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1651 Words
Cuando sus ojos se encontraron con los míos, todo a nuestro alrededor pareció desaparecer, y cuando supe que él me miraba, mi corazón se detuvo. Jamás en mi vida vi a un hombre tan hermoso como él, su rostro parecía haber sido tallado por los mismos dioses, su cabello cenizo estaba peinado perfectamente y sus ojos, dios, eran tan azules y profundos como el mismo océano. —Es un placer tenerlos aquí esta noche —la voz del alcalde Parker interrumpió nuestra conexión —pero no los entretendré con un aburrido discurso, hoy me complace darle la bienvenida, en representación de su padre, a lord Sebastian Radclyffe Grey —algunos aplausos resonaron por todo el salón. Aquél apuesto caballero se colocó junto al alcalde y tomó la palabra. —Me complace estar aquí esta noche, hoy celebramos un año más de abundante cosecha y estoy honrado de formar parte de esta celebración —él tomó una copa de lo que parecía ser champagne y la alzó hacia arriba. —¡Por un año más de cosechas! —¡Por un año más de cosechas! —dijeron todos. El alcalde hizo una señal y la música comenzó a sonar de nuevo iniciando un nuevo baile, la presencia del hijo del conde me había dejado sin palabras y al parecer, no solo a mí ya que las demás jóvenes no dejaban de mirarlo. Su presencia resaltaba entre todos los presentes. —Parece que lord Sebastian ha cautivado a todas las doncellas del pueblo —dijo nuestra madre uniéndose a nosotras.  —Así parece —respondí sin despegar la mirada de aquel bello joven que se encontraba del otro lado del salón. —Pero si son las chicas Aldrich —la chillona voz de la señora Parker se unió a nuestra conversación, rompiendo así la pequeña conexión entre el hijo del conde y yo. —¿Han visto lo gallardo que es el hijo del conde? —Solo fue un instante en que dejé de mirarlo, pero cuando volví a mirar el mismo punto del salón él ya no se encontraba ahí. —Evidentemente eso es de lo que todo el mundo habla —comentó mi madre. —Estoy segura que mi Mary será la primera el bailar con él —aseguró la señora Parker. —No podría asegurar eso señora Parker —la voz de Luciane se hizo presente en la conversación, decidí ignorar su charla y buscar a ese hombre misterioso, pero no había señales de él por ninguna parte. —Ya que lord Sebastian no ha dejado de mirar a mi hermana Violet —la señora Parker estaba a punto de decir algo cuando una gruesa voz me hizo estremecer. —Buenas noches —saludó haciendo una reverencia, mi madre, al igual que nosotras imitamos su acción. —Mi nombre es Sebastian Radclyffe Grey —se presentó. —Soy Ana Aldrich —se presentó mi madre —y ellas son mis hijas Luciane y Violet. —Un placer conocerlas —él besó la mano de mi hermana, pero cuando se acercó a mí, sus intensos orbes azules se clavaron en mi persona como si quisiera examinarme a detalle —es un placer mi lady —él tomó mi mano y depositó un beso en el dorso provocando un notable sonrojo de mi parte. —El placer es mío, milord, pero me temo que se equivoca, yo no soy una lady. —¿No? Permíteme contradecirla, pero su belleza no la puede poseer cualquier mujer —mi corazón dio un respingo ante tal elogio. —Mylord encantada de conocerlo, soy Jane Parker y ella es mi hija Mary —dijo atrayendo a su hija la conversación —¿acaso no es una mujer preciosa? Tal vez debería invitarla a bailar. —¡Mamá! —exclamó Mary. —Lord Sebastian, mi hija es una de las mujeres más codiciadas, no puede desaprovechar esta oportunidad o cualquier hombre podría mostrar interés en ella. —¡Madre! —Reclamó Mary apenada por la actitud de su madre. —Tiene razón señora —dijo Sebastian con una elegante sonrisa —su hija es una mujer hermosa, así que será mejor no quitarle la oportunidad a un candidato que en verdad esté interesado. Así déjeme darle un consejo, no ofrezca a su hija como si de ganado se tratara —el rostro de la señora Parker enrojeció gracias a la ira, madre e hija salieron rápidamente de ahí —señorita Aldrich sino tiene ningún compromiso ¿me concedería la siguiente pieza? —Mi corazón dio un vuelco ante su petición. —Me encantaría lord Sebastian, pero supongo que Mary sería mejor pareja de baile que yo —respondí. —No lo dudo; sin embargo, se lo he pedido a usted —insistió. —Yo...la verdad es que yo... —las miradas de mi madre y mi hermana, tanto como la de las Parker estaban sobre mí. —Le encantaría —respondió Luciane por mí. —Entonces hasta que comience la próxima pieza ¿podría hacerle compañía? —nuevamente la sangre cubrió mis mejillas, así que solo me limité a asentir. —¿Qué le parece Winterville, lord Radclyffe Grey? —pregunté mientras caminábamos por el gran salón. —Por favor llámeme Sebastian —pidió —debo decir que es un lugar interesante —respondió con simpleza. —¿Interesante? — Debía ser una broma para que él pensara de esa forma cuando Winterville estaba lejos de ser interesante. —¿No piensa igual señorita Aldrich? —No pretendo tener la misma franqueza que milord; sin embargo, la fascinación que encuentra por este lugar es debido a que proviene de una gran ciudad, pero con el tiempo me atrevo a decir que la vida rural lo hará caer en la rutina más monótona y dedicarse a sus tierras lo encontrará aburrido e insignificante — mi punto de opinión pareció causarle gracia. —Perece que conoce muy bien a la gente citadina señorita Aldrich —miré al hijo del conde, su nariz era angulosa y su mandíbula parecía ser fuerte —sin embargo, a pesar de su interesante punto de vista una vida lejos de Londres no me es del todo indiferente. —¿Cómo puede decir eso? —Mi pregunta lo tomó por sorpresa, pero yo difería con esa decisión —¿quién cambaría la vida emocionante de la ciudad por una vida aburrida en el campo? —Así que ¿la ciudad te parece emocionante? —asentí. —Creo que la vida en la ciudad está llena de aventuras y de gente interesante —solté un bufido —en cambio aquí, lo único interesante que ha sucedido son aquellos asesinatos que ocurrieron años atrás. —No creí que una señorita como usted estaría enterada de semejantes acontecimientos —alcé los hombros restándole importancia. —Este lugar es mi hogar, lord Sebastian y me es imposible ignorar lo que una vez sucedió —confesé, si hay algo que me importaba era mi gente y mi familia. —Es usted diferente a las demás, señorita Aldrich. —¿A qué se refiere? —Seamos sinceros, todos aquí saben que el único motivo de este baile es para las doncellas casaderas consigan un esposo y desde que inició la noche, varias mujeres se han acercado a mí con la única finalidad de ser cortejadas —confesó —sin embargo, ninguna mujer de este salón puede compararse con usted. Señorita Aldrich, usted es una mujer altruista y no hay nada más admirable que eso. —Desde muy joven me ha gustado leer y eso me bastó para mostrarle el mundo a una chica que vive en un lugar ajeno a la realidad —comencé a relatar ganándome la atención de aquel apuesto caballero —aquellas historias me hicieron desear conocer el mundo desde una perspectiva diferente. —Es usted una mujer inteligente y en tan solo unos minutos se ha ganado mi respeto y admiración — él además de ser un hombre increíblemente apuesto era todo un caballero —usted me ha dicho que le gusta leer ¿cuál es su género preferido? —mordí mi labio inferior, la respuesta era sumamente obvia. —Me gusta todo en realidad, pero mi temática favorita es lo sobrenatural —la emoción erizó los vellos de mi nuca —especialmente los vampiros —Sebastian dejó de caminar y se detuvo en seco. —¿Vampiros? —La incredibilidad era evidente en sus bellas facciones —no creí que a una dama como usted le llamara la atención esa clase de literatura. —¿Acaso insinúa que por ser una mujer joven no puedo saber sobre el tema? —No quise ofenderla mi bella dama —se disculpó —lo que quise decir es que usualmente las jóvenes suelen leer historias románticas en dónde hay un felices para siempre. —Podré ser joven lord Sebastian, pero soy consciente de que el felices para siempre solo está en los libros —una sonrisa llena de satisfacción adornó sus labios. —¿Le gustaría tomar un poco de aire señorita Aldrich? —Él me ofreció su mano. —Me encantaría —mis brazos se balanceaban de un lado a otro, solía tener el hábito de caminar de esta manera, me agradaba la sensación que me producía. —Sabe, al igual que usted. Me considero un fanático de las mismas criaturas —lo miré llena de administración, no creí que él compartiera el mismo interés que yo —se dice que esas criaturas surgieron hace miles de años. Condenados a vivir en la oscuridad y a ser asesinos, con cada vida que arrebatan una parte de su humanidad muere —sus palabras eran tan profundas que me hicieron percibir la agonía que había en ellas. —¿Cómo sabes eso? —mi voz era apenas un susurro. —Porque tienes que saber que yo soy un vampiro. 
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