Mateo comenzó a moverse, mientras que la moneda de Fortuna seguía girando encima de él mientras era cubierto por un extraño polvo dorado, abrió los ojos y se encontró con los ojos morados de Alida que lo estaban viendo de cerca. —¡Despertó! — gritó ella. —Te ves...— la tomo por la mejilla mientras sonreía —¿Estoy soñando? —No— Se asomó Fortuna para verlo —¿Interrumpo? — le sonrió mientras veía como se sonrojaba y se apartaba. —¡No! — gritó desde su espacio, pero no le duro el coraje porque aferro a su cuerpo su brazo lastimado —¿Estas bien? — le preguntó a la diosa. —Sí— asintió ella, pero le bastó verle el brazo para ver que tenía un moretón. —Cuando lo vea...— apretó sus dientes, volteo alrededor —¿Y Teseo? —¿Quién? — preguntó Fortuna. —¿Él tipo que entro contigo? — preguntó Tez

