A la mañana siguiente me sentía incapaz de dejar mi habitación debido al constante mareo que me acogía gracias a que la noche anterior me mantuve en vela, no me atreví a dormir ni siquiera a cerrar los ojos por temor a que ella apareciera de nuevo. Esa noche en la bañera ella me dejó en claro que yo era una intrusa y tenía un solo objetivo. Matarme. —Con permiso mi lady —Ana entró a mi habitación con una bandeja con lo que parecía ser mi desayuno o mi almuerzo ya que la verdad había perdido la noción del tiempo. —Ya pasa más de medio día y usted no ha comido nada. —Ana no te preocupes por mí —dije con mi mejor sonrisa. —Estoy bien. —El amo Sebastian fue muy claro que debíamos cuidar de usted en su ausencia, él se enfurecería mucho con nosotras si la ve en este estado —mentiría si dijer

