El crujir de las hojas resonaba por todas partes, los acompañaban la luz de la luna que se traspasaba por las ramas de los Cholees, dio un paso por ese camino, pero el ulular de un búho los hizo voltear a los dos. —No es nada, fue un animal— le hablo Mateo antes de continuar. —Eso lo sé, pero me aseguraba que no hubiera nadie más o que nos estuvieran siguiendo. —¿Miedo? —Por favor— soltó una risa Espes, pero cuando escucho que una rama se rompió no dudo un segundo en acercarse a su compañero y dejar su mano sobre la empuñadura de su espada. —¿Segura? — soltó una carcajada el chico, pero ella le tapó la boca. —¡Shhhh! Nos van a escuchar— se acercó al oído —Y no tengo miedo— Mateo levanto la rama que había roto antes y levanto su ceja —Sabía que habías sido tú— le pego en el estómago y

