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1768 Words
Desperté sobre la cama del hostal y me levanté de golpe al recordar dónde me encontraba; tenía la esperanza de que se tratara de un sueño o tal vez una pesadilla; sin embargo, aquí estaba. Sentada sobre una cama junto a un desconocido y, por si fuera poco, él era un vampiro. Traté de levantarme, pero un dolor invadió mi cabeza haciendo que volviera a la cama. —¿Qué me pasa? —Aún no podía comprender lo que me sucedía. —No te levantes —pidió, aunque la ferocidad de su voz la hacía sonar más una orden que una petición —he bebido una cantidad considerable de tu sangre. —¿Qué tan considerable? —Me atreví a preguntar. —Lo suficiente para dejarte inconsciente, eso es lo único que debes saber —respondió sin más. A pesar de que llevaba solo dos días de conocer a Sebastian sabía que él no era de dar explicaciones y sabía que ahora en adelante nuestra relación sería así. Él me ofreció una taza de té y no dudé en aceptarla, envolví mis manos alrededor de la taza dejando que su calor calentara mis manos. Sebastian me miraba expectante cada uno de mis movimientos y mis expresiones como si tratara de averiguar cada uno de mis pensamientos; podía sentir su penetrante mirada sobre mí; sin embargo, no me atrevía a mirarlo a los ojos y mucho menos después de lo acontecido. La inigualable belleza de Sebastian simplemente me cohibía. —¿Qué hora es? —Pregunté en cuanto me percaté de que el cielo no estaba teñido con la luz del sol. —Pasa un rato desde el crepúsculo —me levanté de golpe ignorando el terrible dolor de cabeza que me acogía. —Debemos irnos —estaba ansiosa y Sebastian lo había notado. Se me acababa el tiempo. —George —llamó. Lo miré desconcertada, no había nadie más en esa habitación más que nosotros. —Amo Sebastian —di un respingo en cuanto escuché la voz de George a mis espaldas. Se trataba de aquel amable hombre que me había traído hasta aquí. —Prepara el carruaje —ordenó. George asintió y así como llegó desapareció. —George también es ¿un vampiro? —Sin embargo, no obtuve respuesta por parte de Sebastian, él simplemente me ignoró. Rebuscó dentro de un cajón y sacó un pequeño cofre de madera que no dudó en ofrecerme. —¿Qué es? —Ábrelo. Y así lo hice. Dentro de aquél cofre de madera, sobre un cojín color carmín descansaba un medallón rodeado por un cordel de plata y en su centro un zafiro del tamaño de una moneda. —¿Qué es esto? —Pregunté aún con aquella joya sobre mis dedos. —Esto simboliza que ahora estás bajo la custodia de la familia Radclyffe Grey —sus dedos rozaron mi cuello provocando que mi piel se erizara ante su roce. —No soy tu mascota, Sebastian —la forma en la que le había hablado no era la correcta; sin embargo, no me agradaba la idea de que él me tratara como a una mascota que debía serle fiel y seguirlo a todos lados. —Cuando aceptaste ser mi doncella, también aceptaste a entregarme tu vida así que desde ahora vendrás conmigo hasta el mismo infierno si es necesario —abrí mis ojos con sorpresa y nuevamente el miedo apareció en mi sistema. Sebastian sonrió al percatarse del efecto que habían causado sus palabras —soy inmortal Violet, así que no temas porque no moriré. Al menos no por ahora. Fruncí mis labios. —Vamos. [...] El alivio me invadió cuando comprobé que mi familia estaba a salvo en cuanto llegué a casa, faltaban solo unos minutos para que Vince llegara a cobrar la deuda de Albert quien seguía sin aparecer. —Violet —mi madre me abrazó en cuanto crucé la puerta —temíamos que ese hombre te había secuestrado. —Estoy bien mamá —traté de tranquilizarla, sus lágrimas cesaron cuando se percató de que no estaba sola. Sus ojos se encontraban sobre Sebastian. —Lord Sebastian —dijo mi madre haciendo una reverencia, mi madre me miró pidiendo una explicación la cual no tenía en esos momentos. —Señora Aldrich —él hizo un ligero asentimiento con la cabeza. —Pero ¿qué hace usted aquí? —Sebastian entre abrió los labios para responder cuando Luciane salió de la habitación de Richard llorando. —¡Está muriendo! ¡Mamá! ¡Richard está muriendo! —Solo bastaron esas palabras para que mi madre y yo subiéramos a toda prisa a su habitación. —Richard —suplicó mamá mientras acariciaba los cabellos castaños de mi hermano. Él estaba totalmente pálido y respiraba con dificultad, no se tenía que ser un médico para saber que ya no había nada que hacer. —Salgan de aquí —la imponente voz de Sebastian logró detener el llanto de mi madre. —¡Ahora! —así lo hicieron, Luciane y mi madre salieron inmediatamente dejándome sola con Sebastian —tu collar —pidió, me deshice de la gema que él me había dado hace unas horas. Cuando la tuvo en sus manos la colocó sobre el cuerpo inerte de Richard. —¿Qué haces? —Pregunté cuando vi que comenzaba a recitar unas extrañas palabras. —Le salvo la vida —él no me miró en ningún momento, solo mantuvo el collar sobre Richard y cuando Sebastian dejó de recitar aquellas palabras del medallón desprendió una ligera luz. La pálida piel de Richard volvió a tener aquel tono bronceado que lo caracteriza y su respiración poco a poco se volvió más tranquila y las heridas de su costado y pierna comenzaron a cerrarse como por arte de magia. Sebastian había salvado a mi hermano. —¿Qué fue eso? —Sebastian me extendió el collar de nuevo. —Este collar es mágico. El vampirismo está vinculado con la magia así que, como criaturas de la noche, tenemos ciertas habilidades como lo es el uso de la magia negra —Sebastian acomodó su camisa, pero antes de que él saliera de la habitación sostuve su mano con fuerza. —Gracias —mis palabras irradiaban el más sincero agradecimiento. Sebastian acarició mi mejilla con sus pulgares. —No tienes nada que agradecer mi bella dama. [...] Sebastian inventó una excusa bastante creíble para justificar la milagrosa recuperación de Richard, mis padres estaban al borde del llanto, no sabían cómo agradecerle. Si tan solo supieran que el pago por la salud de Richard y la deuda que estaba a punto de saldar la pagaría con mi sangre, porque era obvio que Sebastian no me habría ayudado de no ser porque soy su doncella. Los galopes de los caballos nos alertaron. Ellos estaban aquí. —No temas —susurró Sebastian —no dejaré que te hagan daño. —No sé la razón, pero sus palabras me hacían sentir segura. —Lord Sebastian ¿qué está haciendo? —Mi padre lucía alarmado cuando vio como Sebastian se dirigía a la puerta. —Señor Aldrich, permítame negociar con esos hombres —dijo con voz demandante. —No puedo dejar que lo haga —Sebastian le lanzó una mirada desaprobatoria haciendo que mi padre enmudeciera. —Será un placer señor Aldrich —esas últimas palabras fueron dirigidas a mi padre, pero los ojos de Sebastian estaban sobre mí. Justo frente a nuestra casa dos figuras masculinas descendieron de dos caballos. Vince y Connor venían a cobrar la deuda de Albert; una sonrisa retorcida se formó en los labios del primero al verme, me sentía asqueada por la forma en la que me miraba. —He venido por ti, querida —las náuseas llenaron mi estómago —andando, sé que lo vas a disfrutar —su lengua rozó su labio inferior, era repugnante y más sus lascivas palabras dirigidas a mi persona. —Me temo que la señorita no irá a ninguna parte —Sebastian se colocó frente a mí para protegerme. Vince soltó una carcajada. —Mira catrín de quinta, sino quieres que acabe contigo como hice con el hermano de esta preciosura será mejor que te apartes —Sebastian no se inmutó, su postura se volvió más firme y amenazante. —George —llamó, el mencionado se acercó a Sebastian con lo que parecía ser un pequeño cofre de madera. Sebastian lo dejó caer a los pies de Vince, el cofre se abrió revelando una enorme cantidad de dinero. —Diez mil libras —miré a Sebastian desconcertada. Eso era más dinero de lo que Albert debía —cinco mil para saldar la deuda de Albert Aldrich y cinco mil más para que se larguen —Vince hizo un ademán con la cabeza indicándole a Connor que tome el dinero y así lo hizo. —Está bien, pero no me conformo con eso —y como lo hizo la primera vez sacó el arma y disparó justo en abdomen de Sebastian. Él toco su herida la cual no dejaba de sangrar; sin embargo, no había ninguna señal de dolor en su rostro, solo diversión. Esa expresión me hizo estremecer al igual que a Vince. —Mala idea —y en un abrir y cerrar de ojos, Sebastian se encontraba frente a Vince sosteniéndolo del cuello a más de medio metro del suelo —pudiste haberte largado, pero ahora pagarás con tu miserable vida. Connor tomó su arma y disparó nuevamente; sin embargo, las balas no parecían tocar a Sebastian. Él alzó la mano y provocó Connor volara por los aires, cayendo lejos de ellos. Sebastian me dirigió una rápida mirada, estoy segura que mi rostro reflejaba miedo. —Cierra los ojos. ¡Ahora! —Su voz demandante me hizo obedecer de inmediato. —¿Qué eres? —dijo Vince con dificultad. —Un vampiro. Seguido de eso solo pude escuchar los gritos desgarradores de Vince y después. Solo silencio. —Violet —no pude evitar apartarme cuando sus manos me tocaron. Estaba asustada, no de su naturaleza sino de él, la forma en que sus ojos se tiñeron del color de la sangre eran como si fueran los ojos del demonio. —No te acerques. —No te haré daño —Sebastian extendió su mano y por alguna razón creí en sus palabras, así que tomé su mano. Él me envolvió en su pecho impidiendo que mirara hacia el frente.—Jamás lo haría —Sebastian me sostuvo entre sus brazos y antes de entrar miró una vez más a George. —Encárgate —entonces me condujo dentro.
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