Me miré en el espejo y un sentimiento de nostalgia acogió mi corazón, hace unas semanas un zafiro adornaba mi cuello, pero ahora, había sido cambiado por un rubí que adornaba mi dedo anular. Fue era la única manera, era la única forma de salvarme por eso ahora soy la prometida de Claus. —Espero que no sea un hábito tuyo estar en peligro constantemente —di un respingo al encontrarme con él y como era de esperarse, su reflejo no se encontraba en el espejo. —Por tercera vez te debo la vida. —Me levanté del pequeño silloncito en el que acostumbraba a sentarme cada vez que cepillaba mi cabello. —Gracias. —Dije con amabilidad. —Siempre será un placer mi lady —Claus tomó mi mano y besó mi dorso. —Esa joya jamás se había visto tan hermosa. —Instintivamente miré el rubí que rodeaba mi dedo.

