Sebastian: Es de madrugada. La aurora no ha tocado ni siquiera las colinas, el ruiseñor no ha elevado su canto y aunque todavía me encuentro sumida en las penumbras de la noche, eso no impide que mis pensamientos siempre estén en tu recuerdo. Me he sorprendido diversas ocasiones pensando en ti. Ni siquiera la oscuridad puede opacar el destello de tus ojos; tu recuerdo brilla con más intensidad desde tu ausencia. Han pasados dos semanas desde aquella silenciosa despedida ¿dónde estás? Desapareciste sin ni siquiera decir una palabra, tan solo dejaste una rosa justificando tu ausencia. Aquella rosa que conservo con la esperanza de tu regreso. Pero... ¿quién soy yo para decirte estas palabras sino soy más que una simple mujer que está bajo tu protección? Me duele tanto pensar en ello, per

