Corría con todas fuerzas, le dolía cada fibra de su cuerpo, pero no podía detenerse sabía que muchas cosas dependían de su velocidad y ahorita no era momento de descansar. Giraba a la izquierda y luego a la derecha los corredores eran estrechos y se veían todos iguales, freno en seco cuando sintió que estaba regresando, el laberinto lo tenía confundido y su preocupación por Alida iba en aumento. —¿Derecha o izquierda? — dudo Mateo hasta que vio un esqueleto que parecía burlarse y señalaba a la izquierda —Dorian— murmuro con rencor el nombre — No es el momento de jugar. Su andar torpe lo retrasaba, aunque eso no evitaba que sus ganas de continuar se esfumaran, llego a un último corredor y una luz al fondo comenzó a cegarlo, se tapó la cara con su antebrazo y fue más deprisa al sentir que

