24

2063 Words

CAPÍTULO 24 —Mel, mel, respira, mujer —intenta calmarme Alex mientras lloro desbocadamente. Es que no puedo respirar del dolor en el pecho. El dolor que me atrapa es suficiente para dejarme inmóvil en su auto sobre pensando porqué tuve que haber sido tan obtusa. ¿Por qué no pude creer en Bastián cuando no sólo lo dijo, si no, que lo demostró? —Venga, ya hemos llegado a casa. Vamos a llevarte arriba —me dice con amabilidad, y no sé en qué momento ha aparcado en el estacionamiento. Hemos llegado a mi hogar y ahora todo lo que tengo son los recuerdos de cuando éramos felices y yo no lo sabía. Alex, como si yo no estuviese en mis facultades me lleva con su brazo enganchado en mi cintura hasta el elevador. Allí reina el silencio y puedo ver en mi reflejo los bordes manchados de mi máscara

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