Cuando finalicé de leer aquellas líneas sonreí. Esas fervientes palabras por parte de hijo del conde Radclyffe Grey me hicieron sentir la mujer más feliz del planeta. Sé que sentir estos intensos deseos por alguien que apenas conozco hacia unas semanas no eran del todo correctos; sin embargo, no podía frenar a mi corazón cuando se trataba de Sebastian. Él era un joven atractivo, con aquella altura que alcanzaba casi el metro noventa, aquellas piernas que resaltaban con cualquier traje que se adhería a la perfección, su rostro que parecía ser tallado por los mismos dioses. Ese rostro que desbordaba belleza y misterio con una sola mirada; sus labios. Sentí mi boca vibrar al recordar sus carnosos labios que encendían en mí la más potente lujuria y deseo que jamás imaginé sentir por alguie

