CAPÍTULO 26 Diviso la camioneta blanca afuera así que me despido de Margot, que me recuerda que en amor y en la guerra todo se vale por segunda vez, despidiéndose de mí con dos sonoros besos. —Que le vaya muy bien, espero que compre aquí su lencería de bodas. —Dice, sinceramente, con más esperanzas y probabilidades que tengo de casarme… Me rio y salgo de la tienda para adentrarme al vehículo de mi amiga, que me recibe con otro beso. —¿Cómo estás? —Le pregunto. —Ahora mismo, confundida. Mel, hermana… sabes que jamás me ha gustado meterme entre Bastian y tú a menos que sea algún chisme, lo acepto. Está vez si fue serio, es lo único que se y a decir verdad, quiero saber. ¿Sabes tu que si quiero? —¿Qué? —Le pregunto. —Pues que lo arreglen, mujer. Ustedes dos se merecen ser felices —exp

