—Iba a buscarte— le dijo a la diosa —Pensé que estabas en problemas. —Que linda, pero todo está bien. Cuando vio que Mateo entraba desvío la mirada al igual que él, volvió a sentir un hueco vacío y más cuando vio que Amelia estaba a escaso unos metros de donde estaba. —¿Estás bien? — preguntó Fortuna. —No— agachó su mirada la diosa de pelo azul —Acabo de recordar algo. Mateo volteó a verla y tragó saliva —¿Qué ocurre? —A ti no te hablo, eres un desconsiderado. —No tienes que recordar nada, duerme un rato. —Es importante— comenzó a llorar —Tengo que decírtelo— voló hasta donde estaba Mateo, este retrocedió en automático hasta topar con pared —Es algo que vi ayer. —Perdón— dijo el mortal al tenerla tan cerca. —Salí anoche y di una vuelta en la cabaña, vi los árboles y entonces. —

