra se aferraba a mi cintura atrayéndome a su cuerpo.
—Escúchame bien Violet —la forma en la que decía mi nombre irradiaba sensualidad —desde ahora has aceptado ser la doncella del vampiro.
Abrí los ojos con sorpresa y un nuevo sentimiento inundó mi cuerpo. Se trataba del miedo.
—Creí que era una broma —repetí sus mismas palabras —eso...es... —mi voz había comenzado a temblar. ¿Cómo era posible? Creí que esas criaturas solo podían existir en las páginas de los libros y no en la realidad.
—¿Imposible? —Finalizó —me temo que es verdad, mi bella dama. Tal vez pienses que los vampiros solo son mitos o leyendas, que no es real; sin embargo, déjame decirte que esas son mentiras de ustedes los humanos para negar la existencia de seres que son superiores —la respiración que emitía era irregular y una extraña sensación recorrió mi espina dorsal —creí que lo encontrarías fascinante dado a que eres amante de Stoker ¿no es así?
—Yo no sé qué decir —mi pecho subía y bajaba con rapidez al tenerle tan cerca, su belleza y su aura oscura me intimidaban, pero a la vez la curiosidad por conocer que había detrás de ese misterioso hombre me inundaba.
—No tengas miedo —dijo con voz ronca mientras sus fríos dedos acariciaban mi mejilla.
—Es una petición un tanto difícil dado a que usted es un vampiro y me tiene acorralada —él se percató de su acción y me liberó de inmediato.
—Mis más sinceras disculpas mi lady —el rubor cubrió mis mejillas ante tal título que no merecía —Pregunta lo que quieras que yo responderé.
—¿Qué implica ser una doncella? —en verdad temía a su respuesta.
—Ser mi doncella implica entregarme tu sangre —y ahí estaba de nuevo, la fría sensación que me producía el miedo —tu cuerpo, tu corazón y tu lealtad, debes entregarme todo de ti y satisfacer todos mis deseos.
—¿Por qué querría una doncella?
—Para poder vivir necesitamos sangre humana —explicó —sin embargo, no es mi estilo ir ciudad por ciudad masacrando gente inocente. Así que usualmente nosotros conseguimos doncellas como es mi caso o caballeros en caso de las vampiresas. Pero para ser mi doncella debes desearlo.
—¿A qué te refieres?
—No puedes ser mi doncella a menos que tú lo desees —repitió de nuevo —así que a pesar de que usualmente no desistimos cuando hemos encontrado a una doncella. Yo te daré una oportunidad —lo miré sorprendida —así que te lo preguntaré de nuevo ¿deseas ser mi doncella? Puedes irte ahora o quedarte, pero una vez que tengas mi marca ya no habrá salida.
Silencio.
Esa fue mi respuesta, él me estaba dando la oportunidad de desistir.
—Si te quedas a mi lado tendrás lo que desees.
—¿Incluso la inmortalidad? —Su semblante serio mostró interés.
—Incluso la inmortalidad —repitió.
—Acepto.
—El trato está hecho.
Sebastian tomó mi mano y me sentó en sus piernas, provocando que los latidos de mi corazón se acelerasen. Su cercanía me ponía nerviosa y admirar su belleza desde cerca me estremecía aún más; Sebastian retiró mi espeso cabello oscuro dejando a la vista mi pálido cuello. Sentí sus fríos labios rozar mi piel y antes de que pudiera reaccionar dos agujas se clavaron en mí provocando que un grito saliera de mi garganta.
Era como si una parte de mi alma estuviera siendo consumida, la fuerza abandonaba mi cuerpo y mis ojos comenzaban a pesar. Estaba a unos cuantos segundos de desfallecer; sin embargo, de lo único que era consciente era de una cosa.
Me había convertido en la doncella del vampiro.